Los Hijos y los Límites

Los hijos, desde temprana edad, necesitan límites, porque en la adolescencia, si no han conocido límites ni valores éticos, la omnipotencia propia de esa edad puede arruinar sus vidas y exponerlos a situaciones peligrosas.

No se trata de que los padres impongan disciplina mediante castigos, sino de enseñarles con el ejemplo, haciendo lo mismo que predican.

Los hijos tienen que saber el verdadero significado de la libertad, que no es hacer lo que quieran sino que es la posibilidad de elegir con responsabilidad.

Tienen que conocer los valores morales, tener modelos de vínculos sociales y saber que la vida tiene un sentido más profundo, más allá del parecer y el tener.

Los hijos adolescentes tienen que ser respetados como son, estimulados en sus logros y reconocidos en sus méritos y sus padres deben asumir su rol con firmeza, poner las reglas y hacerlas cumplir.

Asumir el rol no significa ser amigo del hijo, sino nada más que su padre, su guía, su protector y su apoyo; siendo su principal función fijar los límites

Educación significa transmisión de conocimientos, actitudes y valores; pero más que palabras lo que aprenden los hijos es cómo se comportan sus padres, cómo se relacionan, cómo se conectan con la realidad, con sus amigos y clientes; y si respetan su código ético; porque es de la vida que hacen los padres de donde aprenden los hijos, no de sus sermones o consejos.

Educar es enseñar a los hijos que en una sociedad no se puede hacer cualquier cosa, porque el derecho de uno termina donde comienza el de los demás; que es necesario tener sentido de las prioridades; que antes de actuar hay que reflexionar; que todos tenemos derechos y obligaciones, que la realización en la vida depende en gran parte de nuestra conducta y que la libertad es para elegir con responsabilidad lo que está de acuerdo con las propias necesidades, que todos tenemos que aprender a conocer y valorar.

Una ley inquebrantable de la vida es que cada acción tiene su consecuencia y ser responsable es hacerse cargo de ella.

Tener hijos adolescentes exige a los padres atención, ser firme pero flexible al mismo tiempo, tener sensatez y sentido común, paciencia, tolerancia y comprensión; una catarata de virtudes que sólo se pueden implementar cuando los une el amor.

Los adolescentes cuestionan todo, se vuelven indolentes, desganados, cambian sus hábitos de niños y se obstinan en oponerse a cualquier restricción; todo les molesta, no están cómodos en su cuerpo y pueden sentirse inadecuados.

Es una etapa del desarrollo en que los padres tienen que estar más atentos, recordarles los límites, el cumplimiento de las reglas del hogar y de los horarios.

Lo mejor es que salgan en grupo, que los padres sepan dónde están y que vuelvan todos juntos aunque sea tarde.

El adolescente se mimetiza con sus pares y necesita ser como ellos para luego poder diferenciarse; pero en primer lugar se identifica con sus padres y aunque en ese momento de su vida parezca que piensa diferente, finalmente será como ellos.

No obstante, las amistades de esa etapa son fundamentales, porque los adolescentes quieren probarlo todo y no tienen miedo de arriesgarse.

Buena compañía, padres firmes pero flexibles que alienten a sus hijos a desarrollar su verdadera vocación y un hogar donde haya armonía, diálogo y contención es lo que necesita un adolescente para crecer y llegar a ser un adulto sano, capaz de hacer lo mismo por sus hijos.

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Fuente:  Malena – Psicologia la guia 2000.com

Depresión y obesidad ¿Cómo se relacionan?

La depresión y la obesidad se han asociado habitualmente, pero cómo evoluciona esta relación a lo largo del tiempo no está del todo claro. Una nueva investigación realizada en la Universidad de Rutgers-Camden demuestra que las adolescentes que sufren cualquiera de estas dos enfermedades tiene un mayor riesgo de padecer la otra a medida que crecen.

“La adolescencia es un periodo de desarrollo clave para la obesidad y la depresión, así que pensamos que sería significativo estudiar la aparición de estos trastornos a una edad temprana”, diceNaomi Marmorstein, profesora asociada de psicología en la Rutgers-Camden.

Mediante la evaluación de una muestra de más de 1.500 hombres y mujeres en Minnesota durante un período de más de 10 años, Marmorstein y dos colegas encontraron que la depresión que aparece en la adolescencia temprana en las mujeres predice la obesidad al final de la adolescencia.

Por otra parte, la obesidad que se produce en la adolescencia tardía en las mujeres predice la aparición de la depresión en la adultez temprana. No se encontraron asociaciones significativas entre los dos trastornos a lo largo del tiempo en los varones de este estudio.

Cuando los investigadores han intentado establecer relaciones temporales entre obesidad y depresión los resultados no han sido claros. Algunos encontraron que la depresión y la obesidad van de la mano, mientras que otros no vieron esa conexión. Este estudio ha tratado de dar el siguiente paso en el esclarecimiento de esta relación, siguiendo en el tiempo a una muestra de jóvenes de entre 11 y 24 años.

El método utilizado en la investigación incluyó la recurrencia o persistencia de la depresión y la obesidad a lo largo del tiempo en lugar de centrarse en el inicio de cada trastorno. Los participantes en el estudio de Marmorstein fueron evaluados a los 11, 14, 17, 20 y 24 años mediante el uso de mediciones de altura y peso y el diagnóstico basado en entrevistas clinicas de trastorno depresivo mayor.

Marmorstein hace hincapié en que este estudio no fue diseñado para investigar las razones de estas asociaciones, pero sí que es posible establecer algunas explicaciones. Para la autora del estudio la depresión puede conducir a la obesidad a través de un aumento del apetito, de los patrones de sueño o de la falta de actividad física, mientras que la obesidad puede llevar a la depresión debido a variables como el estigma del peso, la falta de autoestima y la movilidad reducida.

“Cuando una persona es joven aún están en desarrollo sus patrones de alimentación y de actividad, así como los mecanismos de supervivencia “, explica Marmorstein “En esta línea, si se llega a experimentar un episodio depresivo a los 14 años, es razonable pensar que exista un mayor riesgo de establecerse patrones poco saludables que perduren en el tiempo”.

Un niño que es obeso pueden ser más susceptible a los mensajes sociales negativos acerca de la obesidad o las burlas, lo que podría contribuir a la depresión. A esta edad, los adolescentes están comenzando a establecer relaciones convirtiéndose en auto-conscientes, así que las burlas pueden ser particularmente dolorosas.

Los esfuerzos de prevención dirigidos a ambos trastornos al mismo tiempo, cuando uno de ellos se diagnostica en adolescentes podrían ayudar en la disminución de su prevalencia y comorbilidad.

Cuando una adolescente recibe tratamiento para la depresión, debería considerarse la incorporación de estrategias relacionadas con la alimentación y la actividad saludable. El ejercicio puede ayudar en el tratamiento de la depresión , para empezar , por lo que parece ser una buena razón para combinar los esfuerzos de prevención de la depresión y la obesidad.

Marmorstein manifiesta desconocer por qué no se encontraron asociaciones a través del tiempo entre los dos trastornos en los adolescentes varones, pero maneja la hipótesis de que podría ser el resultado de diferentes procesos de desarrollo que conducen a la obesidad y la depresión en hombres y mujeres.

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Fuente:  Jose Manuel Garrido – Psicopedia.org

Adolescentes y desobediencia

La mayoría de las veces los adolescentes no quieren desobedecer, no son desafiantes, ni siquiera irresponsables… en realidad, es algo mucho más sencillo: Simplemente quieren posponer una tarea que no es apetecible. Cuando se está en esa edad, el tiempo se valora de un modo distinto y cuesta mucho reunir la energía necesaria para acometer los trabajos que resultan desagradables.

No quieren desobedecer, sólo quieren saltarse el control… de vez en cuando.
Dicen “Luego lo hago” y es exactamente eso lo que piensan, sólo que ese “Luego” nunca llega. Nunca encuentran el momento de cumplir con una tarea desagradable. La mayoría de las veces, cuando quieren llevarla a cabo… el tiempo se ha esfumado y con él… la oportunidad de cumplir con su obligación.

Durante la niñez, los adultos ejercemos como “fuerza de voluntad externa”: nos ocupamos de que coman lo que tienen que comer, de que se acuesten a la hora adecuada, controlamos que hagan sus tareas… Pero al llegar a la adolescencia, los chicos demandan más autonomía y descubren que pueden tomar sus decisiones. En ese momento descubren lo costoso que es el auto-control. Por este motivo es muy importante trasmitirles de una forma adecuada cuál es el significado más positivo de la palabra “disciplina” y cómo está asociada con la fuerza de voluntad y la constancia.


El  control  que  ejercemos sobre los adolescentes es siempre imperfecto. La realidad es que si de verdad quieren hacer algo, lo harán. Pero también es verdad que sus motivaciones son distintas de las nuestras y que les cuesta mucho esforzarse para lograr un objetivo lejano. Por eso hemos de darles sólo la libertad que pueden asumir y administrar.  

Los adultos tenemos que ir dejando poco a poco nuestro papel de “Pepito grillo” con los hijos, de forma gradual y progresiva. Tenemos que supervisar que tienen la fuerza de voluntad suficiente para cumplir con sus obligaciones, e ir suprimiendo nuestro “control externo” según vayamos constatando que no nos necesitan en ese papel.

La realidad es que los adolescentes aprenden el valor de lo que les exigimos en función de la importancia que le demos a que cumplan con su deber. Si no establecemos bien los límites y les exigimos determinados comportamientos les será muy difícil esta tarea.

¿Qué podemos hacer mientras desarrollan adecuadamente su sentido de la responsabilidad? Ponernos pesados, repetir nuestras peticiones, exigir, recordar…
Con el tiempo… nos lo agradecerán.

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 Fuente: Psicóloga Elia Bernabeu

Adolescentes y la Fobia Social ¿de qué se trata?

cache_2409999735Todo el mundo piensa que ser adolescente significa disfrutar a pleno de la vida social. ¿Por qué no? Entre la escuela, las fiestas y todas las actividades con amigos, de seguro que hay mucha diversión. Sin embargo, no todos los adolescentes disfrutan al participar en los eventos sociales y hasta los rechazan. Algunos incluso sienten una profunda ansiedad de ser vistos en público en situaciones cotidianas. Aquí te cuento de qué se trata esta fobia social en los adolescentes.

Juliana recuerda que cuando tenía 16 años todo el mundo le decía que dejara de ser tan tímida. Ella era callada, más bien introvertida y odiaba, sobre todas las cosas, tener que pasar delante de mucha gente. Le daba vergüenza por ejemplo, subirse a un autobús (bus, colectivo, guagua, camión) urbano y tener que caminar por el pasillo para buscar un lugar. El sentir las miradas de la gente le producía mucha ansiedad hasta el punto de hacerla sudar y sonrojarse. Por eso, su mamá recuerda que siempre supo que lo de Juliana era mucho más que timidez. En el colegio no quería participar en actividades, como teatro o danza, por el miedo a exponerse en público y ser criticada. No le gustaba ir a fiestas porque le daba pánico no saber si la iban a sacar a bailar o no.

Fue entonces cuando decidieron buscar ayuda profesional y Juliana fue diagnosticada con fobia social. Hoy, ya varios años después, Juliana agradece a su mamá que la haya llevado a esa terapia, pues es abogada litigante y su trabajo le exige hablar en público.

Como Juliana, muchos adolescentes padecen de fobia social, la cual se define como una ansiedad intensa o un miedo persistente ante un objeto, una actividad o una situación social que se evade a toda costa para evitar el estrés. Hablar en público o iniciar una conversación son las principales situaciones de las que huyen los adolescentes.

Las estadísticas indican que el promedio de edad en el que se desarrollan los síntomas de la fobia social es entre los 11 y los 19 años, es decir, durante la adolescencia.

Para identificar si tienes fobia social o si tu hijo(a) adolescente la padece, presta atención a los siguientes síntomas:

  • Sentirse observado en situaciones sociales al punto de sentir      dolor de estómago, tener el pulso acelerado, marearse y llorar.
  • Sentirse cohibido (con timidez) cuando otros observan: pensar      que todos están juzgando lo que haces.
  • Tener un temor extremo de que otros te observen.
  • Temer al qué dirán los demás.
  • Evitar iniciar conversaciones con compañeros de la clase.
  • Sensaciones físicas como sonrojarse, palpitaciones, náusea,      sudor y sentirse humillado(a).

Si piensas que tu ansiedad ante situaciones sociales es extrema hasta el punto de interferir en tu vida diaria y tu bienestar emocional, puede que tengas fobia social. Para saber si es así, debes consultar con un especialista que puede recomendarte los dos tratamientos que hay para tratar este tipo de fobia: medicamentos y terapia psicológica o terapia de comportamiento.

Los medicamentos se pueden combinar con la terapia (es lo que generalmente se recomienda) y se ha comprobado que son efectivos para tratar y eliminar los síntomas de la fobia social. En los Estados Unidos, la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) ha aprobado cuatro medicamentos específicamente para los casos de fobia social: Zoloft (Sertraline), Paxil (Paroxetine), Luvox (Fluvoxamine) y Effexor (Venlafaxine). Puede que en tu país existan con el mismo nombre o que tu médico te recomiende otros con ingredientes similares que sean igualmente efectivos (el ingrediente que se encuentra entre paréntesis es el ingrediente químico que es igual en todos los países).

Lo bueno de los medicamentos es que funcionan. Lo malo, es que sólo tratan los síntomas, en este caso no los curan y podrían causar algunos efectos secundarios. Por lo que, si se suspende su uso, los síntomas pueden regresar.  Por eso, la terapia psicológica o la terapia de comportamiento podría ser mejor a largo plazo si te funciona, ya que con algunos métodos podrías “entrenar” a tu cerebro para que le pierda miedo a las situaciones sociales que no podías enfrentar previamente.

De cualquier manera, el primer paso es identificar si padeces de fobia social para así poder tratarla y disfrutar de tu adolescencia a plenitud, (o ayudar a tu hijo(a) a   superarla).

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Fuente: (Doctora Aliza) – http://www.vidaysalud.com

desQbre – La comunicación entre la familia y el colegio.

Lazos estables y de calidad entre la familia de un niño y los otros cuidadores es esencial. Asegurasé de que las líneas de comunicación entre el cuidador o el profesor de su niño y usted esten ampliamente abiertas. Busque oportunidades de saber que esta sucediendo cuando su hijo esta en un centro infántil o en la escuela. Aproveche la ocasión de hablar con los cuidadores durante la llegada y la salida de su niño del centro infántil o la escuela. Estas charlas breves sobre su hijo, su interacción con los amigos o la familia, y sus actividades hacen mucho para construir lazos de confianza entre usted y el cuidador o el profesor. Asegurasé de mantener corriente los cuidadores del progreso positivo o cualquier problema de lo cual deben estar enterados. Las reuniones y los eventos sociales también ayudan a crear un clima de confianza entre las familias y los profesores. Utilice las conferencias de padre-profesor programadas como un tiempo para escuchar que realmente esta pasando en la escuela.

Escuchando ActivamenteLa base para la comunicación es la habilidad de escuchar. Cuando usted asume el papel de una persona que esta escuchando activamente, usted esta comunicando a la persona que esta hablando que usted ha oído correctamente, entendido lo que ha dicho y que le importa. Durante una conferencia de padre-profesor, por ejemplo, mantenga siempre el buen contacto visual. Trata de no estar distraído o agitado, y mantegase concentrado en lo que está diciendo el profesor.         Es también importante dejar a la otra persona saber que usted entiende lo que esta diciendo. Intente de escuchar y reformular lo que le dice el profesor. Diciendo de nuevo en forma modificada las ideas del profesor, verifica que usted esta escuchando y asegura que has entendido lo que ha dicho. Haga preguntas para asegurarsé de que ha entendido por completo el punto de vista del profesor.

Como Ocuparse de la Cólera Es vital establecer simpatía con el profesor de su niño. Pero cómo maneja situaciones que resultan en sentimientos de enojo? La clave esta en mantener las líneas de comunicación abiertas. Hay formas de hacer frente a los sentimientos de enojo que pueden ayudarle a conservar el control de uno mismo y la situación. Primero que todo, reconozca que usted esta enojado. Respira para recobrar el control. Intente de comprender cuales son sus sentimientos y los del profesor y ponga estos en palabras. Controle su reacción y dese tiempo suficiente antes de contestar. Una de las maneras de mantener control es reconociendo los tipos de temas o situaciones que le incomodan especialmente y le hagan enojarse.

Familias y Niños en Crisis Estas mismas habilidades pueden ser aplicadas a sus hijo, especialmente en tiempos de crisis. Una familia en crisis es un niño en crisis. Bien sea enfermedad, muerte, perdiendo un trabajo o un divorcio, las crisis de la familia pueden presentarle con uno de sus retos más grandes. Durante tiempos difíciles que trastornan usted puede ayudar a sus niños hacer frente a la situación dejándolos saber que usted sigue apoyandolos y queriendolos. Primero que todo, diga la verdad. No ignora la situación o finge que nada esta mal. Evite los aseguramientos no realistas, prometiendo que todo va estar bien cuando desde el punto de vista de su niño, no estará. Escucha lo que esta diciendo su hijo, y ayudale expresar sus sentimientos y preocupaciones de lo que esta sucediendo.         Mantengase en constante contacto con los profesores o los cuidadores así usted podrá conectar lo que esta pasando en la escuela con lo que esta ocurriendo en la casa. El juego y las actividades creativas son foros excelentes para que un niño exprese sus pensamientos y miedos íntimos. Los juegos imaginativos y de agua y la pintura de dedo ayuda a los niños expresar sentimientos y eliminar tensión. Intente de no reaccionar en una manera exagerada a los llantos u otro comportamiento trastornante. Llorando también elimina tensión y ayuda a su hijo. Cuando la vida es demasiado difícil para los niños y se sienten desamparados, a menudo demuestran compartamiento menos maduro tal como chupandose el dedo o mojando la cama. Usted puede ayudarles a sentirse mejor dandoles oportunidades de hacer decisiones simples para que puedan sentirse como si estuvieran a cargo y para combatir los sentimientos del desamparo y pánico que acompañan a menudo una crisis.

Fuente: http://www.pbs.org/wholechild/spanish/parents/f-s.html

Aún estamos educando para el codazo y la exclusión

Luis López González, especialista en educación emocional

Tengo 50 años. Nací en Mérida y vivo en Castellfedels. Soy doctor en Psicopedagogía.

Cuál es la gran carencia de nuestra escuela?

Que quiere ser efectiva…, ¡y debería ser afectiva!

¿Afectiva?

La neurociencia más avanzada establece que, más que animales racionales, ¡somos animales emocionales!

“Siento, luego existo”, dice Damásio.

Sí. Corregido el “Pienso, luego existo” de Descartes, sabiendo ya que pensamos con el cuerpo y la emoción, ¿por qué la escuela sigue eludiendo esta evidencia científica?

¿Hasta qué punto la elude?

¿Está ayudando al alumno a autoconocerse, a entender su interior, a gestionar sus emociones, a formarse una cosmovisión y un proyecto de vida propio? No, no, no y no.

Enseña a leer, dividir y la capital de Francia: ¿acaso eso no está bien?

La mente sabe, pero el cuerpo conoce: ¡enseñemos al alumno a leer los mensajes de su ser íntimo, a interpretar sus emociones, a escuchar su cuerpo!

¿Puede enseñarse eso?

¡Sí! Se aprende y se adiestra: ¡eso es educar! ¿O el objetivo de la educación es capacitar para ser muy eficaz en lo económico? Mire, el objetivo de la educación debería ser uno y principal: la felicidad del ser humano.

¿Y qué entiende por felicidad?

La autorrealización, ¡no la contabilidad!

¿Algún ejemplo?

Una alumna mía gozaba con la fotografía y soñaba con dedicarse a eso. Yo la animaba, pero su padre la convenció para que estudiara Derecho y ganara dinero. Qué lástima…

¿Acaso renuncia usted a ganar dinero?

Ya he aprendido que acumular dinero me gratifica menos que hacer lo que me llena y que compartir, cooperar, ayudar…

¿Manda lo económico en la escuela?

Aún rinde culto a Santa Competencia y Santa Excelencia: aún educamos para el codazo y la exclusión. ¡Eduquemos para la bondad, la belleza y la verdad! Para la humanidad.

Suena muy bien, sí.

En vez de personas competitivas y excelentes, saldrían personas excelsas: amantes de lo verdadero, bello y bueno.

¿Cómo se educa así?

Educamos a los jóvenes para ser brillantes en la logosfera, la tecnosfera, la iconosfera… ¡Y los hacemos analfabetos en la sensosfera!

¿Qué es la sensosfera?

El universo de las sensaciones, los sentimientos, las emociones, la empatía… Los pilotos contra las Torres Gemelas eran brillantes en todo… y analfabetos en sensosfera.

¿Y cómo alfabetizar en sensosfera?

Por ejemplo, con nueve herramientas que he aislado tras cotejar técnicas de todas las tradiciones culturales y espirituales.

Enúncielas, por favor.

Atención. Respiración. Visualización. Habla. Conciencia postural. Sentidos. Energía corporal. Capacidad de soltar. Y enfoque emocional (focusing).

Ilústrelas con algún ejemplo práctico.

Primero educo al alumno en la llamada pausa revolucionaria.

¿En qué consiste?

En guardar silencio y cerrar los ojos… un rato. Luego pregunto: “¿Cómo te sientes hoy, ahora? Presta atención a tu cuerpo, haz un barrido y detecta las sensaciones menos agradables, conflictos, dolencias… y obsérvalas. Y, sin juzgarlas, ¡anótalas, dibújalas!”.

¿Para qué?

Así aprende a desidentificarse de sus sensaciones, emociones y pensamientos. Así comprende que están… ¡pero no son él!

¿Es esto educativo?

¡Muchísimo! ¿Acaso te pegarás con otro por una simple emoción que no eres tú en el fondo? El joven descubre una distancia entre lo que siente y el ser, la vivencia del ser profundo, la llamada ipseidad.

Describa la ipseidad.

Paz. El fondo del ser… ¡es pacífico! Está en la mirada al interior, en inglés, mindsight.

¿Hay paz en el interior de cada uno?

Sí. Y estas técnicas ayudan al alumno a descubrirla dentro de sí.

¿Con qué beneficios?

Mayor capacidad para concentrarse, pacificación del clima del aula, mejor rendimiento académico, bienestar emocional y autoconocimiento.

Expóngame algún otro ejercicio práctico educativo en la sensosfera.

Uno para niños pequeños: “Dibuja tu nombre propio”. ¡Así empieza a autoconocerse! Otro: cantamos juntos las vocales y consonantes, y les dices: “Fijaos cada uno en qué sonidos os hacen sentir mejor… y componed vuestro mantra para hoy”…

Otro más.

El profesor les hace cerrar los ojos, visualizar un volcán y recorrer sus partes: ¡así aprenden más rápido y mejor!

¿Qué es el focusing o enfoque emocional, la última herramienta que ha citado?

Focalízate en lo que sientes en tu pecho y pregúntale qué está pidiéndote: ¡escucha, te ayudará a actuar!

¿Me fío de lo que me pida el cuerpo?

Quedarse sólo en el intelecto es cojo. La razón se siente. ¡Einstein sintió que “E=mc2” antes de llegar a formularlo así! Joven: estarás en paz si alineas lo que sientes, piensas y haces.

¿Algún consejo final para estudiantes?

¡Sonríe! Decenas de músculos se relajan así. ¡Y sonríete a ti mismo! Si has estudiado, sonríe: el examen te irá bien. Si has estudiado poco, sonríe: sabes que el examen te irá menos bien. ¡Esto es inteligencia emocional!

Fuente: “La Vanguardia” (Víctor-m. Amela) – http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120915/54350431432/la-contra-luis-lopez-gonzalez.html

 
 

desQbre: Si quieres aprobar, duerme lo suficiente.

Entre libros y apuntes, cafeína en mano y ojeras. A muchos estudiantes se les reconoce porque sus bienvenidas a los meses de julio y septiembre son una constante de noches mal dormidas, datos, nombres y fórmulas en la cabeza con los que enfrentarse a los últimos exámenes del curso.

Da igual los años que pasen. Seguramente todos sepan lo que es quedarse las noches de antes en vela por preparar estos exámenes, todos ellos con la vana pero presente ilusión de que estudiando de forma intensiva los días de antes, incluso la noche antes, se tienen los conocimientos más frescos.

Sin ánimo de darles una mala noticia, las evidencias científicas demuestran todo lo contrario. Los últimos en echar por tierra esta ‘teoría’ ha sido un grupo de investigadores de la Universidad de California (Los Ángeles, EEUU). Según el análisis que publican en ‘Child Development’, quitarse horas de sueño para estudiar más no sólo no fija los conocimientos, sino que aumentan las posibilidades de terminar con problemas académicos al día siguiente.

Largas noches

Para subrayar esta afirmación, los investigadores siguieron durante 14 días próximos a las fechas de exámenes a 535 estudiantes de distintos cursos de Secundaria de Los Ángeles para analizar, mediante preguntas y tests, el tiempo que dormían, las horas que estudiaban, cuándo lo hacían y su rendimiento académico, sus hábitos de estudio y sus resultados.

“Esperábamos como conclusión demostrar que no se conseguía mejorar significativamente los resultados de los exámenes, pero lo que nos ha sorprendido es que por cada noche en vela o con insuficientes horas de sueño por estudiar más tiempo se consigue el efecto contrario, los resultados en los exámenes, así como en la comprensión de la materia que se imparte en las clases es peor”, afirma Andrew J. Fuligni, profesor de Psiquiatría y Ciencias Bioconductales del Instituto de Neurociencia y Comportamiento Humano de la Universidad de Los Ángeles.

Para los psicólogos, estos resultados vienen a apoyar una vez más la lucha contra las leyendas urbanas. “Muchos estudiantes creen que con cafeína y una semana durmiendo poco y estudiando mucho conseguirán buenos resultados, pero lo cierto es que, aunque puede haber sus excepciones, en la mayoría de las ocasiones sus resultados son peores estudiando de forma intensiva en vez de extensiva“, afirma a ELMUNDO.es José Antonio Portellanos Pérez, doctor en Psicología y profesor del departamento de Psicobiología de la Universidad Complutense de Madrid.

“¿Para qué nos sirve dormir?”, se pregunta este especialista. “Dormir nos sirve tanto para la recuperación fisiológica del cuerpo como, sobre todo, para mantener el equilibrio de nuestro cerebro. La falta de sueño daña más al cerebro que al cuerpo. Es una exigencia del cerebro”, explica.

Precisamente, como actividad mental, Portellanos asegura que uno de los beneficios del sueño es que consolida el aprendizaje del día “ordenando y guardando la información”. Por ello, “cuando se restan horas de sueño por el estudio, al cerebro no le da tiempo a procesar y organizar esta información por lo que se produce el olvido”, comenta.

Además, este doctor explica el porqué de ese lapsus que muchos estudiantes sufren en pruebas que ya tendrían que saber: “Aunque de manera directa la falta de sueño no influye en lo que ya se sabe, en el aprendizaje consolidado, sí es cierto que cuando no se duerme de forma más o menos continuada, unido a los nervios del examen, se producen lapsus o bloqueos. La información que se está asimilando en los últimos días, directamente se pierde”, explica.

Y todo ello sin contar con los trastornos de conducta producto de una falta de descanso adecuando. “Todos necesitamos dormir entre siete u ocho horas, sin este respiro a nuestro cerebro y nuestro cuerpo es normal que se produzcan situaciones de irascibilidad, irritación, etc, ya que no hemos recuperado ese equilibrio de nuestro cerebro. Esto se acentúa en periodos de estrés como son los exámenes”, añade el doctor Portellanos.

¿Alondras o búhos?

En el estudio, el profesor Fuligni pone el acento en la falta de sueño también producto de la excesiva carga en la agenda de chavales de 12 años en adelante, por lo que recomienda “que estos jóvenes consigan unos hábitos para que sus horas de sueño no se vean afectadas por el estudio, ya sea mejorando la efectividad de las horas electivas o restando el tiempo de otras actividades extracadémicas, los amigos o las nuevas tecnologías”, recalca.

A este respecto, tanto José Antonio Portellanos como Andrés González Bellido, presidente de la Sección de Psicología de la Educación del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña, recuerdan que “falta enseñar a estudiar”. Para ambos, aunque existen técnicas de estudio, los adolescentes han de aprender a “estudiar de forma constante, repasando y descansando lo suficiente”.

“Darse la paliza a estudiar la semana antes es una locura que produce efectos académicos negativos”, insiste este especialista. “Como mucho, lo que sí se puede hacer, ya que su eficacia está comprobada, es estudiar unas horas antes de irse a la cama y luego dormir siempre las horas necesarias (entre siete y ocho), con esto se asimila mejor la información”, subraya González Bellido.

Pero ¿entonces no existen las personas diurnas y nocturnas? “Existen personas cuyos biorritmos naturales marcan que su mejor horario para estudiar es entrada la tarde, los llamados ‘búhos’; aunque la mayoría de las personas son ‘alondras’, aquellos cuyo pico de rendimiento se desarrolla en las mañanas”, afirma González Bellido. “Cada persona tiene que descubrir a qué grupo pertenece y planificarse en función de ello. El verano es un buen momento para hacer este experimento. Si estudias mejor por la mañana, la idea sería acostarse antes para levantarse temprano, si es a la inversa y ya está iniciado el curso, hay que planificarse las tardes y ser constante estudiando todos los días para no bajar nunca del umbral de las seis-siete horas de sueño. Yo siempre recuerdo que el curso se se empieza a aprobar desde el momento en que comienza”, asegura.

Es más, los psicólogos llegan a afirmar que es mejor no estudiar los dos días antes del examen. “El día anterior al examen es mejor repasar algo, pero de forma leve, no estudiar. El hacerlo supone aumentar nuestra ansiedad, genera un bloqueo mental y no se consigue el objetivo de aprender lo que no sabemos”, aseguran.

Fuente: “El Mundo” (Silvia R. Taberné) – http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/08/21/neurociencia/1345569548.html

 

 

 
 

 

Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad ( TDAH ) ( TDA ).

Conversación entre dos adultos escuchada en un supermercado:

 Adulto 1 (Mujer): Mi hijo no puede estarse quieto más de un minuto. Ese es el tiempo máximo que puede dedicar a estudiar o a hacer los deberes. Después se levanta de la silla y no para de moverse. Ya no hay quien le pille para que se vuelva a sentar. Voy a hablar con el psicólogo del colegio para que me diga que puedo hacer.

 Adulto 2 (Hombre): Al mío le pasó lo mismo. Fui con el niño a un neurólogo después de ver a dos psicólogos. Te van a decir lo mismo que a mí. Le recetarán una medicación, algo parecido a las anfetaminas, para que el niño se calme y pueda fijar su atención. Yo no le dí las pastillas. No creo que hagan mucho y me dan algo de miedo los efectos secundarios.

 Adulto1: No, si yo no quiero darle pastillas a no ser que lo diga un médico. Pero yo tampoco aguanto mucho más así. El niño suspende y nos está poniendo a todos muy nerviosos. Su padre no entiende nada y los profesores continuamente nos advierten de que no avanza, de que se queda atrás respecto al resto de la clase y de su conducta inadecuada.

 Cada vez más colegiales son diagnosticados con el ‘Trastorno por Déficit de Atención’ (TDA) que puede ir acompañado de hiperactividad (TDAH) o no. Ante todo, quiero dejar claro que en el caso de la hiperactividad no me estoy refiriendo a ésta como resultado de lesiones cerebrales causadas durante la gestación o el parto. Escribo no sobre una patología sino sobre las llamadas ‘disfunciones’, es decir comportamientos que no se ajustan ‘a lo que se espera o se considera como normal’. Hablamos de niños que antaño se calificaban como ‘culo-inquietos’ (hoy TDAH) y de los que siempre están ‘a la luna de Valencia’ o ‘a por uvas’ (los TDA).

 El problema del cambio de denominación radica en su consideración como enfermedad y la subsiguiente prescripción de fármacos para tratarla. ¿Por qué se presenta como enfermedad si no hay pruebas biológicas que la determinen? Ninguna conducta, ni siquiera una mala conducta, puede ser considerada una enfermedad. Es una estigmatización, no un diagnóstico.

 Si no hay patología, ¿por qué se medica? Me parece más lógico atender al individuo de forma integral, es decir en aspectos tales como el estudio de sus capacidades sensoriales, sus hábitos alimenticios y fundamentalmente su entorno familiar con todo lo que ello abarca. Hemos pasado de dar a nuestros descendientes agua de azahar como placebo para calmar sus estados eufóricos, a suministrarles sustancias que tiene idénticos efectos a las anfetaminas (metilfenidato) y que en el medio plazo provocarán adicciones similares a algunos estupefacientes. Los efectos secundarios son, cuando menos, muy inquietantes, como es bien visible en los Estados Unidos, país que lidera el consumo de estos fármacos.

 ¿No hay más solución que la toma de estos ‘remedios’? Dice Peter Breggin, médico psiquiatra de Harvard y director del Centro Internacional para el Estudio de Psiquiatría y Psicología: “Los psicoestimulantes tendrán un efecto intencionado en el niño que suprimirá la conducta autónoma, espontánea, social y juguetona provocando complacencia, docilidad, una sobre-focalización obsesiva y una conducta repetitiva. El uso extendido de estimulantes habilita a los adultos para dominar y controlar a los niños sin mejorar su propia condición de padre o profesor y sin mejorar la estructura de la familia, de la sociedad y de los sistemas educativos”.

 Comprendo la preocupación de las madres y padres que, alarmados ante ciertos procederes de sus hijos y con la información que les llega del colegio, acuden a profesionales de la medicina y siguen las recetas de éstos. Pero en los casos de los que estamos hablando, les animo a buscar soluciones alternativas naturales, sin efectos secundarios y de gran eficacia, aunque seguramente requerirán de más paciencia e implicación por parte de los progenitores. Generalmente demostramos una fe ciega en lo que consideramos más científico y ortodoxo, denostando lo más natural y obvio. Hemos dejado de confiar en la sabiduría ancestral y de nuestro propio cuerpo al estar totalmente desconectados de ellas.

 La atención del niño está dispersa y lo que nos toca averiguar es dónde tiene su mirada. El sistema educativo no ofrece contenidos interesantes y motivadores para estos cerebros inquietos, curiosos y altamente sensibles. Por otro lado, para nuestros vástagos la prioridad es su familia y ahí es donde muchas veces esta el quid del asunto pues es donde tienen fijada su atención. Aquí es donde nosotros como padres nos tenemos que involucrar. Tratamientos en los que trabaja toda la familia se han demostrado como muy eficaces. Existen métodos que abordan las dificultades en el aprendizaje que son consustanciales a un TDA o un TDAH y personas especializadas en estos trastornos.

 El metilfenidato y los compuestos derivados del mismo, son el nuevo ‘soma’ de este moderno ‘mundo feliz’. Ya advirtió Aldous Huxley sobre las consecuencias del suministro de aquella mágica sustancia que el Ministerio de Propaganda fomentaba para que nadie se saliera de un sano juicio y de un comportamiento adecuado. Una droga que garantizaba una felicidad sin mancha ni dolor, un estado del bienestar total y anestesiado, unos individuos adormecidos y con su individualidad y creatividad anuladas por completo. El escritor británico profetizó que las masas serían conducidas mansamente al matadero bajo los efectos letárgicos de los fármacos.

 Los seres humanos somos más complejos que las teorías que nos describen. Calificar a alguien como TDA o TDAH y prescribirle un psicofármaco para ‘normalizarle’ supone intentar un atajo lleno de socavones y de graves consecuencias. Albert Einstein, Thomas Alva Edison y Leonardo Da Vinci de haber nacido hoy, probablemente tendrían un diagnóstico de TDAH. Su genio hubiera quedado dormido y posiblemente hubieran vivido como personas “normales”. Frecuentemente a un TDAH viene asociado a personas muy originales e innovadoras y altamente creativas. Preservar su genialidad y no ‘estandarizarlos’ debería ser un objetivo para todos. No amargarles la infancia y adolescencia tachándolos de enfermos supone un primer paso. Como dice el profesor emérito de psiquiatría Dr. Thomas Szasz: “Debemos combatir la ‘coerción psiquiátrica’. Es una noble tarea en la que debemos perseverar a pesar de los obstáculos. Es una labor a la que nuestra conciencia nos obliga, a la que no nos podemos negar”.

Fuente: “El Confidencial” (Juan Perea) – http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/respetemos-ninos-puedan-ellos-mismos-20091124.html

 

 
 

Niños estresados.

Cada vez más los niños son sobre exigidos con agendas repletas de actividades extra escolares, que no les dejan tiempo para jugar.

Como a los adultos, este estilo de vida que se observa en la clase media y media alta de sociedades urbanas, a los chicos les produce estrés.

Es una realidad que preocupa a maestros, pediatras y psicólogos cuando detectan en niños de siete a diez años trastornos similares a los de los adultos, como contracturas, dolores de cabeza y problemas gastrointestinales recurrentes que son signos de estrés, pudiendo presentar además problemas neurolingüísticos asociados al proceso de comprensión.

Carl Honoré, autor del libro “Bajo presión”, señala que estamos viviendo la época del “niño dirigido”, demasiado cuidado y controlado, y amarrado a una maraña de cursos, talleres y actividades varias reguladas, que hacen que los chicos se enfermen más por permanecer mucho tiempo en lugares cerrados y poco tiempo al aire libre, por falta de movimiento, por tener que asistir a largas jornadas escolares, por no poder jugar en forma espontánea y sufrir mucha presión, con padres a su vez exigidos que tienen altas expectativas puestas en sus hijos. Pero este deseo de los padres de que sus hijos los superen, tiene un alto costo en los niños.

Los padres de clase media no pueden dejar grandes herencias a sus hijos como para asegurarles el futuro, por eso se preocupan en darles por lo menos la oportunidad de una buena educación, para que se puedan defender en la vida.

Algunos chicos no son aptos para colegios de doble escolaridad bilingües, ya sea porque les resulta difícil o porque son demasiado inquietos como para prestar atención tanto tiempo.

Cuando el nivel de exigencia es mayor del que pueden soportar, los chicos se enferman, desafían a sus padres, se rebelan, se portan mal en la escuela y terminan desbaratando los planes de sus padres creando serios conflictos.

Estamos viviendo una época que se caracteriza tanto por el nivel de exigencia como por los desbordes y la irresponsabilidad generalizada de niños y jóvenes; y la falta de comunicación los convierte en bombas en potencia si no tienen la oportunidad de hablar de sus problemas.

Ni en la casa ni en la escuela tienen un espacio para reflexionar, un canal para decir lo que les molesta, porque tanto padres como maestros sofocan los conflictos castigando a quienes los provocan pero no los enfrentan, cuando en realidad pueden ser constructivos y útiles para promover los cambios necesarios y favorecer el crecimiento.

Hoy en día los chicos como los adultos tienen que llevar agendas para anotar todas sus ocupaciones y obligaciones; y hasta los cumpleaños les producen estrés, un festejo que debería ser espontáneo pero que se ha convertido en un complejo ritual rígidamente estructurado que no deja lugar para ser distinto.

El mercado no puede dejar de lado la potencial fuente de recursos que representan los niños, por lo tanto crea la necesidad de hacer ciertas cosas que todos creen que deben hacer para pertenecer y ser aceptados.

Es necesario reflexionar sobre lo pernicioso de estas prácticas que nos llevan a hacer lo que quieren otros y no lo que deseamos nosotros, discriminando entre lo que es manipulación y lo que se ajusta realmente a nuestros deseos y principalmente a los deseos de nuestros hijos.

Carl Honoré se pregunta hasta qué punto es beneficioso que los chicos se formen de tal modo en lo funcional, en el cumplimiento de los objetivos y en la necesidad de destacarse del resto, sin tener la oportunidad de disfrutar de un tiempo improductivo que le permita ver más allá de lo convencional conocido y poder ser así más creativos.

Fuente: “Bajo presión”; Carl Honoré. http:/psicologia.laguia2000.com

 

 
 
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“Sin la insensatez adolescente, nos habríamos extinguido” – Iroise Dumontheil

“Sin la insensatez adolescente, nos habríamos extinguido”

Iroise Dumontheil, estudiosa del cerebro adolescente

Sistema educativo

Pese a que la doctora Dumontheil ha dejado la adolescencia no hace demasiados años…, es hoy una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de las bases neurológicas y bioquímicas del cerebro humano en esa fase tan singular de la existencia: la adolescencia. Me explica que el cerebro está en ese momento muy sensible a la recompensa inmediata, a la influencia de los iguales, a la baja autoestima y a la ansiedad: evidencias científicas muy relevantes para ayudarnos a replantear con eficacia nuestro sistema educativo. Por eso el Centre d’Estudis Jordi Pujol ha invitado a la doctora y le ha pedido que comparta los últimos hallazgos de la neurociencia sobre el cerebro adolescente.

¿Qué pasa si le chillo a un adolescente?
Lo vivirá tan intensamente que su amígdala (cerebro profundo) generará una respuesta emocional exacerbada.

¿Qué tiene de singular un cerebro adolescente?
Se aceleran y maduran funciones cognitivas complejas antes inexistentes: se verifican cambios en ciertas regiones cerebrales.

¿Qué cambios?
En la materia blanca y en la materia gris.

¿Qué es la materia blanca?
La sustancia que recubre las conexiones largas cerebrales: se incrementa su volumen, y así las señales eléctricas cerebrales viajan con más celeridad. Consecuencia: ¡más sensibilidad para lo emocional y lo relacional!

¿Y qué pasa con la materia gris?
Compone la superficie cerebral, el córtex: ahí observamos una poda en las conexiones.

¿Una poda?
Cuando somos bebés superconectamos nuestro cerebro con muchas conexiones…

Una esponja de gran capacidad.
Sí, y luego podamos las conexiones menos frecuentadas: tus experiencias las moldean.

Unas se musculan, otras desaparecen.
Y en la adolescencia culmina el proceso de maduración del córtex prefrontal: es la zona que refrena y controla impulsos, que filtra y modera emociones, que calibra las consecuencias a largo plazo… y que planifica.

¿Y qué sucede ahí en la adolescencia?
Que madura más despacito que la materia blanca: ¡y este décalage genera los aspectos más característicos de la adolescencia!

¿A qué aspectos se refiere?
Incapacidad para planificar y para medir las consecuencias de los propios actos a largo plazo. Preponderancia de las emociones y de los vínculos con un grupo de iguales…

O sea, materia blanca hiperexcitada…
… para la intensidad emocional…, ¡mientras la materia gris aún no modera ni controla!

¿Me entiende mi hijo adolescente cuando le digo “cuidado con lo que haces”?
No. Tú le dices: “Si haces esto, pasará esto, y luego esto, y luego esto”. Tú lo ves claro… ¡Pero él no puede verlo! No puede sopesar las consecuencias de sus actos a largo plazo.

¿Qué otras conductas vienen determinadas por ese cerebro adolescente?
Lo más importante es el grupo de amigos. No es que el adolescente sea rebelde con sus padres: es que su bioquímica pide individuación, independencia, ¡y por eso sus iguales son tan, tan importantes! El adolescente necesita apartar a sus padres… para ser él.

Y a menudo hace tonterías.
Sí, porque sólo es capaz de manejar el corto plazo. Tiene magnificados los resortes bioquímicos de la recompensa rápida.

¿Es la adolescencia una fase necesaria?
Sin ese cerebro insensato, ¡quizá nos habríamos extinguido como especie! La insensatez llevó al adolescente primitivo a cazar, guerrear, buscar pareja… Y llegar hasta hoy.

¿Y hasta cuándo dura la adolescencia?
La maduración de la materia blanca culmina hacia los 18 años. ¡Y la de la materia gris, hacia los 25 años! Me admira lo que dijo Shakespeare, conocedor del alma humana.

¿Qué dijo?
“Entre los 12 y los 23 años no hacemos más que pugnar contra los adultos y preñarnos”.

Hoy parece que hasta los 30 años…
Cuestión sociocultural: en otras culturas, a los 15 años el adolescente se independizaba, cazaba, se emparejaba, se reproducía…

¿Es verdad que el adolescente necesita dormir más horas que el adulto?
Hay un retraso en la hora de adormecerse el cerebro: se duerme más tarde, pero como tiene que madrugar para ir a estudiar… ¡acumula cansancio! Y lo palía el fin de semana.

¿Influyen más las drogas en un cerebro adolescente que en un cerebro adulto?
¡Sí! A mayor juventud y a mayor consumo de sustancias tóxicas (alcohol, marihuana, anfetaminas, cocaína…), ¡más probabilidad de una esquizofrenia o una psicosis! El 75% de las enfermedades mentales se declara antes de los 24 años: ¡las drogas las aceleran!

¿Podríamos mejorar el sistema educativo a partir de estos hallazgos neuronales?
Sí: expliquemos al adolescente que su cerebro es muy flexible, ¡capaz de aprenderlo todo! Y desterremos lo de “no sirvo para esto”, ¡porque es falso! Démosles autoestima.

¿Qué otras medidas aplicaría?
Buscaría propiciar el aprendizaje del adolescente mediante la aprobación y recompensa de sus iguales, ¡tan importantes para él!

¿Y les quitamos las pantallitas?
No. El cerebro está siempre sintonizándose con su entorno, ¡y el entorno ahora son las pantallitas! Aprecie las ventajas. Videojuegos: mejoran la inteligencia espacial y los reflejos. Facebook: interactúan con iguales.

Pero tantas horas, tantas horas…
Pacten padres e hijos, acótenlas para liberar tiempo para otras actividades, eso sí…

Decimos que los adolescentes son indolentes, informales…
… inconstantes, maleducados…

Pues diga ahora algo positivo de ellos.
Sociables, amorosos, emotivos, sexuales, estimulados…

¿Es la vejez una segunda adolescencia?
Ja, ja… Es verdad que se verifica una cierta desinhibición en el córtex prefrontal que bien pudiera justificar esta comparación…

¿Se fija nuestra personalidad durante la adolescencia?
Se construye. Y todo está abierto. ¡El adolescente tiene su destino en sus manos! Díselo.

Fuente: La Vanguardia (Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet) – http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120514/54292662136/iroise-dumontheil-sin-la-insensatez-adolescente-nos-habriamos-extinguido.html

 
 
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Adolescentes y la experimentación con drogas

La adolescencia representa un período clave de transición que transcurre en su mayor parte durante la segunda década de la vida. En el proceso entre la dependencia del niño y la plena autonomía del adulto, el adolescente experimenta múltiples cambios en su crecimiento físico, su fisiología y sus destrezas cognitivas y emocionales. Estos cambios ocurren en un contexto social dominado por los iguales. El cerebro adolescente y su conducta es el producto de la interacción entre genes y experiencias que se expresan durante este período de desarrollo.

La cuestión clave es: por qué los adolescentes se involucran en conductas problemáticas. Algunas teorías defienden que se debe a un predominio de los rasgos de búsqueda de sensaciones y riesgos que estarían incrustados en la arquitectura cerebral del adolecente. De manera alternativa a esta visión determinista, nuestra aproximación es que las conductas problemáticas pueden considerarse funcionales, propositivas e instrumentales para la consecución de las metas propias de este período. Específicamente, serían instrumentales al objeto de establecer una nueva jerarquía social donde los iguales del mismo sexo y del sexo opuesto ocupan un lugar prioritario.

Por tanto, el grado en que los adolescentes experimenten con drogas dependerá, tanto del contexto social (la búsqueda de jerarquía), como de su resistencia a la influencia de los pares y otras influencias genéticas y biológicas (por ejemplo, el consumo de nicotina de la madre durante la gestación). Estos factores impactarían en la conducta de experimentación con drogas a través de múltiples vías biológicas y psicológicas.

Fuente: http:/www.psiquiatria.com

 

 
 
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Psicología Infantil – Amigos Imaginarios

Los amigos imaginarios son amistades invisibles que tienen los niños y algunos jóvenes, que los padres descubren cuando encuentran a sus hijos compartiendo sus juegos o su comida con otro niño inexistente para ellos.

Uno de cada tres niños de tres a siete años tiene un amigo imaginario que los otros no ven. Esto no es algo que debe preocupar a los padres, al contrario es un fenómeno que estimula la creatividad y ayuda al niño a superar dificultades difíciles en su vida. Sin embargo los padres suelen consultar con un psicólogo cada vez que se les presenta esta situación con uno de sus hijos, aunque al niño le haga bien.

La pregunta más común de los padres es si deben continuar aceptando esa fantasía o si deben tratar de que el niño la ignore.

Dado que todos los estudios científicos sobre este tema coinciden en afirmar que este tema no es motivo de preocupación alguna, lo mejor será seguirles la corriente y enterarse de sus conversaciones para poder comprobar si se trata de una forma de compensación relacionada con alguna carencia que esté sufriendo el niño, y no contrariarlo, ya que el amigo imaginario se relaciona con la circunstancia que está atravesando ese niño.

Algunos investigadores afirman que casi todos los niños han tenido un amigo imaginario en algún momento de su infancia pero que pudo haber pasado inadvertido por los padres y que posteriormente tampoco los mismos niños recuerdan.

Los niños no sólo pueden tener amigos imaginarios sino también animales, magos o superhéroes imaginarios, de todos los tamaños y a veces tan pequeños que pueden llevarlos en los bolsillos.

Los niños suelen considerar a sus muñecos o peluches compañeros imaginarios, con quienes pueden mantener una conversación y darles una identidad determinada.

Entre el 20 o 30% de los niños y jóvenes inventan un amigo imaginario; y aunque sirven para superar contrariedades, los niños maltratados o abandonados no los tienen, porque las experiencias traumáticas suelen bloquear la creatividad y el gusto por el juego.

En 1895, Clara Vostrovsky de la Universidad de Stanford, conoció a una joven que convivió con un grupo de amigos imaginarios hasta su adultez.

Las personas que tienen estas experiencias saben que su amigo no es real y que sólo existe para ellas.

Es importante diferenciar un amigo imaginario de una alucinación patológica producto de una psicosis, que en este caso se caracteriza por ser atemorizante y persecutoria.

Un amigo imaginario en cambio, se vive como alguien que ayuda y defiende, puede ser transformado, cambiado y manipulado y decidir cuánto tiempo va a durar.

Es curioso ver cómo estos niños suelen describir con mucho detalle las características personales de sus amigos imaginarios, que por supuesto también tienen nombre.

Un estudio realizado en la Universidad de Oregon dirigido por Marjorie Taylor, dio como resultado que el 70% de los niños entre 5 y 6 años, que tenían amigos imaginarios, eran hijos únicos o primogénitos, o sea niños que parecen empezar esa amistad porque se sienten solos.

Otro estudio demostró que los amigos imaginarios suelen aparecer en momentos de la vida en que se producen cambios importantes, como el nuevo embarazo de la madre, el nacimiento de un hermano, o si uno de los progenitores se ausenta del hogar por mucho tiempo.

Los amigos imaginarios también aparecen cuando los padres de un niño se separan o cuando cambian de domicilio y los obligan a perder a sus amigos.

Es evidente que los niños y también los jóvenes que tienen amigos imaginarios compensan los sentimientos de soledad, pérdidas afectivas o falta de atención.

Los niños imaginarios suelen desaparecer cuando el niño logra relacionarse con otros niños o cuando se adapta a su nueva situación luego de una pérdida.

Los ancianos pueden crear amigos imaginarios, principalmente cuando se quedan viudos; fenómeno que aún no ha sido bien estudiado.

El psiquiatra Kenneth Shulman tuvo tres pacientes de más de ochenta años que veían a sus cónyuges que habían fallecido, pero no deseaban compartir esta experiencia con sus familiares.

Fuente: “Mente y Cerebro”, No.49/2011, “Amigos imaginarios”, Inge Seiffge-Directora de psicología evolutiva en el Instituto Psicológico de la Universidad de Mainz. http:/psicologia.laguia2000.com

 

 
 
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La dificil mente de un adolescente

Todo padre que vio llegar a su hijos a la adolescencia se ha preguntado “¿qué pasa por esa cabeza?”, y es que suele burlar al más ingenioso lo que puede pasar por allí dentro. Un nuevo estudio, ilumina qué sucede en sus mentes entre los 11 y los 17.

Una investigación realizada por Ian Campbell, de la Universidad de California, justamente se centró en en ese rango de edad para estudiar las ondas cerebrales de esos niños mientras dormían. Pudo notar que se reducían significativamente, con respecto a las que tenían cuando eran más pequeños.

Los científicos creen que esto refleja un proceso de recorte que se da en el cerebro de los adolescentes durante esos años, donde las extrañas conexiones mentales hechas durante la niñez se pierden.

“Cuando un niño nace, su cerebro no está completamente desarrollado, y durante los primeros años ha una gran proliferación de conexiones entre las células nerviosas”, dijo Campbell. “Durante la adolescencia hay una poda de estas conexiones. El cerebro decide qué conexiones es importante mantener y cuales abandonar”.

Los científicos llaman a este proceso la poda sináptica, y especulan que el cerebro decide qué enlaces neurales mantener basándose en qué tan frecuentemente son usados. Las que no rara mente usadas, se eliminan. A veces, durante la adolescencia ese proceso se tuerce y se pierden conexiones importante, lo que lleva a desórdenes psiquiátricos como por ejemplo la esquizofrenia.

Se supone que esta poda sináptica ayuda al cerebro en la transición desde la niñez, cuando el cerebro puede aprender y crear nuevas conexiones fácil, a la adultez, cuando está todo más estable y estructurado, pero de esta forma se puede tener procesos de pensamiento más complejos.

Pero por ejemplo, si un niño recibe algún daño cerebral antes de los 10 años, otra área del cerebro puede hacerse cargo de las funciones del área dañada, mientras que si eso sucede a los 20, ya no hay posibilidad de adaptación, ya que el cerebro ha perdido flexibilidad.

Todo este proceso crea ciertos problemas en la mente adolescente, como por ejemplo que no pueden realizar muchas tareas a la vez, como los adultos sí pueden. También pasa en esta etapa que comienza una mayor empatía hacia los otros, y así comienzan también a medir cómo sus acciones no sólo los afecta a ellos mismos, sino a los otros. Algo que no hacen los niños pequeños.

Otro estudio también comprobó que los adolescentes todavía no sienten la culpa como los adultos, sino que es casi como si no usaran la región cerebral asociada.

Es una época difícil no sólo para los padres de los adolescentes, para ellos es muy complicada.

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Fuente: Livescience