Como decir NO y no morir en el intento.

Son muchas las tareas que tenemos pendientes en el marco de la comunicación interpersonal, pero quizá una de las más complicadas y que  adquiere gran importancia en el ámbito profesional  (y personal) sea el de la puesta en práctica de la asertividad.

El concepto de asertividad se emplea en referencia a una estrategia comunicativa que se ubica como intermedia de dos conductas opuestas: la pasividad y la agresividad.

La persona asertiva logra establecer un vínculo comunicativo sin agredir a su interlocutor/a, pero tampoco sin quedar sometida a su voluntad. Por lo tanto, puede comunicar sus pensamientos e intenciones y defender sus intereses de una manera adecuada.

Cuando una persona logra desarrollar la asertividad, refuerza su imagen positiva a nivel social, mejora la confianza en sus habilidades expresivas, obtiene una mayor satisfacción emocional y logra alcanzar las metas que se propone desde la comunicación.

Antes de darte algunas claves que puedan ayudarte a mejorar tu nivel de asertividad, definiremos primero los tres estilos comunicativos en los que nos movemos las personas normalmente.

  • Estilo pasivo: Es en general el de la persona que posee un estilo de comunicación inhibido, vive preocupada por  satisfacer a los demás y es incapaz de pensar en la posibilidad de enfrentarse a alguien en cualquier sentido. No se respetan a sí mismos y habitualmente anteponen los deseos y opiniones de los demás a los suyos propios. Además, presentan un miedo irracional, casi fóbico, a la posibilidad de ofender a los demás y ser rechazado. En ocasiones, es el miedo lo que se confunde con una apariencia de respeto.
  • Estilo agresivo: Al contrario que la persona que presenta un estilo de comunicación inhibido, la persona con un estilo de comunicación agresivo se caracteriza porque no sólo se preocupa por defender a cualquier precio sus derechos, sino porque su forma de defenderlos lleva aparejada la falta de respeto hacia los derechos de los demás. El estilo de comunicación agresivo conlleva, como característica general, el hecho de que implica agresión, desprecio y dominio hacia los demás.
  • Estilo asertivo: La persona con un estilo de comunicación asertivo, bien porque conoce sus características y las utiliza conscientemente o porque lo ha aprendido sin saberlo, es capaz de expresar sus sentimientos, ideas y opiniones, haciéndolo de forma que aún defendiendo sus propios derechos, se respeten de forma escrupulosa los derechos de los demás. Cuando hace esto, hace que los demás se expresen libremente.

Para poner en práctica nuestra asertividad, lo primero es:

1. Analiza tu estilo de comunicación. ¿Sueles expresar tus opiniones o te quedas callado/a? Debes analizar tu comportamiento antes de realizar cambios. Para ello te dejamos el siguiente ejercicio: te proponemos que realices un registro de acontecimientos, para que ante todo, tomes conciencia de cuál es tu estilo y puedas dar los pasos necesarios para modificarlo.

Anota  el tipo de pensamientos que los acontecimientos importante te suscitan.

No han de ser exactos, es suficiente con que describan más o menos la tendencia de tus pensamientos. Escribe la emoción que experimentas:  puede ser ansiedad, miedo, estrés, angustia, tristeza, rabia… Anota también la intensidad de esa emoción dándole un valor de 0 (nada) a 100 (muy intensa). A continuación observa un ejemplo de cómo se anota en la libreta.

Ejemplo asertividad2. Detección de pensamientos racionales e irracionales (o distorsionados). Para ello nos basamos en la teoría de las creencias irracionales de Albert Ellis (1977). De las 11 creencias irracionales, señalamos las tres básicas y comunes a todos/as.

Asertividad2

3. Modifica tu expresión verbal: habla  en primera persona. Utiliza en primera persona términos que expresen tus propias ideas, opiniones, emociones y sentimientos, tales como “pienso”, “siento” o “quiero”  Al utilizar el “yo” en tu diálogo, podrás emitir lo que estás pensando sin culpar a los demás. Por ejemplo, utiliza “yo no estoy de acuerdo” en lugar de la frase “Estás equivocado”. También es importante que emplees términos que implican colaboración para conseguir algo; del tipo“hagamos”, o bien preguntas encaminadas a la participación de los demás para conseguir la solución de problemas, tales como “¿cómo podemos resolver esto?”, “¿qué piensas?”, “¿qué te parece?”

4. Ensaya tu discurso  y visualiza. Si para ti es difícil expresar tus pensamientos, trata de practicar o de visualizarte en escenarios parecidos y trata de encontrar solución. Emítelo en voz alta o escríbelo en algún diario.

5. Utiliza el lenguaje corporal. Actúa con confianza. Mantén una postura erguida y haz contacto visual constantemente. Trata de tener una expresión facial neutral o positiva en todo momento.

6. Controla tus emociones. Si sientes que tus sentimientos se pueden apoderar de tus decisiones, espera unos segundos para calmarte contando hasta 10  y expresar tus pensamientos de una forma coherente y tranquila. Respira profundamente y emite una voz tranquila y firme.

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Fuente: Marta Bravo Rojo – Taispd.com

Disciplina en el Hogar durante la niñez

El manejo de la disciplina en el hogar durante las etapas tempranas de la vida constituye un factor importante en el desarrollo de adultos capaces de asumir y respetar los límites y normas que a lo largo de su vida tenga que cumplir, y además le permitirá adaptarse funcionalmente a la realidad y a cada una de las situaciones a las que tenga que enfrentarse y ser justo en las acciones que realice.

En principio lo fundamental al hablar de disciplina, es tomar en cuenta que su significado no debe usarse como sinónimo de reprimenda, castigo, gritos, maltratos… sino como un proceso a través del cual se enseña a los seres humanos a respetar… a entender las consecuencias de los actos… a dar y a recibir… y, por supuesto a adaptarse a una realidad que impone ciertos límites. Recuerden que ningún comportamiento de su hijo merece el maltrato, ni físico, ni verbal, conversen con sus hijos y explíquenle brevemente el porqué de las cosas que puede y no puede hacer… tomando en cuenta por supuesto la edad del niño y su nivel comprensivo. Así aprenderá a resolver sus problemas dialogando y llegando a un acuerdo. La violencia solo trae más violencia y la percepción de que ésta es la mejor e incluso la única manera de solucionar los problemas; además con ella se pierde el respeto hacia los padres y se genera el miedo como sentimiento prevaleciente en la relación.

Para llevar a cabo un método disciplinario hay que tomar en cuenta además, que es fundamental que ambos padres o representantes de cada niño estén de acuerdo con las normas a señalar y la forma de hacerlo, para que no existan confusiones y el niño no perciba incongruencias entre los límites que coloca un padre con respecto al otro; evitando así que se establezcan alianzas inadecuadas. Dentro de este punto es importante considerar que si en algún momento alguno de los padres no está de acuerdo con el otro en relación al manejo de la disciplina en el hogar, deberán conversarlo de manera íntima, sin desautorizarse delante del niño, ni involucrarlo en alguna discusión que surja de esta situación.

En el desarrollo de este proceso disciplinario se verán en la necesidad de señalar muchas veces lo que el niño no puede hacer, por lo que él tenderá a percibir que vive en medio de muchos “NO”: “No puedes hacer eso”, “No toques aquello” … y se sentirá limitado. Por esto es necesario tomar en cuenta que los niños como parte de su naturaleza tendrán curiosidad y necesidad de moverse libremente y, es importante comprender que ellos requieren de un espacio donde puedan jugar… para estar solos o para compartir con otros niños… un espacio donde puedan tener libertad de movimiento y de explorar su ambiente, para que puedan reconocer cuáles son las acciones que sí puede hacer y dónde. Cuando su hijo se encuentre abordando al año y medio de vida aproximadamente, seguramente tendrán que desarrollar aún más la paciencia para poder guiar su actuación sin desesperarse, puesto que ya para esta edad ha adquirido la autonomía necesaria para observar, tocar, sentir… por sí solo todo lo que le rodea; por lo que es recomendable hacer algunas adaptaciones al ambiente para prevenir accidentes, como por ejemplo: tapar los tomacorrientes, evitar el acceso a la cocina a través de alguna especie de rejilla, sacar de su alcance objetos que puedan ser peligrosos, entre otras medidas.

Cuando su hijo se encuentre realizando alguna acción que considere negativa, explíquele brevemente las consecuencias de lo que está haciendo y el porqué debe dejar de hacerlo, como se mencionó previamente, aunque sienta que es repetitiva, y luego distraiga su atención mostrándole otra actividad que sí puede hacer y, refuerce positivamente, con expresiones afectivas cada esfuerzo que realice el niño por apegarse a las normas.

Del mismo modo, los niños necesitan actividades, además de las escolares, que les permitan invertir su tiempo y desarrollarse en otras áreas: culturales, deportivas, sociales, artísticas…, según sus intereses y habilidades, ya que por lo general ellos tenderán a ocupar parte de su tiempo libre en otras cosas que los entretengan, y muchas de estas acciones pueden parecer “travesuras”. Es recomendable entonces que sus hijos puedan ingresar a algún tipo de estas actividades donde puedan explorar su ambiente con libertad y desarrollar sus potencialidades. Asimismo es sumamente importante que tengan un espacio de tiempo para compartir con sus padres, para conversar o jugar con ellos, no importa la cantidad de ese tiempo, sino la calidad de ese momento que decidan estar juntos.

Con paciencia, constancia y mucho amor sus hijos se adaptarán poco a poco a los límites y normas que deben seguir, y podrán respetarlos. Recuerden siempre que ningún extremo es bueno… ni la extrema exigencia y el maltrato… ni la total indiferencia y la permisividad ante todo lo que desee realizar el niño. La disciplina es importante manejarla con equilibrio y justicia… con respeto y amor… con paciencia y constancia… señalando no sólo las acciones negativas que realice su hijo, sino también cada acción positiva y felicitarlo por ello… expresándole y demostrándole siempre su afecto hacia ellos.

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Autor: Carelys Pachano de García – Psicologoinfantil.com

Dar y recibir cumplidos

Un cumplido sincero, dicho con satisfacción, puede proporcionar tanto placer al receptor que realmente es una lástima que a la mayoría de las personas le cueste tanto hacer algo tan sencillo. Adquiera la costumbre de hacer cumplidos, no los reserve para ocasiones especiales. 

Tanto si felicita a un compañero por el buen trabajo que ha hecho como si le dice a su hija que le encanta el dibujo que ha traído de la escuela, estará fomentando felicidad y sentido de realización en la vida de la otra persona. La energía positiva que se desprende del sentido de realización puede impulsar a una persona a llevar a cabo cosas aún más importantes en el futuro.

Volviendo de nuevo a la primera sección y al modo en que la educación y las circunstancias imbuyen en muchas personas el sentimiento de que son unas fracasadas, al ayudar a los demás a considerarse importantes puede propiciar la ruptura de un molde negativo que ha impedido el progreso de esa persona durante años. Y todo por un cumplido sincero.

Por supuesto, es importante que los cumplidos sean sinceros. El receptor pronto se dará cuenta si el halago es falso y dudará de su sinceridad (y por con siguiente perderá la confianza en usted), o pensará que va con segundas intenciones.

Si va a hacer cumplidos a otras personas también ha de aprender a aceptarlos. Muchas personas tienden a menospreciarse, a sentirse «indignas». ¿Cuántas veces ha oído a alguien responder a un cumplido con un comentario desvalorizador?


«Hoy te queda muy bien el pelo.»

«Oh, no, me queda fatal.»

Lo único que hace falta es un sencillo «gracias» y una sonrisa; así, tanto el que dice el cumplido como el que lo recibe estarán satisfechos.

Pueden ser cambios en su aspecto, conducta, rutina, metas o ideas. Las circunstancias, las opiniones ajenas y a veces los medios de comunicación han contribuido a nuestras ideas preconcebidas respecto a quienes nos rodean. 

Que un joven vista con cuero y botas de militar no significa que sea un posible delincuente, del mismo modo que una viejecita de cabellos plateados no tiene por qué ser dulce y agradable; no obstante, la costumbre de encasillar a las personas puede llevarnos a juzgar a la gente según su aspecto físico.

Si pretende convertirse en una persona asertiva, debe ponerse la meta de cambiar algunos aspectos de su carácter o de su vida. Puede cambiar su forma de vestir, ir a la escuela nocturna o cambiar su conducta en determinadas situaciones. Empiece ahora y elija algún aspecto de su vida que desee cambiar. Refuerce su compromiso escribiendo los detalles del cambio que está proyectando:

. ¿Qué cambio intento hacer?

. ¿Con qué problemas me voy a encontrar?

. ¿Cuáles serán los beneficios?

. ¿Cuándo voy a empezar?


LA COMUNICACIÓN

La persona asertiva es buena comunicadora, (que reconoce la importancia de la opinión ajena, sabe escuchar). Esto implica comprender no sólo lo que se dice, sino también la comunicación no verbal (lenguaje corporal). Tiene la capacidad de iniciar y mantener una conversación con calma y diciendo lo que verdaderamente siente.

Dado que la comunicación es tan primordial, es importante darse cuenta de que las «conversaciones insignificantes» también tienen su importancia. No hemos de estar siempre hablando de temas trascendentales. 

Las charlas triviales sobre el tiempo, las vacaciones o los niños son una forma de crear un vínculo con los demás. Las personas que no se pueden comunicar a este nivel sólo pueden «hablar a» en lugar de «hablar con». Puesto que a nadie le gusta que siempre le estén sermoneando, es fácil que se genere resentimiento en el receptor.



LA NEGOCIACIÓN

La capacidad de negociar es una de las características esenciales de la persona asertiva. Si el mundo fuera perfecto y todos fuéramos asertivos, la negociación y el compromiso serían mucho más frecuentes.

A fin de poder negociar en cualquier situación, es importante comprender a la otra persona. Al fin y al cabo tiene tanto derecho a tener su opinión como usted. Si tiene alguna indicación clara de sus sentimientos, demuéstrele que es consciente de ellos. Puede decir algo como: «Ya veo que eso te preocupa» o «Comprendo tu punto de vista». Si no está seguro de cómo se siente o de cuál es su postura, no tema pedir una explicación.

Pase lo que pase, incluso si la persona pierde los nervios o se emociona demasiado, conserve la calma. Si se da cuenta de que usted se está poniendo tenso, concéntrese en relajar los músculos, especialmente los de los hombros y las mandíbulas, que es donde más rápidamente se acumula la tensión. Respire profunda y rítmicamente, esto le ayudará a mantener el control.

Si va a negociar, tendrá que hacerlo desde una posición de fuerza, así que asegúrese de disponer de cualquier prueba que sea necesaria para respaldar su punto de vista. No permita acusaciones u opiniones superfluas sobre el tema que se está tratando duran te la conversación. Si la otra persona se va por las ramas, hágala volver al tema con educación pero con firmeza.

Es posible que llegue a un punto en el que considere oportuno proponer un compromiso. Esto nada tiene que ver con rendirse o ser pasivo. No vale la pena ser testarudo si no hay una buena razón para ello, y probablemente descubrirá que llegar a una solución satisfactoria para ambas partes era más sencillo de lo que pensaba, sin que sienta que se ha visto obligado a dar su brazo a torcer.

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Fuente: Elia Bernabeu – Centro de Psicología Elia Bernabeu

Pautas para mejorar las relaciones sociales infantiles

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En muchas ocasiones, cuando padres y madres acuden a buscar ayuda psicológica para sus hijos es porque han detectado un determinado problema: ha suspendido muchas asignaturas, tiene un comportamiento disruptivo o ha recibido un diagnóstico (por ejemplo, Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad) que requiere intervención.

Es frecuente que, asociado a este motivo que les lleva a consultar, aparezcan otras áreas asociadas sobre las que intervenir, ya que quizás estén generando cierto malestar para el niño o la niña. Es el caso de las dificultades en las relaciones sociales, que a pesar de que no suelen ser el principal motivo de consulta, aparecen con frecuencia en segundo plano.

¿Qué factores influyen en las dificultades para relacionarse de los niños?

Cuando nos relacionamos con los demás, uno de los factores más importantes que se pone en juego es la autoestima: si confiamos en nosotros mismos, podremos intervenir en las actividades con otras personas sin miedo a sentirnos juzgados (“¿qué pensarán si hago esto o lo otro?”, “¿habré dicho algo fuera de lugar?”). Lo mismo pasa con niños y niñas: una base sólida de autoestima y confianza en sí mismos les facilitará intervenir en juegos y actividades con el resto de compañeros, y poder disfrutar de ello.

Una base sólida de autoestima y confianza en sí mismos les facilitará intervenir en juegos y actividades con el resto de compañeros, y poder disfrutar de ello

 

De la mano de la autoestima va la asertividad (la capacidad de expresar lo que queremos o necesitamos y de defender nuestros derechos sin agredir ni someternos a la voluntad de otras personas), fundamental para unas relaciones sociales satisfactorias.

Otro de los aspectos a tener en cuenta es la capacidad de empatía. Poder reconocer los estados emocionales de los demás, ponernos en su piel e imaginar cómo se pueden estar sintiendo en una determinada situación, nos ayuda a hacer o decir determinadas cosas. Si tenemos dificultades en esta área, es posible que “metamos la pata” con frecuencia y los demás nos perciban de forma poco favorable. Además, esto conlleva que podamos sufrir ante determinadas situaciones, al no lograr entender los motivos del otro para hacer algo determinado.

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¿Qué pueden hacer los padres y madres?

Sin duda, esto es algo que puede entrenarse. Padres y madres pueden ayudar a sus hijos a poner en palabras aquello que en muchas ocasiones puede parecer obvio o incluso absurdo. Por ejemplo, si se está viendo una película en familia, las diferentes escenas donde les sucedan determinadas situaciones y experiencias a los personajes, son buenas oportunidades para ayudarles, diciendo: “Mira, el niño de la peli acaba de discutir con su amigo… ¿cómo crees que se estará sintiendo?”.

Si los padres no le dan mucha importancia a las relaciones sociales en el tiempo de ocio, posiblemente los hijos tampoco lo considerarán importante

 

En muchas ocasiones la respuesta será algo tipo “mal”. Ahí es donde los padres pueden aprovechar para decir: “claro, es normal que se sienta mal: seguro que está enfadado por la discusión, ya que su amigo no entendía lo que quería decirle… y es posible que también este triste y preocupado por si tarda mucho en hacer las paces con su amigo. ¿Qué harías tu si te pasara algo parecido?”. Así les ayudaremos a ampliar el abanico de sentimientos y emociones del que disponen, haciendo de su experiencia emocional algo mucho más rico, y esto les ayudará a comprender y manejarse mejor en las situaciones sociales.

Como para tantas otras cosas, padres y madres son modelos de referencia para niños y niñas, y su forma de relacionarse en lo social será determinante en cuanto al modelo de aprendizaje que se transmite a los hijos: si los padres no le dan mucha importancia a las relaciones sociales en el tiempo de ocio, posiblemente los hijos tampoco lo considerarán importante. También puede suceder que los padres sí le den importancia pero los hijos tengan dificultades. Es aquí donde hay que tener en cuenta los aspectos de los que hablábamos más arriba.

Será fundamental poder estar en contacto con el colegio y solicitar una tutoría con el profesor o profesora. Es en el centro escolar donde más horas pasan los niños, y por lo tanto, si existen dificultades de relación, lo normal es que aparezcan ahí. Pero, ¿por qué les cuesta relacionarse? ¿Los demás niños y niñas los incluyen en los juegos y nuestro hijo o hija es quien no quiere unirse, o es que los demás le dejan de lado? Si sucede una de estas dos cosas, ¿desde cuándo sucede? En muchos colegios mezclan las clases en según qué cursos, ¿ha sido a raíz de esto que está menos integrado en el grupo, o es algo que se arrastra desde lejos?

Cómo, dónde y con quién

A veces lo que sucede es que la mayoría de los niños de clase juegan a un juego que a nuestro hijo o hija no les gusta (por ejemplo, si es un chico y no le gusta el fútbol, posiblemente terminará estando con las chicas de la clase… y quizás con ellas tampoco tenga muchas en común). Sin embargo, es fundamental que se puedan respetar sus gustos y preferencias, y buscar otros lugares donde puedan desarrollarlos y compartirlos con otros niños y niñas a los que sí les gusten las mismas cosas.

Las actividades extraescolares en ocasiones representan buenas oportunidades para estar con un grupo diferente con el que se tengan otras cosas en común. Además, muchas de ellas fomentan la capacidad de relación social y pueden contribuir a mejorar áreas como la autoestima y seguridad en sí mismos (por ejemplo, el teatro, baile y danza, los deportes, etc.).

Asimismo, es fundamental poder reforzar aquellas áreas en lo relacional que sí que funcionan y son fuente de satisfacción. Por ejemplo, es posible que tenga dificultades con sus compañeros de clase, pero que tenga algunos amigos en la urbanización, o que se lleve y entienda muy bien con los primos. ¿Por qué ahí sí que se relacionan bien?

Aun así, y a pesar de poder reflexionar sobre los motivos que hacen que nuestro hijo o hija tenga dificultades a la hora de relacionarse, acudir a un especialista en psicología infantil puede ser, sin duda, de gran ayuda para poder trabajar todos los aspectos anteriormente citados, junto con los particulares de cada niño o niña.

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Fuente: Sandra Toribio – El Confidencial.com

Aprende a decir “NO”

APRENDER A EVITAR PROBLEMAS:

Muchas personas se caracterizan por ser serviciales y estar siempre a disposición de los demás, y esto sin duda puede ser una cualidad sin embargo en más de una ocasión estas personas suelen meterse en problemas por no saber decir que no.

Una de las principales características de la autoestima baja es no tener el valor de decir que no a los pedidos o requerimientos de los demás.

Cuántas veces habrás sentido RABIA CONTRA TI por haber aceptado dar o hacer algo que no querías, simplemente por no atreverte a decir que no.

También cuantas veces saliste perjudicado o perjudicada por decir que si, aún sabiendo de antemano que el pedido era abusivo.

Seguro que te arrepentiste infinidad de ocasiones y te juraste que de ahí en más ibas a aprender la lección, esa era la última vez que aceptabas complacer a los demás, pero sólo quedó en buenas intenciones.

PROBLEMAS COMUNES A DECIR A TODO QUE SI:

Muchas veces decir que si puede llegar a causarnos grandes perjuicios, dentro de los ejemplos más comunes tenemos aquel que comienza con la clásica frase: ”Préstame eso que luego te lo devuelvo”.

“Eso” puede ser los apuntes que sacaste en una clase mientras el otro no hacía nada, un libro que compraste con mucho sacrificio y necesitas para estudiar.

También están los famosos pedidos que consisten en préstamos de dinero, especialmente cuando lo necesitas para tus gastos y sabes que será difícil recuperarlo.

En muchos casos “eso” que prestaste vuelve en mal estado o simplemente nunca más lo ves y no sólo perdiste lo que era tuyo, sino que nuevamente tendrás que hacer un esfuerzo para comprar o reparar lo que otro disfrutó.

Pero no solo se trata de objetos o dinero, también están los favores, que pueden ser cuidar los niños o la mascota de alguien que va a salir, acompañar a una persona a donde no quieres ir, traer o llevar algo, hacer el trabajo de otro.

Y que decir sobre aquellos pedidos que te comprometen como cuando te dicen que mientas para proteger a otro o ponen en riesgo tu trabajo, posición y en algunos casos hasta la libertad.

La lista es infinita y a todos alguna vez nos sucedió algo similar, el problema es cuando continuamente estamos prestando nuestras cosas materiales o dedicando nuestro tiempo a otros por no animarnos a decir que no.

¿POR QUÉ NO DICES NO?

Existen muchas causas, la educación que te enseña que la generosidad es una virtud, por no parecer egoísta, por el afán de ayudar, etc, pero no son esos los verdaderos motivos.

  • Cuando tienes autoestima baja sobrevalúas a los demás, piensas que son mejores o más importantes y puedes sentirte un poquito importante cuando recurren a ti pidiendo algo.
  • Muchas veces se acepta complacer a los demás para no perder su amor, amistad o cariño, esto también está relacionado con la autoestima.
  • Otra de las causas puede ser el temor a al rechazo que supuestamente ocurriría si te niegas a hacer lo que te piden.
  • La autoestima baja puede estar relacionada con la timidez esto lleva a que de “vergüenza” decir que no.

APRENDER A DECIR NO:

  • Simplemente piensa que decir si o decir no son sólo fracciones de segundo, pero decir que no te puede ahorrar muchas preocupaciones y problemas.
  • No se trata de ser egoísta y no ayudar a quien realmente lo necesita sino de impedir que la gente se ABUSE de tu generosidad.
  • Piensa que si alguien te aprecia de verdad jamás te pediría algo que pueda perjudicarte, quienes realizan pedidos abusivos no son amigos ni gente que te quiere.
  • Si alguien se ofende porque le dices que no a lo que te solicita es porque su único fin al acercarse a ti era obtener un provecho por lo tanto no temas perder a esas personas.
  • Comienza a decir no, te costará un poco al comienzo pero es una buena forma de aumentar la autoestima y de valorarte, ya verás que cuando comiences a valorarte los demás te respetarán.

Existen una serie de reglas que te ayudarán a hacer más fácil este proceso de aprendizaje, algunas de ellas son las siguientes:

  • Evita todo lo que te perjudica.
  • No te dejes chantajear por nadie, ni tu familia ni tus hijos pueden extorsionarte para conseguir que hagas algo.
  • En lugar de decir no tajantemente y ponerte nerviosa, elige decir: “prefiero pensarlo”, en caso de que te presionen di “no” y no dejes lugar a dudas. Sé diplomática pero siempre firme en tu respuesta.
  • Respeta tus propios deseos.
  • Jamás toleres que te griten o maltraten por negarte a hacer algo.
  • Aprende a guardar silencio para evitar polémicas y no des explicaciones por tu negativa.
  • No llegues a la violencia, si una situación se sale de control salte del lugar inmediatamente.
  • Ensaya tu “nos” frente al espejo.
  • No justifiques tus decisiones.

Recuerda que si después de decir que NO PIERDES una amistad estás aún a tiempo de replantearte si esa amistad era sincera y valía la pena. NADIE que te respete y quiera reaccionará con indignación ante una negativa tuya, finalmente lo único que quieres es ser honesta contigo misma y con tus amistades.

 

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Autor y fuente: Habilidad Emocional