Educar las emociones para la salud

Para conseguir una comunicación interpersonal adecuada, sobre todo en la relación médico-paciente, hay que sentir empatía y saber escuchar, preguntar, resumir y reforzar los mensajes

La comunicación interpersonal parece hoy subyugada a los avances tecnológicos de última generación. No obstante, los expertos advierten que saber expresarse y dialogar eficazmente con los demás es todavía más difícil que conocer todas las prestaciones de un teléfono móvil o un ordenador. Educar en este sentido no sólo mejora la relación entre profesionales de la salud y pacientes, sino que favorece que se cumpla el tratamiento prescrito. La clave está en el manejo de los componentes emocionales del malestar. 

Tanto en casa como en la oficina, muchos españoles se saben abrumados por el peso creciente de la tecnología punta en todo el ámbito de la comunicación. Sin embargo, para José Luis Bimbela, psicólogo adscrito a la Escuela Andaluza de Salud Pública (ESCA) y autor del libro “Gimnasia emocional”, es más difícil y mucho más complejo comunicarse con otras personas que manejar cualquier tecnología, ya que requiere un importante aprendizaje y entrenamiento a los que se dedica muy poco tiempo. 

Bimbela tomó parte el pasado junio en el VIII Congreso de la Sociedad Española de Electromedicina e Ingeniería Clínica, celebrado en Zaragoza, y abordó ante los profesionales de la medicina la necesidad de conjugar los avances tecnológicos con la comunicación directa con el paciente. 


Combatir la duda 

“Saber transmitir las ventajas que ofrecen las nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento, por ejemplo, crea una emoción positiva en el paciente y hace que aumente su confianza”. En opinión del experto, el profesional sanitario no debe escudarse detrás de una tecnología inaccesible, sino utilizarla en beneficio del paciente a quien, en definitiva, sirve. Éste, a su vez, ve aliviados muchos de sus temores o ansiedades con una breve explicación tranquilizadora sobre en qué consiste cada prueba, qué pasos se siguen y qué utilidad aportan al diagnóstico o tratamiento. 

Una buena comunicación entre profesional y paciente facilita un clima de confianza que prolonga el cumplimiento terapéutico 

“Cuando el profesional aclara las dudas que el paciente tiene con respecto a su diagnóstico o tratamiento, se crea una estrecha relación de confianza entre ambas partes y se establece un clima de confort”. Bimbela subraya que la relación entre profesionales sanitarios y pacientes ha variado durante los últimos años a consecuencia de una progresiva tecnificación de los hospitales y servicios asistenciales. 

Los clásicos saludos y preguntas sobre el estado de salud, muchas veces, se limitan a simples “póngase usted aquí”, “haga esto” y “ya le avisaremos” o “pida hora para una nueva visita”. En muchos casos, el paciente se somete a esa técnica por primera vez, se muestra nervioso o incluso asustado por el simple hecho de que se espera de él que sepa hacer bien algo que nunca antes ha hecho. 


Comunicar 

La mejora de esta relación comunicativa entre profesionales sanitarios y pacientes podría reducir la inoperancia a veces de los primeros y la sensación de miedo de los últimos, procurando a la vez un clima de confianza que prolongaría un cumplimiento eficaz de la prescripción terapéutica. Bimbela aclara que el paciente debiera siempre confiar en los avances de última generación, por cuanto se presupone que mejoran el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. 

En teoría, el profesional sanitario está obligado a explicar su funcionamiento al paciente -como lo está el vendedor de un aparato ante el cliente que se interesa por su compra-; pero el experto en gimnasia emocional confiesa que en la práctica no se hace siempre así: “Se confía a veces en que la máquina sea la gran salvación por el hecho de ahorrar explicaciones y tiempo, consiguiendo que el paciente tenga que entregarse a ella pasivamente”. Saber manejar las emociones crea cercanía, insistió, y una relación más estrecha con quien tenemos enfrente. 


Gestión de datos y emociones 

El uso de Internet hace que los pacientes utilicen esta herramienta con anterioridad a muchas visitas para informarse sobre síntomas, patología asociada y tratamiento correspondiente. De este modo, bien por no saber nada o por saberlo todo, la actitud de los pacientes se radicaliza en perfiles de muy exigentes o totalmente callados, y el profesional médico se convierte en mero prescriptor o negociador de un determinado tratamiento. “Debemos educar también a los usuarios del Sistema Nacional de Salud en el sentido de que es el médico quien mejor sabe interpretar y gestionar su enfermedad, pudiendo arrojar luz a muchas dudas planteadas” explica Bimbela. 

“Los profesionales sanitarios, por su parte, deben trasmitir emociones positivas y no dejarse contagiar de los comportamientos agresivos y las emociones negativas de los pacientes”. Cuando el profesional aclara las dudas que el paciente tiene con respecto a su diagnóstico o tratamiento, se crea una estrecha relación de confianza entre ambas partes, un clima de comodidad y tranquilidad. 

“Este tipo de comunicación positiva se circunscribe en realidad no sólo a los médicos sino también a los directivos de los sistemas sanitarios, a fin de gestionar las dificultades de organización del trabajo o de relaciones humanas con habilidades emocionales, de forma positiva”. Bimbela asegura que no existe una fórmula de procurar la mejor inteligencia emocional, pero reclama un abono periódico a tablas de ejercicios tales como preguntar, escuchar, “empatizar”, resumir, reforzar y “retroalimentar”.

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Fuente: Psicología y el Ser

Diez pautas para eliminar la “basura emocional”

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“La psicóloga Ciara Molina afirma que pensar en positivo nos hace actuar en positivo, y al revés”

El caso de la psicóloga Ciara Molina es excepcional. Ella misma cuenta cómo fue la primera sorprendida al ver el éxito de Psicologa Emocional en su perfil de Facebook. En él decidió mostrar una cara de su profesión mucho más amable y cercana, «que intentase llegar al corazón de las personas». Lo fue llenando de frases positivas, canciones optimistas, debates abiertos, pinturas… y consiguió crear una especie de consulta virtual donde todos participaban y se ayudaban los unos a los otros. «Me dí cuenta de la gran necesidad que tiene la gente de expresar sus sentimientos, e Internet resultaba un medio que, lejos de parecer frío, facilitaba este contacto desde la salvaguarda del anonimato si así se requería», explica. La demanda fue tan grande, que se animó a probar intervenciones terapéuticas a través de tres medios virtuales: correo electrónico, chat y videoconferencia.

La evolución fue bastante lenta al principio pero «había que perder el tiempo a esta nueva manera de aplicar la psicología». Hoy puede decir que tiene más de un millón de seguidores. «La gente tiene mucha necesidad de encontrar su equilibrio emocional y la página es un medio de fácil acceso donde poder expresarse y aprender sobre sí mismos», cuenta. Depresión, ansiedad, estrés… abundan entre las consultas realizadas. «Como psicóloga estoy acostumbrada a paliar estas dolencias pero, ¿no sería más interesante prevenirlas?» se pregunta esta profesional. Esta misma idea le ha llevado a escribir el libro «Emociones expresadas, emociones superadas», donde pretende enseñar toda una serie de técnicas que ayuden a las personas a gestionarse emocionalmente de una forma sana.

1. Pensamientos positivos o negativos, tú eliges. Según Molina, «los pensamientos negativos generan una enorme cantidad de malestar, y su manifestación común es la ansiedad». Los positivos, en cambio, provocan todo lo contrario a nivel emocional. Así, con afirmaciones positivas, lograremos modificar el pensamiento a través del uso del lenguaje. Se trata, prosigue esta experta, «de que te creas lo que te dices, no solo que te quedes con las palabras: “me quiero”, “me valoro”, “soy capaz”… Hay que animarse a potenciar aquello que quieres atraer y tu pensamiento abrirá el camino emocional que te ayudará a alcanzarlo», asegura.

2. Creando expectativas, acumulando frustraciones. Tendemos a fijarnos demasiado en lo que consideramos que nos hace falta, y esto nos dificulta poner atención en lo que somos, sentimos y pensamos en nuestro día a día. No podemos saber lo que v a pasar de aquí a cinco años, pero sí podemos gestionar adónde queremos llegar dando pequeños pasos desde el hoy. «La mejor manera de no excedernos en nuestras expectativas será establecer pocas y a corto plazo, al hacerlas alcanzables ganaremos confianza», asegura Molina.

3. La actitud determina el estado de ánimo. ¿Alguna vez has tenido la sensación de vivir un día pésimo desde que te levantas hasta que te acuestas? o, por el contrario, ¿no te ha pasado que de repente sientes que te comes el mundo y que todo lo que acontece a tu alrededor parece estar en sincronía contigo? «Lo que determina uno u otro es la actitud con la que nos enfrentamos a él», afirma esta psicóloga. «El mundo según lo vemos no es más que un reflejo de nuestro estado interior: cuanto más optimistas seamos a la hora de interpretar lo que nos pasa, mejor valoración haremos de nosotros mismos (autoestima) y mejor adaptación al medio tendremos. Por tanto, toda actitud positiva comienza por tener una autoestima saludable».

4. Voluntad sin acción es papel mojado. Cuando nos sentimos decaídos, lo primero que perdemos es la voluntad. «Sabiendo que la voluntad es nuestra capacidad para decidir si realizar un determinado acto o no, ¿por qué escoger quedarse en la oscuridad pudiendo ver la luz?», se pregunta Molina. Para tener una buen a predisposición a la acción voluntaria ella aconseja ser receptivo, priorizar los pasos, visualizar positivamente aquello que queremos que suceda…

5. Salir de la zona de confort, definiendo zona de confort como todo aquello que nos rodea y con lo que nos sentimos cómodos. ¿Cómo salir de la zona de confort? Molina aconseja al respecto explorar nuevos horizontes y dejar que la vida nos sorprenda. «Perder el miedo a avanzar, a descubrir nuevos mundos y buscar oportunidades que nos aporten nueva sabiduría. Cuando decidimos explorar más allá de los límites que nos autoimpusimos empezamos a entrar en lo que se conoce como la “zona de aprendizaje”».

6. Quiero, puedo, me lo merezco. «Tenemos que tener claro que lo que nos define no son las opiniones positivas que los demás puedan tener o las críticas a las que nos veamos expuestos, sino la valoración que hacemos de nosotros mismos. Es decir, de la autoestima», señala Molina.

7. Autoestima: camino al bienestar. Para hacer que mejore, esta psicóloga recomienda que «nos aceptemos, tengamos confianza plena en lo que hacemos, nos cuidemos a nosotros mismos, seamos autosuficientes emocionales, aprendamos a poner límites, realicemos autocrítica constructiva, sepamos que somos los únicos responsables de lo que nos pasa, nos dediquemos un momento al día solo para nosotros, y apostemos por el sentido del humor, entre otras muchas cosas que podemos hacer».

8. Aceptación, pero no olvido. No se olvida, se supera, dice Molina. «Superamos relaciones, miedos, malestares, frustaciones, pérdidas y heridas emocionales. Eso sí, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional y pensar constantemente en borrar nuestros recuerdos negativos no hará más que hacerlos más conscientes», afirma. Por eso para que un malestar se supere no podemos negar que exista, necesitamos admitirlo para cambiarlo», añade.

9. Críticas, ¿constructivas o destructivas? Lo que diferenciará que una crítica sea catalogada de constructiva o destructiva será la intención con la que se dice, las palabras que se escogen y la manera de decirla. «Pero por muy destructiva que sea la crítica, si no se le da importancia, no se vivirá como una ofensa». «Asimismo, cuando seamos nosotros los que formulemos la crítica, no debemos ser apresurados a la hora de opinar, debemos dejar claro el aprecio, basarla en el respeto, y expresarla en el momento adecuado… además de ser conscientes de que el otro tiene derecho a réplica», recuerda.

10. La comunicación, por último, como base del equilibrio emocional. Resulta imprescindible saber comunicarnos, entendernos y comprendernos los unos a los otros. Una buena o mala comunicación puede marcar la diferencia entre tener una vida feliz o tenerla llena de problemas. Para que la comunicación sea efectiva y emocionalmente sana partiremos de las siguientes premisas: Tendremos la actitud adecuada, nos centraremos en un tema en concreto, escucharemos con atención, nos expresaremos de forma clara y directa, diremos lo que pensamos y sentimos, aceptaremos la opinión del otro, no daremos nada por supuesto, preguntaremos, y seremos coherentes con lo que decimos y lo que expresamos de una manera no verbal.

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Fuente: Carlota Fominaya – ABC.es

 

 

El difícil arte de reinventarse: 12 estrategias para conseguirlo

Fue Charles Darwin quien lo dijo: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”. ¿Pero cómo sobrevivir cuando las variaciones son bruscas e inesperadas? En la actualidad buscamos respuestas incesantemente. Es lógico. Vivimos un periodo de grandes transformaciones. Y para sobrevivir, son muchos los que ya no tienen otro remedio: necesitan reinventarse.

wallpaper10Pero lo cierto es que hacerlo es algo verdaderamente difícil. Supone dejar de lado quién hemos sido hasta ahora y afrontar cambios radicales. Y no solo eso. En el camino también habrá que superar miedos, replantear ideas, conceptos, transformar objetivos, estructuras, comportamientos… Es ciertamente, un reto complicado.

El reto de reinventarse: Guía práctica para sobrevivir al cambio y salir fortalecido

Pero es posible tener éxito. La investigación ha dado pistas que pueden ayudarnos a salir victoriosos. Veamos algunas:

1. Hoy todos los expertos lo tienen claro. Para reinventarse es imprescindible tener las emociones negativas bajo control. Y el primer reto será vencer al Miedo. Los trabajos de Le Doux demostraron que el miedo paraliza. Posteriores estudios de empresa evidenciaron que el temor al fracaso, a cambiar de rutina al esfuerzo, es un importante bloqueador del cambio. Pero hoy contamos con evidencias que muestran que el miedo se puede superar. Es eficaz centrarse en resultados y en los medios. También hacer trabajar a la mente; imponerse deberes: salir todos los días a buscar oportunidades, visitar empresas con éxito… 

2. Pero el camino puede ser arduo y deberá vencer el desaliento, el pesimismo y la negatividad. Muchos estudios concluyeron que este tipo de sentimientos genera falta de activación. Además son peligrosos. Hoy sabemos que el pesimismo se contagia fácilmente. Y no solo eso; también que nuestras expectativas pueden llevarnos a tomar decisiones que nos hagan cumplir los malos augurios. Es el efecto de la “profecía autocumplida”. Así que si comprueba que la información le afecta, aléjese de ella. Evite lo que le transmita negatividad. Disciplínese. Es un ser único. Aunque a otros le vaya mal, si lucha podrá lograr sus objetivos.

3. Así que dedique sus energías a cultivar el optimismo. Hay muchas razones para hacerlo. Los estudios de Goleman demostraron que los optimistas poseen una fisiología de utilidad biológica para luchar contra la adversidad. La ciencia sugiere que para reinventarse debiera enfocarse en lo desea y desarrollar mensajes de aliento que den fuerza y confianza. Repetirlos frecuentemente: “necesito cambiar; voy a esforzarme por hacerlo y si insisto lo más seguro es que acabe teniendo éxito”. Sí. En el fondo es algo parecido al “Yes I can”.

4. Una vez con fuerza, es necesario evaluarse internamente. Pero según los expertos dedicamos poco tiempo a ello; un error. Para cambiar es imprescindible analizar nuestros puntos débiles. Pero sobre todo, analizar de qué recursos disponemos: ¿Tiene claros sus puntos fuertes, las capacidades que tiene, lo qué estaría dispuesto a hacer…? Haga lluvia de ideas. Seguramente tenga talentos en los que nunca ha reparado. Dedique esfuerzo a esa tarea. Escriba.

5. Seguidamente analice el exterior: ¿dónde pueden hallarse las oportunidades para reinventarse? Estudios con empresas y personas en paro demostraron que es muy importante trabajar la persistencia. Comprobaron la eficacia de imponer rutinas para buscar ideas. Disciplínese, trabaje a diario en ello, infórmese de la experiencia de quienes lo lograron.

6. Pero si desea reinventarse, sobre todo deberá favorecer la creatividad. La investigación confirma la importancia crucial de este punto y ha encontrado algunas formas eficaces para potenciarla:

  • Dedicar tiempo diario a pensar ideas novedosas
  • Retar a hacerlo
  • Hacer lluvia de ideas en equipo, raras
  • Buscar personas ajenas con otras perspectivas
  • Y si cree que pierde el tiempo, debe saber que Google dedica parte de la jornada laboral de sus trabajadores únicamente a “pensar”. Esto aún no es frecuente. Una pena. Parece rentable.

7. Y cuando tenga clara la estrategia, láncese al cambio. Impóngase un plan: Las investigaciones ofrecen algunas claves. Entre las que se mostraron más eficaces se encuentran:

  • Programar objetivos a corto plazo
  • Secuenciar acciones
  • Ser riguroso en el cumplimiento y seguimiento
  • Una vez emprendido el camino, procure no dejar días “de descanso”: dedique un tiempo fijo diario a su plan de cambio
  • Revise logros regularmente
  • Si no hay cambios a corto plazo cambie acciones u objetivos

8. Pero recuerde. Lo más importante para impulsar el cambio son las personas. Estudios con empresas demostraron que las que lograron transformarse, potenciaron la motivación, creación de ideas y el compromiso de los trabajadores. Damasio y otros demostraron que en todos nuestros actos y decisiones participan emociones. Las positivas reducen cansancio, mejoran aptitudes, creatividad y rendimiento. Se comprobó que los optimistas rinden entre el 65% y el 100 % más. Parece claro; trabajar emociones es algo clave en momentos de cambio.

Pero, ¿cómo hacerlo? La investigación ofrece claves valiosas:

  • La motivación aumenta enormemente con palabras de ánimo y reconocimiento o gestos: abrazar, saludar o sonreír.
  • El optimismo también puede mejorar. Estudios con empleados demostraron que lo hacían cuando creían que el avance dependía de ellos y que lo que hacían servía para algo. Por eso, conviene asignar responsabilidades e insistir en que lo que hacemos tiene un objetivo. Si no se viesen cambios es importante cambiar metas y acciones sin mucha demora.

9. Así que si trata de reinventarse, vele por sus emociones y su estado de ánimo. En una empresa delegue esta función en los líderes. Pero recuerde: en momentos de crisis no puede liderar cualquiera. Necesitan dotes contrastadas en inteligencia emocional; deben ser expertos en ofrecer aliento verbal, gestos, en gestionar tensiones. Si no lo consiguen, cámbielos.

10. Pero recuerde también que hoy sabemos de la importancia de contrarrestar momentos de cansancio y desaliento con experiencias positivas. Para ello, quede con amigos, programe experiencias que sirvan de refuerzo y satisfacción. En empresas, busque momentos de disfrute común. Se ha demostrado sobradamente el poder energizante de este tipo de  actividades.

11. Dedique también tiempo a la actividad física. Se ha demostrado que ayuda a liberar tensión y aumenta el aporte de oxigeno al cerebro. Además potencia las capacidades y el rendimiento global. En períodos difíciles acuda al gimnasio, pasee. Ya hay empresas con gimnasios para trabajadores. Gran idea.

12. Y recuerde: en todo este proceso, no olvide de reforzar y dar aliento constante. Cualquier persona puede transformarse, siempre que cuente con el aliento adecuado.

Después de todo, la ciencia parece demostrar que el secreto más poderoso del ser humano para sobrevivir a los grandes cambios se encuentra en las emociones. En ellas parece residir la clave para potenciar nuestra capacidad y mantener la fuerza necesaria para avanzar por este camino tan duro. Pero muchos lo consiguen y quienes logren el éxito sin duda habrán salido fortalecidos. Sólo con inteligencia nunca lo hubiesen logrado…

Fuente: Rocío Mayoral – blogs.elconfidencial.com

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desQbre- ¿Qué es la tristeza? ¿Estar triste es estar deprimido?

522240_385208998189252_272095272833959_1066836_1749980189_nLa tristeza ¿Qué imagen, sonido o sensación te genera esta palabra? De todas las emociones básicas del ser humano, la tristeza junto con el miedo, la ira, etc. son las llamadas emociones negativas. A diferencia de la alegría o el amor, como emoción positiva. En parte, le hemos extirpado a la tristeza su potencial positivo. Si comprendemos que toda emoción tiene su razón de ser y su finalidad positiva, no nos daría tanto miedo sentirlas, explorarlas y darles el lugar que les corresponde en el momento adecuado y con la intensidad que requiera la circunstancia vivida.

A veces la tristeza es apropiada a las circunstancias, otras veces se alimenta de pensamientos negativos, que nos llevan a “aumentar” innecesariamente nuestro malestar; afectando paralelamente nuestra delicada autoestima.

Es necesario y humano, permitirnos sentir la tristeza. Siempre y cuando la vivamos como un estado transitorio y no permanente. Cuando nos sentimos tristes y atrapados en nuestra tristeza, lo más importante es poder “darnos cuenta” de cómo nos sentimos, sin que intentemos buscar explicaciones, razones o justificaciones. Es necesario darnos permiso y tiempo para recuperarnos de algún episodio doloroso que, a veces, pasamos por alto para no sentir el dolor natural por una pérdida, despedida, un cierre, un final. El caso es que, tarde o temprano, nos cobrará factura y tendremos que “parar” y mirar a la cara lo que en verdad hay.

Esta es la intención positiva de la tristeza. Viene para ayudarnos a sanar. Viene a regalarnos un tiempo útil para la introspección, para expresar el dolor afectivo de una manera adecuada, adaptativa y sana.

¿Cuándo se transforma en un problema?

Cuando la dejamos estar más del tiempo necesario. O por el contrario cuando nos esforzamos para expulsarla, no sentirla; disfrazándonos de “fuertes”, de “yo puedo con todo” “yo para adelante”.

En algunas personas lo que en principio fue una emoción de tristeza, ha llegado a transformarse en una actitud frente a la vida… y en este punto merecería la pena revisárnoslo! ¿Para qué? Para cambiar de enfoque.

Sentir tristeza es es una opción…

Imagínate dos maneras distintas de posicionarnos frente a una misma realidad: – “¿Cómo es posible estar triste, siendo tan hermoso todo lo que me rodea?” – “¿Cómo es posible ser feliz, estando rodeado de tantos problemas, desdichas y maldad?”.

La decisión de ser o no feliz, de estar o no feliz, o por el contrario, de estar o no triste, de sentir o no tristeza, depende de nosotros/as mismos/as. Por suerte tenemos a nuestro alcance la posibilidad de elegir y decidir cómo queremos sentirnos.

Elegir suele ser difícil para algunas personas, más aún decidir. No basta sólo con elegir. La elección implica una preferencia y un ¿para qué? ¿Qué estoy buscando con esta actitud? ¿Para qué lo hago? ¿Qué quiero conseguir? Por otra parte la decisión es la que nos permite aplicarlo, llevarlo a la acción, ejecutar lo que hemos elegido. A veces pasamos mucho tiempo antes de decidir el qué hacer. Una manera de aplazar, de dejarnos estar sin cambiar.

Decidir no nos resulta nada fácil. ¿Por qué? Porque nos obliga a asumir una responsabilidad sobre nuestros actos, a sabiendas de que si algo sale mal, no tendremos a quien echarle la culpa. Entonces, ¿para qué hacerlo?

Para obtener la recompensa que nos da la libertad. Libertad para sentir, pensar y hacer lo que realmente queremos. Aunque parece ser que asumir la responsabilidad de nuestras decisiones (acciones) nos cuesta y mucho. Por eso nos encontramos con personas infelices, haciendo lo que otros dicen. Eso sí, con la tranquilidad de poder reprochar, culpar y poner fuera todo lo que no soy capaz de asumir y cargar. Es el precio que pagamos.

¿Que precio pagas tu?

Por no saber cómo o no querer hacernos cargo de lo propio es que “la tristeza y la infelicidad” van cobrando cada vez más protagonismo en nuestra sociedad. Comprender la necesidad de un cambio de actitud nos permitirá dar ese paso hacia delante. Es un proceso que lleva tiempo, esfuerzo y, según como elijas vivirlo, puede ser con dolor o placer, con tristeza o alegría. En definitiva, el camino a seguir es uno sólo, aquel que elijas y por el que tu apuestes. Mirar hacia atrás sólo debe servirnos para recoger las enseñazas que nos ha dejado.

Estar triste vs estar deprimido

Tristeza

–    Si has suspendido un examen que habías preparado con ahínco, has roto con tu pareja, o se ha muerto alguien querido experimentas diversos grados de tristeza, son sucesos dolorosos a los que reaccionamos con pesar, a veces, frustración, incluso enfado.

–     Sentir tristeza en situaciones desfavorables es una reacción natural, no implica ninguna patología. La mayoría de nosotros nos sentiríamos tristes en estas situaciones descritas. Al igual que sentiríamos alegría si logramos aprobar un examen, nos reconciliamos con alguien a quien queremos o un ser querido logra sale bien de una operación quirúrgica.

–    La tristeza es un sentimiento pasajero podemos estar unas horas o días tristes y luego esto se pasa. La persona puede seguir sintiéndose triste pero puede hacer frente a su vida. Mientras que en la depresión la persona no se ve capaz de hacer frente a su vida, se siente abrumado y desesperado.

Depresión

–    Sin embargo una depresión es mucho más que la mera tristeza, engloba un conjunto de síntomas. La persona con depresión clínica no tienen siempre una razón lógica para sus pensamientos de dolor, por mucho que amigos y familiares le exhorten a salir de su estado esta persona no es capaz, tal como un diabético no puede decirle a su páncreas que produzca más insulina. Necesita ser tratado.

–    La depresión persiste en el tiempo partiendo de unos 15 días hasta meses o incluso años.

Para diferenciarlos:

Como un estado de ánimo de tristeza es uno de los síntomas de la depresión pero hay más, con la presencia de cinco o más sistemas unidos son reveladores para el médico de que la persona atraviesa un estado de depresión.

Según el DSM IV , es la presencia de cinco o más de estos síntomas lo que revelan un trastorno depresivo

  • La persona sufre un estado de tristeza la mayor parte del día o casi todos los días durante al menos un período de dos semanas
  • Anhedonia o disminución del interés o la capacidad de placer por todas o casi todas las actividades. Lo que ante le gustaba ahora ni le motiva casi cada día
  • Pérdida de peso sin hacer régimen, perdida de apetito casi cada día. O todo lo contrario mayor ingesta calórica y aumento de peso casi cada día
  • Insomnio, apenas dormir o todo lo contrario hipersomnia aumento de la horas de sueño o incluso no querer levantarse de la cama casi cada día
  • Agitación o todo lo contrario enlentecimiento psicomotores casi cada día
    Sentimientos de culpa, desazón, ideas irracionales casi cada día
  • Fatiga, cansancio pérdida de energía a diario
  • Disminución de la capacidad de concentración de atención y de decisión a diario
  • Pensamientos o ideas recurrentes sobre la muerte, ideas suicidas

Los síntomas no son debidos a los efectos de haber toma una sustancia como un medicamento o drogas o por otra enfermedad médica.

En caso de duelo o pérdida de un ser querido, el trastorno depresivo puede estar en juego si los síntomas duran más de dos meses o se da un notable deterioro funcional, ideas suicidas, enlentecimiento psicomotor síntomas psicóticos. Es aconsejable que en estos casos acudas a un experto.

Otra explicación de “la tristeza” desde otro punto de vista, no el DSM:

 

Fuente: http://blog.emagister.com/2012/04/20/psicologia-la-intencion-positiva-de-la-tristeza/ – http://depsicologia.com/tristeza-o-depresion/

Inteligencia Emocional en la Salud

Es innegable, tanto desde la antigua intuición de los fundadores de la medicina, como desde las innumerables estadísticas de los últimos años, la influencia que tienen las emociones en la salud humana.

Las emociones positivas previenen enfermedades, o una vez que éstas se han manifestado, contribuyen a su curación, y las emociones negativas ayudan a contraer enfermedades.

Los datos clínicos a nivel mundial confirman los beneficios médicos de los sentimientos positivos y el poder curativo del apoyo emocional proporcionado por las personas que rodean a un paciente, desde los familiares más íntimos hasta los profesionales que trabajan en el área de la salud y tienen contacto con él.

El descuido por la realidad emocional de la enfermedad deja de lado un conjunto creciente de pruebas que demuestran que los estados emocionales de las personas pueden jugar a veces un papel significativo en su vulnerabilidad ante la enfermedad y en el curso de su recuperación, pero los cuidados médicos modernos a menudo carecen de inteligencia emocional.

Para el paciente, cualquier encuentro con una enfermera o un médico puede ser la oportunidad para obtener información, consuelo y tranquilidad; y, si no se maneja adecuadamente, una invitación a la desesperación. Pero con demasiada frecuencia, quienes se ocupan de los cuidados médicos actúan con precipitación o son indiferentes a la aflicción del paciente.

Por supuesto, existen enfermeras y médicos compasivos que se ocupan de tranquilizar e informar, además de administrar medicamentos. Pero también existe una tendencia a un universo profesional en el que los imperativos institucionales pueden hacer que el personal médico pase por alto la vulnerabilidad del paciente, o se sienta demasiado presionado para hacer algo por él. Una intervención emocional debería ser una parte corriente de la atención médica de todas las enfermedades graves.

Si los descubrimientos sobre emociones y salud significan algo, es que el cuidado médico que pasa por alto lo que la gente siente mientras lucha con una enfermedad grave o crónica ya no es adecuado. Ha llegado el momento de que la medicina saque un provecho más metódico de la relación que existe entre emoción y salud.

Lo que ahora es la excepción podría -y debería- formar parte de la corriente principal, de modo tal que todos tuviéramos acceso a una medicina más cuidadosa. Al menos eso convertiría a la medicina en algo más humano. Y para algunos podría acelerar el ritmo de la recuperación. ‘La compasión’, como le dijo un paciente a su cirujano en una carta abierta, ‘no sólo consiste en tomar a alguien de la mano. También es una buena medicina’.

(Carta abierta a un cirujano: A. Stanley Kramer, ‘A Prescription for Healing’, NEWSWEEK, junio de 1993).

Tal vez el testimonio más revelador de la capacidad curativa de los vínculos emocionales es un estudio sueco publicado en 1993. Todos los hombres que vivían en la ciudad sueca de Göteborg y que habían nacido en 1933 fueron sometidos a un examen médico gratuito; siete años más tarde, los 752 hombres que se habían presentado al examen fueron convocados nuevamente. De éstos, 41 habían muerto en los años transcurridos.

Los hombres que originalmente habían informado que se encontraban sometidos a una intensa tensión emocional tenían un índice de mortalidad tres veces mayor que aquellos que decían que su vida era serena y plácida. La aflicción emocional se debía a acontecimientos tales como un grave problema financiero, sentirse inseguro en el trabajo o quedar despedido del empleo, ser objeto de una acción legal o divorciarse. Haber tenido tres o más de estos problemas en el curso del año anterior al examen fue un pronosticador más claro de muerte dentro de los siete años siguientes de lo que fueron indicadores médicos tales como la elevada presión sanguínea, las altas concentraciones de triglicéridos en la sangre, o los niveles elevados de serum colesterol.

Sin embargo, entre los hombres que dijeron que tenían una red confiable de intimidad -una esposa, amigos íntimos, etc.- no existía ningún tipo de relación entre los niveles elevados de estrés y el índice de mortalidad. Tener a quién recurrir y con quién hablar, alguien que podía ofrecer consuelo, ayuda y sugerencias, los protegía del mortal impacto de los rigores y los traumas de la vida.

En ese sentido, y refiriéndose a los mecanismos de respuesta conductuales, los Dres. Bonet y Luchina, señalan: ‘Pensamos que la respuesta de un individuo no se da en el vacío. Está organizada en función de la situación dada, del contexto social, cultural, psicológico y biológico del individuo. En la respuesta están involucradas las características del estímulo, la codificación simbólica y cognitiva que determina las emociones del individuo, sus posibilidades fácticas y sociales (soportes, etc.) y el estado de funcionamiento de sus órganos y sistemas’.

(Dres. José Bonet y Carlos Luchina, EL ESTRÉS, EL ‘SÍNDROME X’ Y LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR, en PSICONEUROINMUNOENDOCRINOLOGÍA, Edit. Biblos, 1998)

Fuente: http://www.inteligencia-emocional.org

 

 
 

¿QUÉ ES SER FELIZ Y CÓMO PUEDO LOGRARLO? – ENTREVISTA A ENRIQUE G. FERNÁNDEZ-ABASCAL

 

Durante mucho tiempo, las emociones positivas, tales como la alegría, el amor, la felicidad, etc., han suscitado poco interés científico. Sin embargo, en los últimos años, se han recuperado del olvido, especialmente a partir de 1998 cuando M. Seligman inició su presidencia en la Asociación Americana de Psicología (APA). Efectivamente, a lo largo de esta última década, son muchos los investigadores que han iniciado el estudio científico de las emociones positivas o la llamada Psicología Positiva.

Probablemente, uno de los grandes retos a los que se enfrentan las personas en la sociedad actual es aprender a ser felices y a mantener la experiencia de emociones positivas. En España, existen múltiples grupos de investigación que han tratado de dar respuesta a éstas y otras preguntas con una exquisita rigurosidad científica. Enrique G. García-Abascal ha contado con los investigadores de mayor prestigio en el área y ha coordinado la publicación de todos estos avances en un nuevo libro, Emociones Positivas, que de una forma amena y entretenida, pero sin perder la rigurosidad científica, trata de explicar qué son las emociones positivas, cuáles son y para qué sirven, pero también analiza los procesos cognitivos que se asocian a ellas, su relación con la salud, y su importante labor en relación a los momentos adversos de la vida, el estrés, o los sucesos traumáticos.

Enrique G. Fernández-Abascal, catedrático de Psicología de la Emoción y la Motivación en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

ENTREVISTA:

Durante mucho tiempo, la Psicología ha estado anclada sobre todo en las emociones negativas. Sin embargo, desde hace unos años, las emociones positivas se han recuperado del olvido. En su calidad de experto en el área, ¿podría explicarnos por qué la Psicología Positiva o de las Emociones Positivas surge ahora y además con tanta fuerza, tanto en el campo más básico como en el aplicado?

La ratio entre las publicaciones que recoge el PsycINFO, desde 1887 hasta la actualidad, constatan que un 95% de ellas se han dedicado al afecto negativo y un escaso 5% al positivo. Las razones de este desequilibrio son varias, en primer lugar la mayor presión e interés por entender y paliar el sufrimiento humano asociado con el afecto negativo, y que sólo cuando se ha dispuesto de un bagaje consolidado de técnicas terapéuticas el interés se ha tornado por la prevención y las formas de disfrute asociadas al afecto positivo. Por otra parte, se encuentran las dificultades de medida de las emociones positivas, ya que todas ellas comparten muchos elementos comunes tanto en la comunicación no verbal, como en los autoinformes o en el afrontamiento, lo que ha dificultado su medida y discriminación, frente a las emociones negativas como el miedo, la ira o la tristeza que presentan elementos de medida mucho más fáciles de objetivar y diferenciar, lo que ha facilitado y primado su estudio, todo lo cual a su vez las convirtió en el prototipo del estudio de la emoción en el laboratorio, lo que limitó severamente la posibilidad de estudiar con esos procedimientos las emociones positivas. Por último, otra parte del interés por el afecto positivo proviene de las también recientes aportaciones proporcionadas por el estudio de la inteligencia emocional y especialmente el papel regulador que las emociones positivas ejercen sobre las negativas, lo que ha puesto de manifiesto las importantes funciones adaptativas que tienen las emociones positivas y que hasta ahora habían sido ignoradas.

En su opinión, ¿cuáles son las emociones positivas fundamentales?

Durante los primeros meses de vida la alegría, que surge cuando conseguimos alguna meta u objetivo deseado o cuando experimentamos una atenuación en un estado de malestar, es prácticamente la única emoción positiva con la que contamos, pero en la medida que el bebé comienza a desarrollar capacidades manipulativas y de interacción con el medio se desarrollan las dos familias de emociones positivas fundamentales en nuestra vida, las que tienen que ver con la presencia de otras personas, como el amor, y las que tienen que ver con la realización de actividades, como el disfrute o el fluir.

En relación a los últimos hallazgos científicos, ¿cuáles serían las diferencias más relevantes entre las emociones positivas y las negativas?

Las emociones positivas frente a las negativas presentan importantes diferencias, que en algunos aspectos parecen jugar papeles antagonistas, aunque no lo sean. Así, las emociones positivas tienen importantes efectos sociales que hacen que mejoren nuestras relaciones humanas, influyendo tanto en el establecimiento de relaciones interpersonales como en las expectativas que tenemos frente a las mismas; hoy sabemos que cuando predomina el afecto positivo actuamos de forma más prosocial, que se ve incrementada la probabilidad de ayudar a otras personas, que expresamos mayor agrado por los demás, que somos más generosos con los otros y con nosotros mismos, que actuamos de manera más cooperativa o que somos menos agresivos. Por otra parte, las emociones positivas también tienen efectos sobre nuestro rendimiento cognitivo mejorándolo, por ejemplo sabemos que nos permiten actuar de forma más creativa, que tomemos decisiones de manera más eficiente, que incrementemos nuestra motivación intrínseca o que nos hace ser más persistentes ante señales de fracaso. O, por último, otros importantes hallazgos tienen que ver con su influencia sobre la salud y los importantes beneficios que la aportan, así las emociones positivas nos hacen más resistentes al estrés, es decir, crean tendencia a percibir los potenciales eventos traumáticos en términos menos amenazadores, y sabemos que desde el procesamiento de los acontecimientos hasta la activación fisiológica en respuesta a los mismos es modulada por el afecto positivo reduciendo su posibles efectos patógenos.

De forma análoga al dilema “lloro porque estoy triste o estoy triste porque lloro”, ¿”sonrío porque estoy contento o estoy contento porque sonrío”? ¿Cuál es la evidencia empírica en relación a dicho dilema?

Se produce el “sonrío porque estoy contento” ya que sin duda la sonrisa es la manifestación distintiva de las emociones positivas, aunque no toda sonrisa es genuina y responde a una emoción positiva, incluso existen sonrisas falsas que intentan esconder una emoción negativa. Y también se produce el que “estoy contento porque sonrío”, ya que se encuentra avalado tanto el hecho de que manifestar una sonrisa incrementa la intensidad emocional, como que el simplemente hecho de tensar el risorio, como mera mueca, produce afecto positivo y es de hecho un método utilizado en el laboratorio con ese fin.

¿Qué es el “optimismo inteligente”? ¿Qué papel juegan los procesos y los componentes cognitivos en el optimismo o en las emociones positivas?

El optimismo inteligente o realista se refiere a un uso eficiente de nuestros recursos emocionales y a la ponderación de los elementos positivos que todas las circunstancias de la vida tienen. Ser optimista es una tendencia a esperar que el futuro nos deparará resultados favorables, y esto es fruto de nuestras experiencias anteriores y de las expectativas que tenemos sobre el futuro, y ambas condicionan directamente nuestro sistema de análisis emocional. Pasado nuestro primer año de vida, el mundo deja de ser un blanco y negro emocional, es decir, para un adulto las cosas no son totalmente positivas o negativas emocionalmente hablando, sino que todas las circunstancias tienen aspectos tanto positivos como negativos. Quien sólo ve los elementos negativos, o los positivos (como el optimista ingenuo), se pierde una parte de la realidad y tendrá dificultades para adaptarse a ella. En estas circunstancias, el pensamiento optimista se caracteriza por recordar los acontecimientos felices del pasado, minimizar el peso de los negativos, al mismo tiempo que selecciona la información actual de la manera más beneficiosa para su propia autoestima. Para ello sesga la memoria emocional, hace atribuciones autocomplacientes (sesgo autocomplaciente) y crea una ilusión de control. Es decir, el optimismo actúa sobre los principales mecanismos de valoración emocional, que se basa en los sesgos en el procesamiento de los acontecimientos.

Actualmente, los problemas que se presentan no suelen amenazar la supervivencia, y, sin embargo, la reacción emocional es la misma que antaño, lo cual facilita la aparición de trastornos de ansiedad, estrés, etc. ¿Qué potencial podría tener para los tratamientos psicológicos incluir un componente para el entrenamiento sistemático de las emociones positivas?

No es del todo correcto pensar que no vivamos rodeados de peligros, aunque estos sean evolutivamente muy diferentes de los que padecían los primeros humanos. Un conductor que pierde el control de su coche y nos enviste, el aire que derriba una cornisa cuando paseamos por la calle o un escape de gas en nuestra propia casa, son amenazas presentes a las que nuestro sistema emocional puede y tiene que dar respuesta, y del que dependemos para sobrevivir. Incluso no se puede pensar que ya no vivamos rodeados de depredadores, ya que lo hacemos del mayor depredador de toda la evolución, el ser humano. Desde un atraco hasta un atentado terrorista o una guerra, nuestra vida depende muchas veces de nuestra capacidad de reacción emocional.

Además, emociones negativas no son sinónimo de malas, si manipuláramos genéticamente al ser humano y le suprimiéramos las emociones negativas, simplemente no sobreviviríamos ni como personas ni como especie. Muchas de las cosas “positivas” que hacemos están motivadas por emociones negativas, así cuando estamos enfermos vamos al médico por miedo al sufrimiento y a la muerte.

El problema de los trastornos de ansiedad y estrés tiene más que ver con un incorrecto procesamiento y regulación emocional, en este caso, al contrario de lo que hemos comentado en el optimismo, se crean sesgos emocionales que focalizan nuestra atención en las amenazas, sesgan nuestra memoria haciéndonos recordar sólo aspectos catastróficos y sesgan negativamente la interpretación que hacemos de los acontecimientos. Ante este cuadro sin duda las emociones positivas presentan el mejor antídoto, ya que entre sus características están las de proporcionar una atención más global, un acceso a la memoria antagónico y proporcionar una interpretación de las consustancias más realista. Pero esto no siempre es posible ya que, por ejemplo, la depresión está asociada a una anhedonia lo que limita severamente su uso como medida terapéutica, y en los trastornos de ansiedad la persona debería contar previamente con un robusto repertorio de emociones positivas, ya que en los momentos de crisis es muy difícil su creación. Cuando nos encontramos en una situación de emergencia emocional, es difícil desarrollar nuevas emociones de signo hedónico contrario al que estamos involucrados, sólo en los momentos en los que no tenemos ninguna demanda emocional es cuando estamos en condiciones óptimas para el desarrollo de éstas. Así pues, un entrenamiento sistemático en emociones positivas tiene su ubicación más en la prevención que en el tratamiento. Pero si ya existe un repertorio previo de emociones positivas, su empleo tiene efectos reguladores realmente importantes. Si alguna vez has tenido un dolor de muelas, puedes haber observado que éste es mucho menor cuando estamos rodeados de un grupo de amigos y nos divertimos, que cuando estamos solos contemplando nuestro propio dolor.

Parece que existen datos empíricos que evidencian que el humor mejora la salud, que el optimismo ayuda a superar el estrés, o, en general, que las emociones positivas son un factor de protección para la salud psicológica y física. Sin embargo, ¿cuál es la situación actual respecto a la validación empírica de tratamientos psicológicos para desarrollar las emociones positivas?

Creo que parte de esta pregunta ya te la he contestado en la anterior. Considerando que la salud es algo más que la ausencia de enfermedad, es obvio que las emociones positivas juegan un importante papel en la misma. Los resultados de los estudios de mortalidad evidencian una asociación entre afecto positivo y supervivencia. Así mismo, el afecto positivo es de especial importancia en el bienestar de las personas sanas por encima de los 55 años. Y en los estudios de morbilidad se ha encontrado, casi unánimemente, que el afecto positivo está asociado con menos riesgo de enfermedad y de lesiones, y generalmente con mejor salud; ambos tipos de estudios, los de corte transversal y prospectivos, que relacionan afecto positivo y enfermedad apoyan unánimemente esta asociación. Por contra, en cuanto a la supervivencia, son escasos los estudios existentes, y aunque parecen apuntar en esa dirección, aún hay poca consistencia en sus resultados. Respecto a la validación empírica de tratamientos específicos desarrollados con esta finalidad, los estudios son escasos, solo abordan objetivos parciales y la dificultad implícita de los estudios prospectivos, hacen que esta sea la nueva frontera de este campo de estudio.

Vivir el presente, disfrutar de las pequeñas cosas, cuidar las relaciones sociales, etc., son las recetas para ser feliz. No obstante, ¿es posible aprender a disfrutar de la vida? ¿Cómo habría de aplicarlo un psicólogo a un paciente de su consulta?

No sólo es posible aprender a disfrutar de la vida, sino que es necesario hacerlo. Ya que frente a las emociones negativas con las que nacemos más elaboradas, las positivas es necesario aprenderlas y practicarlas. Somos el organismo más capacitado para disfrutar de la vida, y por ello las emociones positivas son procesos más abiertos y versátiles, lo cual abre un abanico casi ilimitado de las actividades con las que podemos disfrutar. Se trata de emociones más personales que las negativas, no solo por las diferentes condiciones desencadenantes, sino por la propia variedad de los procesos que implican en cada persona. Un ejemplo claro puede ser el humor, no a todo el mundo le gusta lo mismo, según maduramos van cambiando las cosas que nos hacen reír y no todas las personas tienen la madurez suficiente para entenderlo. El procedimiento más elaborado para su aplicación clínica es el desarrollado por Peterson y Seligman, que cuenta con instrumentos como el “VIA de fortalezas personales” para determinar cuales son las capacidades que pueden ser objeto de entrenamiento, ya que no todos disfrutamos con lo mismo ni estamos capacitados para disfrutar con cualquier actividad, y una vez realizado el diagnóstico sobre las 24 fortalezas nos da las pautas de cómo trabajar sobre ellas para su desarrollo.

En cierto sentido, la Psicología Positiva o de las Emociones Positivas, es un área relativamente joven. ¿Qué retos se plantean los especialistas en este campo para el futuro?

Sin duda aún queda mucho por hacer, personalmente hay un tema que me interesa especialmente y que pienso es un condicionante para el futuro desarrollo de este campo. Me refiero a la intensidad de las emociones positivas, la mayoría de las investigaciones están realizadas con emociones de baja intensidad y por generalización se han asignado los beneficios del afecto positivo al pequeño disfrute cotidiano, y en ese sentido se han desarrollado los propios procedimientos de actuación; pero tenemos antecedentes en la literatura psicológica de que una sola emoción de alta intensidad no sólo puede tener los mismos efectos, sino una mayor duración temporal, como las experiencias pico que postuló Maslow o los propios efectos que aparecen en el fenómeno de crecimiento postraumático. Esto podría suponer un cambio radical en los procedimientos de actuación y en los campos de aplicación.

Fuente: http:/www.infocop.es/view_article.asp?id=2234&cat=5