¿Qué es la coherencia cardíaca? Conexión entre corazón y cerebro

Numerosos estudios actuales demuestran que el corazón y la mente están relacionados biológicamente.

pvisual_inteligencia_emocionalEn la antigüedad, los filósofos y médicos consideraban al corazón como la sede de los pensamientos y el órgano director de todo el cuerpo. Sin embargo, esta concepción cambió en el SXVII cuando se descubrió que el latido del corazón servía para impulsar la sangre por el organismo.

Desde entonces, se ha pensado en el cerebro como el responsable del intelecto y las emociones y el corazón quedó relegado a ser visto como una simple bomba impelente, con la única función de mantener la sangre circulando por nuestras arterias y venas.

Sin embargo, en los últimos años, los hallazgos científicos han puesto en duda esta consideración y han revelado que el corazón tiene mucho más que decir y juega un papel clave en la vida emocional de las personas. Así, se ha comprobado que es un órgano altamente complejo, dotado de un sistema nervioso propio de más de 40.000 neuronas que se comunica de forma muy estrecha con las zonas del cerebro encargadas de la regulación de las emociones y la fisiología del organismo.

Gracias a esta conexión entre el corazón y el cerebro, el cambio en la actividad en uno de estos dos órganos puede ejercer un profundo impacto en el funcionamiento del otro.

De esta forma, no es sorprendente encontrarnos con que las emociones que sentimos se reflejen de una forma directa en nuestro ritmo cardíaco. Por ejemplo, ante el miedo, la ira o el estrés el corazón late de una forma caótica y altamente irregular. Pero como los lazos entre este órgano y el cerebro son recíprocos, esta desorganización en el ritmo de los latidos producida por las emociones negativas acaba afectando al cerebro y al resto del cuerpo, perjudicando y dificultando su correcto funcionamiento.

Y, por el contrario, con las emociones positivas el corazón adquiere un ritmo regular y armonioso que a su vez facilita la disminución del estrés y nos ayuda a alcanzar el equilibrio en la actividad del resto de los sistemas del organismo. A este estado de armonía en el ritmo cardíaco se le conoce con el nombre de Coherencia Cardíaca, en el cual los sistemas nervioso, cardiovascular, endocrino e inmune del organismo trabajan de una forma eficaz y óptima.

¿Cómo podemos entrar en el estado de coherencia cardíaca?

Lo verdaderamente interesante es que las personas podemos aprender a entrar voluntariamente en este estado de Coherencia Cardíaca a través del control de nuestro propio ritmo cardíaco. Aunque a simple vista nos pueda parecer imposible ser capaces de regular los latidos del corazón de una forma consciente, esto se alcanza de dos formas:

  1. Mediante el cultivo y el fomento de las emociones positivas, como los sentimientos de aprecio por las personas que amamos y las cosas que nos rodean.
  2. Y con el uso de herramientas que nos permitan observar nuestro ritmo cardíaco y entrenarnos en la Coherencia Cardíaca. Esto se puede hacer de una manera fácil empleando aparatos y programas informáticos de biofeedback. Estos dispositivos registran nuestros latidos y nos devuelven la información de una forma intuitiva y sencilla de comprender mediante gráficos en la pantalla de un ordenador y señales sonoras. De esta forma, podemos tomar conciencia sobre el funcionamiento de nuestro propio corazón y empezar a controlarlo a través de diversas técnicas de respiración e imaginación. Así, podremos observar los cambios en el ritmo de nuestros latidos en el mismo momento en que éstos suceden y saber cuándo estamos consiguiendo acercarnos al estado de Coherencia Cardiaca, reforzando y facilitando el aprendizaje de esta capacidad. Finalmente, seremos capaces de entrar en este estado de una forma rápida y sencilla cuando lo necesitemos, como ante una situación difícil, en momentos de alta tensión o estrés o cuando necesitemos rendir a un mayor nivel.

Aprender a entrar en el estado de Coherencia Cardíaca no sólo ayuda a controlar y gestionar el estrés y las emociones negativas como la depresión, la ira y la ansiedad,  sino que, además, facilita un mejor funcionamiento cerebral y tiene efectos positivos en la salud. Así, en varios estudios realizados el Entrenamiento en Coherencia Cardíaca ha mostrado ser beneficioso en la hipertensión arterial, en el asma o en personas que padecen fibromialgia, reduciendo el dolor y la depresión.

Pero la utilidad de esta técnica va mucho más allá: deportistas y ejecutivos también obtienen un enorme provecho mediante su uso, gracias al autocontrol y la mejora en el funcionamiento cognitivo que les proporciona.

Beneficios de la prática de la Coherencia Cardíaca:

  • Sensación de tranquilidad, paz y bienestar.
  • Reducción y manejo más efectivo del estrés y la ansiedad.
  • Pensar con mayor serenidad.
  • Conseguir mayor autocontrol y capacidad de decisión.
  • Reducir la fatiga e incrementar la energía.
  • Potenciar el funcionamiento del sistema inmunológico.
  • Mejora del estado de salud.
  • Tener un mayor control de las situaciones de tensión propias y las de otras personas.
  • Descenso de la tensión arterial.

 

Autor y fuente: Adrián Gaitán – mundopsicologos.com

 

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desQbre – ¿Sentimos todos el dolor con la misma intensidad?

Hace algunos años, el neurocientífico Bob Coghill y sus colegas de la Universidad Wake Forest de Carolina del Norte (EE UU) analizaron el cerebro de varios sujetos con ayuda de imágenes obtenidas mediante resonancia magnética nuclear mientras les sometían a un mismo estímulo doloroso, y comprobaron que cada persona tiene una sensibilidad diferente al dolor, y que no siempre está directamente relacionada con el daño recibido. El tálamo, la región que recibe el mensaje doloroso de los nervios, se activa en todos nosotros de manera similar. Pero una vez que la señal alcanza el cerebro “cada persona valora la información basándose en su experiencia previa, sus emociones y sus expectativas” explica Coghill.

Por otra parte, la anticipación del dolor hace que su intensidad aumente. Arne May, de la Universidad de Hamburgo, lo comprobó aplicando calor en el brazo de varios voluntarios durante seis días consecutivos. A la mitad de los sujetos les avisó de que el dolor se haría cada vez más intenso, y manifestaron experimentar la misma molestia cada día. El resto de los participantes, que no recibieron esta información pero se sometieron al mismo aumento del estímulo, curiosamente fueron sintiendo menos dolor a medida que transcurrían los días. A esto se suma que las palabras que usamos también pueden influir en la percepción del dolor. Por ejemplo, si describimos que el pinchazo de una vacuna va a ser “casi imperceptible” nuestro cerebro siente mucho menos dolor que si antes de aplicarla lo describimos como “horrible” o “desolador”, tal y como demostraba un reciente estudio alemán publicado en la revista Pain.

Fuente: “Muy Interesante” (Elena Sanz) – http://www.muyinteresante.es/isentimos-todos-el-dolor-con-la-misma-intensidad

¿Tienes la cabeza quemada? El efecto “burn out”


Tener la cabeza quemada, o el cerebro frito son algunas de las mejores formas de traducir el término “burn out” empleado para definir un tipo muy particular de estrés laboral.

Estamos acostumbrados a reconocer el estrés físico que nos provoca el trabajo, estrés relacionado con el cansancio que nos produce cumplir horarios, quedarnos horas extras para ganar unas monedas más o hacer el doble de tareas porque han echado a nuestro compañero de trabajo. Este estrés esta muy ligado a la fatiga que nos provoca ese aspecto del trabajo que tiene que ver con las obligaciones y la coerción externa.

Pero hay otro tipo de estrés laboral, conocido como burn out que hace referencia al desgaste emocional que nos provoca nuestro compromiso interno con el trabajo que asumimos.

La particularidad de este estado es que se juega en el plano de la relación emocional que se plantea con el trabajo y tiene mucho que ver con la forma en que han cambiado las relaciones laborales en los últimos tiempos.

Décadas atrás la gente, en general, trabajaba para ganarse así un sustento. La relación que primaba entre el trabajador y su trabajo o empleador era la económica, basada en la remuneración.

Actualmente la remuneración económica sigue siendo importante, pero ciertas empresas apuntan a generar con sus empleados un vínculo emocional basado en generar en el mismo un sentimiento de pertenencia a la empresa. Así los empleados son tratados como parte de una familia o club: se les invita a eventos deportivos, se otorgan premios especiales por logros, se proponen ámbitos distendidos de trabajo cambiando los horarios fijos por cumplimiento de objetivos.

En definitiva se les hace sentir queridos e importantes para la empresa. Lo que se genera es un vinculo de amor, la gente ya no trabajo sólo por dinero, sino por amor. Pero, para ser amado y seguir perteneciendo al lugar de trabajo la empresa no exige ni más ni menos que un compromiso total, una dedicación full time, una disposición absoluta.

Por ello el estrés que genera este vínculo se juega en el nivel emocional y resultado es el síndrome del burn out.

Samuel Lopez De Victoria, psicoterapeuta y colaborador de Psychcentral describe muy bien tres indicadores del burn out.

1-Percepción o sensación de inequidad y desvalorización: La persona comienza a sentirse poco valorada en su trabajo. No se trata tanto se sentirse mal pago sino de no sentirse apreciado por los pares o por los jefes, en relación a la importancia que ocupa uno en la empresa o lugar donde se trabaja.

2-Agotamiento emocional: Sensación de estar emocionalmente exhausto. Humor inestable, falta de energía y motivación.

3-Cinismo o paranoia: Comienzas a pensar que todos están en tu contra, que nadie te aprecia, que son todos trepadores, esperando a sacarte el lugar.

Si comienzas a sentir alguno de estos efectos, es buen momento para flexionar cual es tu relación con el trabajo o buscar ayuda en algún profesional.

Fuente: Psychcentral – http://psicologiayelser.blogspot.com.ar