Cómo fomentar la autoestima en los niños

Un niño o niña con autoestima es un niño o niña con autoconfianza, capaz de tomar decisiones, capaz de buscar su propia felicidad. Fomentar la autoestima en los más pequeños hará que sean adultos más completos, más capaces de dirigir su vida hacia donde ellos realmente quieran.

Por supuesto no es algo matemático, aunque los padres y madres nos esforcemos por hacerlo, la sociedad, los compañeros, los amigos, las experiencias que el niño o niña vaya teniendo a lo largo de su vida irán conformando también su personalidad. Pero si parte de la base de una buena autoestima desde casa, tendrá las cosas más fáciles para que su vida sea más parecida a lo que él o ella desea.

Aprender a quererse

No es fácil. Nadie ha dicho que lo sea. Partiendo de la base de que, en la mayoría de las ocasiones, la autoestima de padres y madres no es la más alta del mundo, es difícil no contagiar esa “auto-negatividad” a nuestros hijos.

Quererse no es fácil, no hay peor crítico que uno mismo consigo mismo. Solemos hacernos críticas a nosotros mismos que ni se nos ocurrría hacer a nuestro peor enemigo. Nos insultamos, nos menospreciamos, decidimos que nuestros esfuerzos nunca son suficientes, que siempre podríamos hacer más. Todo esto hace que nuestra autoestima cada vez esté menos desarrollada: imagináos tener a alguien al lado, todo el día, que os fuera diciendo: “eres tonto/a”, “todo el día pierdes el tiempo”, “no haces nada bien”, “todo te sale mal”, “todos son más listos que tu”, “tu cuerpo es feo”, “mira tu barriga cervecera”, y toda una larga lista de lindezas que nos dedicamos a nosotros mismos.

Hay algunos trucos que padres y madres podemos ir incorporando a nuestro día a día que no solo van a servir para fomentar la sana autoestima en nuestros hijos, sino también para aprender juntos a crecer como personas.

Anímale a arriesgarse

El hombre es un animal de costumbres y rutinas. Cuando algo nos está bien es difícil que nos movamos a cambiarlo si no es que existe una motivación fuerte detrás. Y eso está bien, nuestra vida puede ser perfectamente tranquila así.

Pero es importante que los niños se arriesguen a probar cosas para poder decidir, en base a sus propias experiencias si aquello les gusta o no. Un niño es un científico experimental, necesita probar y comprobar las cosas para que pueda aprenderlas por si mismo. Así que anímale a arriesgarse.

Haz que pruebe todo tipo de comidas, independientemente de si a ti te gustan o no, anímale a que se relacione con otros niños (por ejemplo apuntándolo a alguna actividad extraescolar o a un grupo scout) o a que se arriesgue con el monopatín (siempre dentro de los límites razonables, claro).

Probar cosas nuevas enriquece la mente y le da al niño o niña una sensación de que es realmente él o ella el que decide qué es lo que le gusta o no. Y sobretodo no le “salves”. Es normal que al principio de una nueva actividad el pequeño se frustre, no le salga bien y tenga la tentación de dejarlo. No caigas en el error del “ya te lo hago yo”, no intervengas. Deja que se arriesgue, se caiga y se levante. Que aprenda que él es el encargado.

Deja que cometa errores

Escena típica:

el niño o la niña está intentando montar una torre con piezas de construcción de juguete. Los padres ven claro que lo está haciendo mal y que en breve la torre caerá porque no tiene estabilidad. Entonces se acercan y le dicen: “eso así no es, mira, te enseño cómo hacerlo”.

Y esto, que nos sale de forma automática a los padres y madres del mundo, en realidad, no le hace ningún favor al niño o niña. Deja que se equivoque, que se le caiga la torre. Deja que experimente la sensación de rabia que produce haber hecho un trabajo y que se caiga. Anímale a que vuelva a intentarlo, que no se rinda. Cada vez lo hará mejor y aprenderá cuál es la manera más óptima de crear lo que él o ella quiere.

Demuéstrale que tu también cometes errores. Reconoce tus errores delante de tu hijo o hija, que entienda que no es sólo él o ella el que se equivoca, que todos cometemos errores y que eso es, precisamente, lo que nos hace intentar con más ahínco seguir adelante.

Practica el refuerzo positivo

No le señales sólo lo que está mal. Seguro que tu hijo hace mil cosas bien hechas a lo largo del día. Es importante que les des importancia y que se las remarques. Un beso después de que recoja sus juguetes, unas palabras de agradecimiento cuando haya puesto los cubiertos en la mesa o un “lo has hecho muy bien” después de que haga sus deberes.

También es importante que vea que nos sentimos orgullosos de ellos delante de los demás, cuando llegue nuestra pareja a casa podemos decir algo así como “¡hoy Marta ha recogido todos sus juguetes sin rechistar!”, de manera que ella vea que hacer las cosas tiene su premio. Y este premio, como hemos visto, no tiene que ser una cosa física. Una sonrisa, un beso o una caricia de papá o mamá pueden ser tan o más valiosos que un juguete nuevo.

Presta atención a lo que te explica

En su pequeño mundo, que Pablito le haya quitado la pelota mientras jugaban, puede ser un drama al nivel de las mejores telenovelas. Por supuesto, para los padres eso nos parece completamente insustancial, pero debemos ponernos en el lugar del pequeño o pequeña y entender su frustración.

Nuestro deber es animarlo y darle a las cosas que nos explica toda su atención, de esta manera le estaremos enseñando que su vida es importante y que sus sentimientos deben ser tenidos en cuenta.

No lo compares con los demás

Tu hijo no es el hijo de otros. No es otros niños de la clase. No es su hermana. Tu hijo es único, y le debe quedar claro a él y a ti. No lo compares, no caigas en el error de frases como “fíjate, tu hermana a tu edad sacaba todo 10 en el colegio” o “mira a Pablito, él no llora y también se ha hecho daño”.

Tu hijo es especial, único. Trátalo como tal, de lo contrario estarás contribuyendo a que empiece a ser él mismo el que se compare con los demás en cada pequeña cosa que haga. Y eso es terreno abonado para una falta de autoestima.

Dale a la autoestima toda la importancia que merece

Tener autoestima es importante, como ya hemos dicho antes. Y los padres y madres tenemos un sexto sentido que nos hace entender mejor a nuestros hijos de lo que seremos capaces de entendernos a nosotros mismos.

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Fuente: Siqua

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