¿Qué es la procrastinación? … muy común hoy en día.

La procrastinación es un complejo trastorno del comportamiento que a todo el mundo nos afecta en mayor o menor medida. Consiste en postergar de forma sistemática aquellas tareas que debemos hacer, que son cruciales para nuestro desarrollo y que son reemplazadas por otras más irrelevantes pero más placenteras de llevar a cabo. Es asumida popularmente como simple “pereza”.

Afecta a multitud de perfiles (el ejecutivo que aplaza una y otra vez una reunión porque la prevee conflictiva, el estudiante que aplaza indefinidamente el estudiar para sus exámenes,etc.) y cada vez más se está convirtiendo en un serio de problema que afecta a al salud psicológica de los individuos y, por ende, a la salud social de una comunidad.

La procrastinación es un fenómeno que se ha descubierto de tal complejidad que resulta difícil analizarlo, por las complicaciones que presenta en identificar sus orígenes así como las muchas relaciones causa-efecto que se realimentan entre sí. Todo esto dibuja un cuadro polifacético que resulta muy complejo de analizar. En este artículo sin embargo voy a intentar al menos “darle una puntilla” al asunto, con la ayuda de algunas referencias que existen dentro de la literatura científica sobre el tema.

La procrastinación se manifiesta ante todo como una pésima gestión del tiempo. El “procrastinador” suele o bien sobrestimar el tiempo que le queda para realizar una tarea, o bien subestimar el tiempo necesario -según sus recursos propios- para realizarla. Éstos son solamente un par de los muchos autoengaños en los que el procrastinador incurre. Como veremos más adelante, una de las actitudes típicas de un perfil determinado de procrastinador es la excesiva autoconfianza., una falsa sensación de autocontrol y seguridad. Por ejemplo, imaginen que se nos da 15 días para presentar un informe. En nuestro fuero interno estamos convencidos que solo necesitaremos 5 días para hacerlo, incluso menos. En ese momento pensamos “hay tiempo de sobra, no es necesario ni siquiera empezar a hacerlo!”. Y se posterga día tras otro una tarea que no solamente no nos ilusiona hacer, si no que, en cierta manera “ya hemos terminado” en nuestra mente confiada cuando ni siquiera hemos movido un dedo por ella. Al acercarse el plazo de entrega de forma peligrosa, de repente, nos damos cuenta de que no seremos capaces de cumplir con la tarea que se nos ha asignado. Entonces pensamos “No tengo esto bajo control, no tendré tiempo!!” y comenzamos a trabajar en ello de forma atropellada, con una gran carga de estrés. En ese momento aparece en escena otro autoengaño, y es el aquél de “Solo bajo presión trabajo bien”. Lógicamente, porque realmente no hay otra opción en ese punto!.

Frecuentemente esta actitud y manera de proceder es típica de personas que confían mucho en sus posibilidades. Si, además, es realmente así -la persona tiene realmente esas capacidades- es posible que el final de la historia sea que aquella tarea se entregue en el plazo y con unos resultados óptimos. Esto envía un mensaje aparentemente erróneo al procrastinador (“mira qué nota he sacado a fin de cuentas!”) que observa como ha obtenido una recompensa a su forma estresada de trabajar; por lo que reiterará en su conducta, aunque ésta siempre le traiga ansiedad y problemas en general.

Las causas o motivos que pueden llevar a una persona a padecer de procrastinación son tan diversos y complejos que resultaría muy correoso plasmarlos en un solo artículo. Hay personas que “procrastinean” de resultas de un estado depresivo (la depresión conduce a estados de letargo). Otras en cambio son amantes del perfeccionismo, y ésto las priva de empezar a realizar proyectos porque temen que no podrán hacerlo tan perfecto como ellas desean, y por lo tanto pierden la motivación. También una baja tolerancia a la frustración ayuda a “dejar las cosas de lado”, por miedo a que nos desborden y por tanto por miedo a cómo nos sentiremos entonces.

Otro perfil muy distinto sería el de aquellas personas muy activas que disfrutan gestando ideas, pero que no pueden finalizarlas porque enseguida se distraen generando ya la siguiente; y postergan así decenas de tareas que obviamente no tienen tiempo para completar. Y eso solo mencionando una minúscula porción de los muchos perfiles de procrastinador que se pueden encontrar. Seguramente usted que está leyendo estas líneas se haya visto identificado en alguna de las frases de este artículo. Se habrá recordado a sí mismo leyendo el diario en la oficina con una lista de tareas por hacer, yendo a la cafeteria justo en el instante en que se propuso empezar un proyecto, navegando por internet mientras su teléfono sonaba con un cliente/jefe incómodo al otro lado llamando… etc.

El hecho de que sea un mal muy extendido y que se trate de un fenómeno de por sí fascinante por su complejidad y riqueza de matices, hace que merezca la pena su estudio, tanto a nivel académico -que ya se viene realizando- como a nivel individual y colectivo. Si así lo cree, le agradecería que invirtiera unos segundos en dejar un comentario a este artículo con sus reflexiones y peticiones de continuidad de este tema en Society of 2000. Con la venia de su propia procrastinación, por supuesto ;-P

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Fuente: Panama – Society of 2000

Hoy no tengo ganas de nada. ¡¡¡Ni de levantarme de la cama!!!

Hay días en los que nada más abrir los ojos, nos decimos, hoy no tengo ganas de nada. Son días en los que nos invade esa apatía y nos desanimamos. A algunas personas les afecta mucho el tiempo que haga, y nos dicen “es que los días tan grises no me gustan nada”, otras sin embargo se ven afectadas por situaciones personales y nos cuentan “qué más dá, para qué esforzarse tanto”, ya sea por una situación de desempleo, por una ruptura en una pareja, o por no tener una ilusión clara por la que luchar día a día.

Os presentamos este vídeo, del Doctor Mario Alonso Puig, en el que nos habla de esa apatía, entendida como la desgana, la falta de motivación, la dejadez y la desidia.

¿Y qué podemos hacer en esos días que no tenemos ganas de nada?

Tal y como nos presenta este autor, para evitar que nos invada esa apatía, o incluso si aparece de improvisto hay que hacerle frente cuanto antes. Se han de tener en cuenta dos aspectos.

1. LOS COSTES DE ESA APATÍA Y DESGANA.

Todo el tiempo que pasamos con esos pensamientos de pereza, de no querer hacer nada o lamentándonos, es un tiempo que estamos perdiendo, es un coste que aunque no nos demos cuenta, debemos asumir. En tu día a día, tendrás tu vida más o menos organizada sabiendo lo que vas o no vas a hacer. En esos días, si te permites no hacer nada por esa desgana, vale, hazlo….. pero asume los costes.

Y me dirás… si claro, pero con esas pocas ganas es muy difícil ponerse en marcha, efectivamente así es, yo no te lo voy a negar, porque sé que es más complicado, pero ni imposible ni irrealizable. Aunque te sientas así ponte en marcha, quizás no a ese 100% que llevas en tu rutina diaria, pero hazlo, si sueles salir a hacer deporte, hazlo igualmente aunque estés menos tiempo y te vuelvas antes.

2. BUSCA TU MOTIVACIÓN.

Todos tenemos una ilusión, siempre hay algo (los hijos, el trabajo, un proyecto en el extranjero, la pintura, el próximo festival de cine clásico al que irás), ese algo sabemos identificarlo muy bien, ya que cuando estamos en ello, el corazón nos late a mil por hora, estamos motivados, disfrutamos con eso que hacemos.

En esos días de desgana, siéntate y piensa en eso que te gusta tanto, eso que quieres conseguir y programa las cosas que harás, al igual que en el punto anterior, puede que no des el máximo, pero seguro que te animarás al pensar en las cosas que quieres conseguir. En la terapia online, trabajamos mucho con la agenda, que la persona tenga su agenda y escriba todo aquello que quiere hacer, mira como vas tachando todas esas pequeñas acciones que te has programado, y te generará un sentimiento de bienestar, ya que estás haciendo las cosas que te has propuesto.

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Fuente: Carmen Berzosa – Psicologia del Cambio