La empresa con inteligencia emocional

“La inteligencia emocional puede proteger la salud y fomentar el crecimiento de las organizaciones. Si una empresa tiene las aptitudes que broten del conocimiento de uno mismo, la autoregulación, motivación y empatía, habilidad de liderazgo y comunicación abierta, es probable que sea más adaptable a lo que el futuro traiga” – Goleman.

Goleman concluye su libro: La inteligencia emocional en la empresa. (1999), con una sección que titula “La organización dotada de inteligencia emocional”. La inicia con los resultados de diferentes encuestas de evaluación de empresas que reflejan“algunas brechas asombrosas en lo evaluado”. Estas “brechas” señalan que “se desaprovechan posibilidades de reflexionar sobre lo que torna efectiva a una organización y sobre las maneras de diagnosticar las fallas en el desempeño”. Entre las deficiencias más notables que señala están, los déficits en las siguientes esferas:

  • Autoconocimiento emocional. Obtener una lectura del clima emocional, según afecte al desempeño.
  • Logro. Revisar el ambiente en busca de datos cruciales y oportunidades para emprendimientos.
  • Adaptabilidad. Flexibilidad frente a desafíos u obstáculos.
  • Autodominiov. Desempeñarse con efectividad bajo presión, en vez de reaccionar con pánico, cólera, o alarma.
  • Optimismo. Flexibilidad frente a los contratiempos.
  • Empatía. Comprender los sentimientos y perspectivas ajenas, ya sean clientes o miembros internos.
  • Conciencia política. Entender las tendencias económicas, políticas y sociales cambiantes.
  • Influencia. Capacidad para las estrategias de persuasión.
  • Creación de vínculos. Fortaleza de los lazos personales entre personas y partes de la organización muy alejadas entre sí.

Destaca que, una manera casi siempre ignorada, de medir la viabilidad de una organización es observar los estados emocionales típicos de quienes trabajan allí. La teoría de sistemas dice que, ignorar cualquier categoría de datos significativos es limitar el conocimiento y la reacción. “Sondear la profundidad de las corrientes emocionales de una organización puede rendir beneficios concretos” , concluye.

Desde la perspectiva del trabajo, los sentimientos tienen importancia en la medida que faciliten o dificulten la búsqueda del objetivo común. En demasiadas organizaciones, las reglas básicas que marginan las realidades emocionales apartan nuestra atención de esa dinámica emocional, como si no tuvieran importancia. Entre los problemas que ocasiona esto, señala: decisiones que desmoralizan; dificultad para manejar la creatividad y tomar decisiones; ignorar el importante valor de la actividad social; incapacidad de motivar, mucho menos inspirar; vacías declaraciones de objetivos; liderazgo según el contexto, pero falto de energías y de impulso; actitudes pesadas y aburridas en vez de espontaneidad; falta de espíritu de equipo; grupos que no funcionan.

Empresas que fracasaron

Goleman relata algunos ejemplos de empresas que fracasaron pensando que podían resolver sus problemas mediante nuevas tecnologías y estructuras, cuando en realidad sus problemas “eran humanos”. Otras, que asumieron retos importantes, aplicaron otros enfoques: “El equipo gerencial utilizó muchos métodos de organización en aprendizaje, incluido uno para “desaprender” hábitos coloquiales defensivos” . El método es sencillo: en vez de discutir, las partes acuerdan explorar mutuamente los supuestos en los que basan sus puntos de vista.

La conclusión que extrae es que, la práctica de aprender a expresar lo que pensamos y sentimos (sin decirlo en voz alta) nos permite comprender los sentimientos y supuestos ocultos, que pueden crear resentimientos inexplicables y desconcertantes bloqueos.

Además de requerir autoconocimiento para rescatar esos pensamientos ocultos, la tarea depende de otras aptitudes emocionales como: empatía, la capacidad de escuchar con sensibilidad el punto de vista ajeno, y habilidades sociales, para colaborar productivamente en explotar las diferencias disimuladas que afloran.

La falta de estímulo al diálogo abierto entre sus integrantes reveló, en una organización investigada, que el desempeño no mejoraba, por factores como:

  • El temor a equivocarse, y sus posibles consecuencias, hacía que la gente retuviera información.
  • La necesidad de control de los jefes impedía que la gente del equipo aprovechara bien sus habilidades.
  • El recelo estaba muy extendido; cada uno pensaba que los otros no ayudaban y no eran dignos de confianza.

En condiciones como estas, se torna esencial la inteligencia emocional. Para lograr que un grupo supere el miedo, las luchas de poder y el recelo se requiere un reservorio de confianza y afinidad. Otra razón para desarrollar la inteligencia emocional en las organizaciones es el hecho de que, el conocimiento y la experiencia están distribuidos por toda la organización; no hay una sola persona que pueda dominar toda la información necesaria para conducirla con eficiencia; el encargado de finanzas tiene un tipo de preparación indispensable; la gente de ventas, otro, al igual que los de investigación y desarrollo. “La organización en sí será tan inteligente como lo permita la oportuna y adecuada distribución y procesamiento de estos diversos elementos de información” .


¿Qué puede hacerse?

Tanto el trabajo como el aprendizaje son sociales. Las organizaciones son “redes de participación”. Para lograr un desempeño efectivo en los trabajadores del conocimiento (de cualquier trabajador, en realidad), la clave está en inyectar entusiasmo y compromiso, dos cualidades que las organizaciones pueden ganar, pero no imponer. “Solamente los trabajadores que deciden participar, los que se comprometen voluntariamente con sus colegas, pueden crear una compañía ganadora”, le planteó un empresario.

Es aquí donde entra en juego la inteligencia emocional, plantea Goleman. El nivel colectivo de inteligencia emocional de una organización determina el grado en que se realice su grado de capital intelectual y su desempeño general. “El arte de maximizar el capital intelectual consiste en orquestar las interacciones de las personas cuyas mentes contienen ese conocimiento y experiencia”.

Así como un alto cociente intelectual colectivo en un pequeño grupo de trabajo depende de que sus integrantes se entrelacen efectivamente, lo mismo ocurre con las organizaciones en su totalidad; las realidades emocionales, sociales y políticas pueden realzar o degradar su potencialidad. Si los integrantes de la empresa no pueden funcionar juntos, si les falta iniciativa, vinculación, o cualquier otra aptitud emocional, la inteligencia colectiva se perjudica.

El argumento más potente a favor de la ventaja económica de la inteligencia emocional en las organizaciones la destaca Goleman en los resultados de una investigación patrocinada por la Sociedad para la Administración de Recursos Humanos, que recolectó datos de 600 compañías de más de 20 tipos de industrias (negocios), detallando políticas y prácticas. Analizaron empresas de primera línea, seleccionadas por su rentabilidad, sus ciclos, volumen y otros índices de desempeño. En busca de lo que estas compañías sobresalientes tuvieran en común, se identificaron las siguientes prácticas básicas en el manejo de los “activos humanos”, es decir, de “su gente”.

  • Equilibrio entre los aspectos humanos y financieros en los planes de la compañía.
  • Compromiso orgánico con una estrategia básica.
  • Disposición a estimular mejoras en el desempeño.
  • Comunicaciones abiertas y fortalecimiento de la confianza en todos los participantes.
  • Fortalecimiento de las relaciones internas y externas que ofrezcan ventajas competitivas.
  • Colaboración, apoyo y compartir recursos.
  • Innovación, aceptación de riesgos y aprendizaje en común.
  • Pasión por la competencia y el perfeccionamiento constante.

Analizando esta lista plantea que “resulta intrigante por las claras similitudes entre estas prácticas orgánicas y las aptitudes emocionales que tipifican a los individuos de alto desempeño” . Tal como sucede con los individuos, se puede considerar que las “aptitudes orgánicas” responden a tres categorías: capacidades cognitivas, en el sentido de manejar bien el conocimiento, pericia técnica; y manejo de activos humanos, lo cual requiere aptitudes sociales y emocionales.

Para responder a la pregunta ¿Cómo es una organización dotada de inteligencia emocional? , Goleman comenta las políticas y prácticas de una firma internacional dedicada a la búsqueda de ejecutivos.

Para reclutar posibles nuevos consultores para la firma, los socios de la empresa evalúan cuatro dimensiones importantes. La primera es puramente cognitiva: la capacidad de resolver problemas, el razonamiento lógico y la habilidad analítica. Pero, las otras tres reflejan inteligencia emocional, como son:

  • Entablar relaciones laborales. Ser un jugador de equipo, tener confianza en sí mismo, presencia y estilo; ser empático y saber escuchar; saber convencer con una idea; madurez e integridad.
  • Llevar las cosas adelante. Tener iniciativa, empuje, energía y una sensación de urgencia de obtener resultados; mostrar buen criterio y sentido común; ser independiente; emprendedor e imaginativo; tener potencial de liderazgo.
  • Concordancia personal. Tener cualidades de amigo, colega y socio; ser sincero y respetar los propios valores; estar motivado; ser sociable, con “chispa” y sentido del humor; modestia; tener una vida personal plena y actividades fuera de la firma; entender a la firma y sus valores.

Reconoce que hay numerosos agentes patógenos que pueden resultar fatales para una compañía como: convulsiones en los mercados, una visión estratégica miope, absorciones hostiles, tecnologías competitivas no previstas y cosas similares. “Pero, una falla de inteligencia emocional, puede ser crucial para hacer que una compañía sea mas vulnerable a estas cosas; es el equivalente corporativo de un sistema inmunológico debilitado”. Esto, a su vez, hace más importantes a las personas dotadas de inteligencia emocional.

Las nuevas exigencias

Ya no funcionan las maneras antiguas de manejar los negocios, los desafíos de la economía mundial, cada vez más competitiva, apremian a todos, en todas partes, a adaptarse a fin de prosperar según reglas distintas. En la vieja economía, las jerarquías enfrentaban a los miembros de la organización. Pero, las jerarquías se están transformando en redes de trabajo, la gente debe unirse en equipos; la capacidad laboral fija cede paso al aprendizaje continuo, según los trabajos fijos se funden en carreras fluidas.

Todas estas transiciones aumentan el valor de la inteligencia emocional. El incremento de las presiones competitivas otorga nuevo valor a las personas automotivadas, que tienen iniciativa, deseos de esmerarse u optimismo suficiente para tomar con calma los contratiempos y los obstáculos. Ante la permanente necesidad de servir bien a compradores y clientes, y de trabajar con creatividad estable en grupos de personas cada vez más diversas, las capacidades empáticas resultan más esenciales.

Además, está el desafío de proporcionar liderazgo: las capacidades que los líderes necesitarán para un futuro cercano, diferirán radicalmente de las que se aprecian en la actualidad. Hace una década, destaca Goleman, no figuraban en el “radar” aptitudes tales como la activación de cambios, la adaptabilidad, el aprovechamiento de la diversidad y la capacidad de trabajar en equipo. Ahora, cada día, interesan más.

La demanda de inteligencia emocional no puede menos que elevarse, según las organizaciones dependan cada vez más de los talentos y la creatividad de trabajadores. La “buena noticia”, resalta Goleman, es que“la inteligencia emocional se puede aprender. Individualmente, podemos añadir estas habilidades a nuestro equipo de herramientas, a fin de sobrevivir en una época en la “estabilidad laboral” es incierta” .

En todo tipo de empresas, el hecho de que se pueden evaluar y mejorar las aptitudes emocionales sugiere otra zona en la que se puede incentivar el desempeño y, por tanto, la competitividad. Lo que se necesita, equivale a una afinación de aptitudes emocionales para la empresa.

En el plano individual, es posible identificar, evaluar y aumentar los elementos de la inteligencia emocional. En el plano grupal, significa afinar la dinámica interpersonal, que torna más inteligentes a los grupos. En el plano empresarial, revisar la jerarquía de valores, para dar prioridad a la inteligencia emocional, en los términos concretos de contratación, capacitación y desarrollo, evaluación del desempeño y ascensos.

No obstante, alerta de que la inteligencia emocional no es una varita mágica; no garantiza una mayor participación en el mercado, ni un rendimiento más saludable. Ninguna intervención, ningún cambio por sí solo, puede arreglar todos los problemas. “Pero, si se ignora el ingrediente humano, nada de lo demás funcionará tan bien como debería. En los años venideros, las empresas cuya gente colabore mejor tendrán una ventaja competitiva, por lo que la inteligencia emocional será más vital”, concluye.

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Fuente: Alexis Codina – degerencia.com

Mamá también llora. Carta abierta a padres y educadores.

– Mamá, ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

– No, cariño, es que se me ha metido una motita de polvo en el ojo…

Vivimos en un mundo en el que, ser los primeros, es lo más importante. Examinan a nuestros hijos continuamente y ellos sólo buscan el sobresaliente. Se les prepara para afrontar el éxito, para celebrar los triunfos. Se les repite hasta la saciedad: “No llores. Tienes que ser fuerte. ¡Eres el mejor!”

Si quieres leer todo el contenido del artículo pulsa en el link

http://luciamipediatra.com/mama-tambien-llora-carta-abierta-padres-y-educadores/

Fuente:  Lucia Galan – Piensaesgratis.com

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Como se fabrican niños sin salud emocional

Los maniconmios no son del pasado, son del presente. Una pesquisa realizada en el hospital psiquiátrico Pinel, en São Paulo, muestra que, incluso tras las nuevas directrices de la política de salud mental en Brasil, niños y adolescentes continuaron siendo encerrados por largos periodos, muchas veces sin diagnóstico que justificara su ingreso, una orden judicial. Conozca la historia de Raquel: 1.807 días de confinamiento. Y de José: 1.271 días de segregación. Ambos tuvieron su locura fabricada en la primera década de este siglo

Una noche de noviembre de 2007, la psicóloga Flávia Blikstein escuchó dos preguntas de una niña y descubrió que no tenía respuestas. Flávia trabajaba en un Centro de Atención Psicosocial (CAPS) infantil, en São Paulo, y se encontraba en la ambulancia que llevaba a la chica a su primer internamiento psiquiátrico. Maria, como será llamada aquí, tenía 14 años. Era negra, alta y flaca. Hablaba poco, frases cortas. Le gustaba jugar con muñecas y dibujar. A veces se pintaba las uñas, se arreglaba el pelo, como un anuncio de la adolescencia. Maria se mojaba todo el tiempo, en pequeños rituales. Abría el grifo, hacía un cuenco con las manos y se mojaba los pies, las piernas, los brazos. Hacía eso en cualquier lugar, avergonzando a la madre. Tal vez Maria estuviera esculpiendo con el agua los límites del propio cuerpo. Cuando hizo la primera pregunta a Flávia, aún tenía mojadas las puntas de los dedos y su mirada también estaba húmeda:

– ¿Por qué voy a quedarme aquí?

Flávia descubrió que no tenía respuesta.

Maria hizo entonces la segunda pregunta:

– ¿Quién hay ahí? ¿Quién va a dormir en la habitación conmigo?

Flávia descubrió que tampoco tenía respuesta para esa. No tenía respuesta porque, al contrario de lo que suele suceder cuando niños y adolescentes nos muestran la cara del abismo, ella había escuchado las preguntas. La “niña loca” había indagado sobre la estructura del Estado y de la sociedad que la obligaba a dar el primer paso dentro de una institución psiquiátrica. Tal vez Maria intuyese que ese paso podría ser largo. Tal vez Maria adivinara que los dientes del sistema estaban esperándola, ahí mismo.

Flávia abrazó a Maria. Y le pidió disculpas por no saber qué responder. Maria entró, cargando sus ojos mojados y signos de interrogación.

La “niña loca” había indagado sobre la estructura del Estado y de la sociedad que la obligaba a dar el primer paso dentro de una institución psiquiátrica

Lo que Maria preguntó a Flávia, nos lo preguntó a todos nosotros: ¿Por qué, en el siglo XXI, niños y adolescentes brasileños, la mayoría hijos de familias pobres, continúan viendo sus vidas masticadas en un hospital psiquiátrico. La “niña loca” hizo a los normales la pregunta más lúcida: por qué la condenaban a una existencia de manicomio. A habitar un mundo de dolor, vagando entre paredes, desvistiéndose a sí misma para vestir un uniforme, sin derecho al deseo. Por qué le negaban la humanidad tan pronto.

Flávia no pudo olvidar las preguntas, menos aún su falta de respuestas. Se dedicó a buscarlas. Las encontró en el archivo del Núcleo de la Infancia y de la Adolescencia (NIA) del Centro de Atención Integrada en Salud Mental (CAISM) Philippe Pinel. El Pinel es una de las instituciones de referencia para el internamiento de niños y adolescentes con problemas mentales en el estado de São Paulo. Flávia sabía que aquello que se suele llamar archivo muerto estaba bien vivo. Entonces, lo puso a hablar. Se encerró en la pequeña sala rodeada de estantes todos los sábados de un año entero. Analizó 451 casos, correspondientes a 611 internamientos ocurridos entre enero de 2005 y diciembre de 2009. De estos, el 79% de los niños y adolescentes habían sido ingresados solo una vez. El 21% restante tuvieron de dos a siete reinternamientos. Ella también acompañó algunos casos, que continuaron volviendo al Pinel, en los años 2010 y 2011. Flávia quería saber cuál era el recorrido de los niños y adolescentes que llegaban al hospital psiquiátrico como primera providencia – y no como excepción puntual y por tiempo determinado–.

El archivo del Pinel está justo debajo de la enfermería de los niños y adolescentes. Mientras investigaba, Flávia podía oír los gritos. Percibió, sin embargo, que más que gritos había un silencio largo. Un silencio, en sus palabras, “extraño y profundo, un silencio que no imaginamos en un lugar lleno de niños y adolescentes”. Dentro del archivo, no. Los partes médicos contaban historias. Aunque la voz de niños y niñas resonara más en las ausencias, entrelíneas, los partes hablaban de infancias aniquiladas en una vida de manicomio. Y mostraban por qué caminos la fabricación de niños locos es una verdad profunda de Brasil. Flávia llamaba el archivo de “sala de las almas”. Y las almas hablaban.

Dos niños, que se transformaron en adolescentes en el hospital psiquiátrico, contaron historias que podrían ilustrar libros escabrosos sobre los manicomios del pasado, pero que ocurrieron en la primera década de este siglo. Aquí, serán llamados José y Raquel. José permaneció confinado 1.271 días – o tres años y cinco meses–. Raquel, 1.807 días. La encerraron de los 11 a los 16 años y de allá la transfirieron a otra institución psiquiátrica. José y Raquel estaban segregados en el Pinel, por orden de la Justicia, bajo reiteradas protestas del equipo técnico del centro. Fueron depositados como cosas en el Pinel porque aún es este el destino dado a niños como ellos en Brasil.

¿Por qué?

Flávia sabía que aquello que se suele llamar archivo muerto estaba bien vivo. Entonces, lo puso a hablar. Analizó 451 casos, correspondientes a 611 internamientos ocurridos entre enero de 2005 y diciembre de 2009

Es preciso prestar mucha atención a las respuestas que Flávia encontró. Sus escuchas de tres mil horas dentro del archivo se transformaron en una disertación de máster en psicología social en la Pontificia Universidad Católica (PUC) de São Paulo. Sumándose a trabajos fundamentales de otros investigadores del tema, tanto en São Paulo como en varios estados de Brasil, la investigación muestra por qué los manicomios se mantienen a pesar de las directrices de la política de salud mental y del Estatuto del Niño y del Adolescente (ECA). La Ley nº 10.216, de 2001, orientada por la reforma psiquiátrica, prioriza la atención en red, en servicios integrados en la comunidad, cerca de la familia, y determina que el internamiento solo puede ocurrir una vez agotados todos los recursos extra-hospitalares. No es lo que sucede en demasiados casos.

“Medievales”, “inhumanos” y “criminales”. Esas son algunas de las palabras usadas para definir los hospicios desde que la lucha anti-manicomios se intensificó a partir del final de los años 70 y conquistó avances significativos durante este siglo. La investigación muestra, sin embargo, que incluso instituciones y profesionales que intentan actuar de forma diferente son continuamente vencidos por los engranajes y por la escasez de servicios públicos de base. En la práctica, aún hoy, es con el manicomio con el que se trata una parte significativa de los casos, una realidad solo posible por el desinterés casi absoluto de la sociedad por el destino de esos niños, en general hijos de familias pobres. Al hacer que el archivo muerto hablase, Flávia construye respuestas que necesitan ser escuchadas si queremos, de verdad, acabar con el delito de fabricar niños locos – y, muchas veces, también de conseguir enloquecerlos.

Raquel nació en 1994. La madre estaba presa por tráfico de drogas, no por ser jefe de una organización criminal, sino por vender una pequeña cantidad para sustentar su propia adicción. Ese destino es común en los presidios del país, es también generador de huérfanos de madres vivas. Demasiado pobre para ocuparse de ella, la abuela llevo a Raquel a un centro de acogida a los cinco años. La niña es descrita de inmediato como “agresiva”. Y, por ese motivo, la alejan de las otras niñas. Pasa a vivir con la llamada “madre social”, aislada en una casa al fondo del centro. La elección, como muestra Flávia, pone de manifiesto que, desde siempre, la respuesta a la agresividad de Raquel es la exclusión. Obviamente, tampoco funcionó. De centro en centro, Raquel se convirtió en aquella que “no funcionaba” en ningún lugar.

Tal vez vale la pena preguntarse si la agresividad, al mirar el contexto y las circunstancias, no era el principal rasgo de Raquel. Pero el derecho a la historia es el primero que se arranca a los “niños locos”. Ella ya tenía casi tantos rótulos como años de vida: hija de presidiaria, abandonada, agresiva, no funciona… Raquel solo era vista por estigmas y fragmentos.

Ella quería saber cuál era el recorrido de niños y adolescentes al hospital psiquiátrico como primera providencia  y no como excepción puntual y por tiempo determinado

Negra como Maria, la ingresaron por primera vez en 2005, a los 11 años. Entró en el sistema por orden de la Justicia. Antes de seguir su destino, es crucial entender las dos formas de entrada en las instituciones psiquiátricas, identificadas por la pesquisa. En ellas se encuentra una de las claves para comprender la fabricación de los niños locos en el Brasil actual. Así como los caminos por los que se mantiene viva la función histórica de los manicomios como lugar de segregación de aquellos que son decodificados como peligrosos para el orden social, incluso siendo solo pobres y abandonados.

En poco más de la mitad de los casos – 55% – la solicitud de internamiento psiquiátrico la hicieron familiares y diferentes servicios de la red de salud. En los otros 45% de los casos, niños y adolescentes fueron ingresados por orden judicial. Estos son los dos caminos de entrada en los hospitales psiquiátricos. La investigación mostró, sin embargo, algunas diferencias fundamentales para comprender el problema: en el periodo investigado, la Justicia ingresó antes, por más tiempo y más veces. La mayoría de los casos era de adolescentes, pero los niños respondían por el 20% de los internamientos por orden judicial. Por la vía de la red de salud, menos del 6% eran niños. Por orden judicial, el tiempo medio de internación era casi el doble (55 días contra 30). La Justicia también fue responsable por el 92% de los internamientos con duración mayor de 150 días. Entre los 14 casos que sufrieron internaciones de cuatro a siete veces, 12 habían sido confinados por orden judicial.

Entre ellos, Raquel. De los 11 a los 16 años, ella ingresó seis veces en el Pinel. La queja de la primera vez: “Paciente institucionalizada hace ocho meses (nombre de otro hospital), con trastorno de comportamiento, heteroagresiva (agresividad dirigida a terceros), en tratamiento ambulatorial poco resolutivo”. Tras seis días, el Pinel le dio el alta y la niña fue mandada a un centro de acogida. Ocho días más tarde, la ingresaron de nuevo por orden judicial: “Paciente portadora de trastorno de conducta grave. Una vez en el centro, volvió a ser agresiva. Crítica seriamente comprometida, amenazadora”. Otros 19 días de internamiento, y el Pinel pidió a la justicia que le diese el alta. Pasada una semana, la solicitud fue atendida, y ella volvió al centro. Tres días más y Raquel de nuevo fue ingresada en el Pinel por orden judicial: “Al retornar al centro volvió a presentar cuadro importante de liberación de agresividad y falta de control de impulsos”. Raquel estuvo encerrada en el Pinel durante 1.004 días.

En esas tres primeras veces, fue evidente que la justicia ingresaba y el hospital liberaba, porque no había razón para mantener a Raquel confinada. Documentos adjuntos al parte médico muestran que la dirección de la institución envió diversos informes a la justicia, tanto informando del alta médica de la paciente como pidiendo remisión a un centro de acogida y tratamiento ambulatorial. En uno de los documentos, la dirección afirmaba: “Nuestro hospital está haciendo el papel de centro de acogida para esos adolescentes. Sabedores de esa ilegalidad le pedimos con urgencia una resolución para ese problema”. Y, en otro oficio: “Actualmente la adolescente continúa residiendo en la enfermería para tratamiento de pacientes agudos, se encuentra lejos de la escuela y con enormes perjuicios psicológicos y sociales”.

“Medievales”, “inhumanos” y “criminales”. Esas son algunas de las palabras usadas para definir los hospicios desde que la lucha contra los manicomios se intensificó a partir del final de los años 70

Cada tres meses, el Pinel mandó oficios a la justicia. Solo fue atendido tras casi dos años y nueve meses. Pero la vida de Raquel fuera del hospital duró solo una semana. La ingresaron otra vez en la institución. El motivo: “Evoluciona con episodios recurrentes de agresividad, fugas necesitando atención en unidades de emergencia. Hace dos días en seguimiento en el CAPS sin adhesión al tratamiento”. Tras 413 días más de internamiento, Raquel huyó del hospital. Volvió espontáneamente dos días más tarde. ¿A dónde podría ir, una vez que el largo periodo de confinamiento rasgó aún más los frágiles vínculos familiares y le impidió crear nuevos?

Raquel permaneció ingresada 244 días más, antes de que la llevasen a otro centro. Quince días fuera del hospital, y la justicia la mandó de vuelta: “Tiró sus medicinas, rompió el vidrio de la sala de juegos, se hirió, agarró el teléfono para ahorcarse y huyó a una ciudad vecina diciendo que iba a buscar a sus abuelas”.

En la sexta vez, está registrado en el parte: “La paciente verbaliza que la mayor dificultad que enfrentó en su retorno al centro fue una sensación de inadecuación en la convivencia con adolescentes sin problemas psiquiátricos; por desgracia, se creó un vínculo inadecuado iatrogénico (provocado por la propia práctica médica) de seguridad con el ambiente de internamiento, lo que se configura como Hospitalismo”.

En otras palabras. Raquel ya no sabía vivir fuera del hospital psiquiátrico, sus vínculos estaban dentro de la institución. Si tenía algún afecto, era allí. Era en el hospital que ella sabía cómo comportarse, identificaba una rutina, hacía amigos entre otros niños y adolescentes como ella o realmente enfermos. Consideraba parientes a los profesionales de salud. Y, más tarde se sabría, rompía cosas y agredía a personas cuando la mandaban al centro porque sabía que así volvería a aquel que era el único lugar parecido con un hogar que tuvo en la vida.

En total, Raquel estuvo encerrada en el Pinel cinco años. Se subraya: sin necesidad. Su vida cabe en tres cajas del archivo. Pero ese no fue el final de su trayectoria. En 2010, a los 16 años, fue transferida a otro hospital psiquiátrico

En esa época, la dirección del Pinel mandó otro oficio a la justicia: “Aprovechando la oportunidad para hablar de la indignación de ese equipo técnico que, diversas veces, accionó la judicatura solicitando el alta de esos adolescentes que, en la ocasión, necesitaban solo de un centro como vivienda y dar continuidad a la atención ambulatorial, teniendo así su derecho constituido”.

En total, Raquel estuvo encerrada en el Pinel cinco años. Se subraya: sin necesidad. Su vida cabe en tres cajas del archivo. Pero ese no fue el fin de su trayectoria en manicomios. En 2010, a los 16 años, la mandaron a otro hospital psiquiátrico.

El diagnóstico que sostuvo la condena de Raquel a una vida de manicomio es bastante revelador: “trastorno de conducta”. Según la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades (CID), “los trastornos de conducta se caracterizan por patrones persistentes de conducta antisocial, agresiva o desafiante. Así, ese comportamiento debe comportar grandes violaciones de las expectativas sociales propias de la edad de la niña; debe haber más que las travesuras infantiles o la rebeldía del adolescente y se trata de un patrón duradero de comportamiento (seis meses o más)”. Esa “patología”, así como otras que componen la CID, es rebatida por parte de los psiquiatras, psicoanalistas y psicólogos, así como por profesionales de otros campos del conocimiento. Pero, incluso aceptándose que esa enfermedad de hecho exista, el tratamiento recomendado es la inserción comunitaria – y no aislamiento–.

En su investigación, Flávia mostró que el diagnóstico de “trastorno de conducta” se ha usado de modo generalizado – y casi displicente – para justificar internamientos en hospitales psiquiátricos. Tanto en el ingreso por la vía de la red de salud como en el internamiento por orden judicial, el principal diagnóstico es esquizofrenia. Pero el “trastorno de conducta” ha aumentado. En una comparación con una pesquisa anterior, en la que Julia Hatakeyama Joia analizó los partes del Pinel entre febrero de 2001 y agosto de 2005, Flávia constató que los llamados “trastornos del comportamiento y trastornos emocionales” – de los cuales “trastornos de conducta” corresponden al 75% de los casos – crecieron como motivo del confinamiento. En 2002, eran causa del 5,26% de los internamientos. Pasaron al 7,14% en 2005. Y alcanzaron el 15,2% de los casos en 2009. “En muchos casos, se diagnostica en niños con episodios de descontrol y agresividad, sin que exista un análisis sobre su historia y contexto de vida”, afirma la psicóloga. Otro dato comparativo de extrema relevancia es que, entre 2001 y 2004, la proporción de internaciones en el Pinel por orden judicial era del 23% del total. De 2005 a 2009 saltó hasta el 45%.

En su investigación, Flávia mostró que el diagnóstico de “trastorno de conducta” se usó de modo generalizado – y casi displicente – para justificar internamientos en hospitales psiquiátricos

El “trastorno de conducta” es mucho más recurrente en el internamiento por orden judicial que en el internamiento por la vía de la red de salud. Es el diagnóstico de un cuarto de los ingresos con duración superior a 150 días y por más de un tercio de los casos de niños y adolescentes ingresados de cuatro a siete veces. Es el rótulo de Raquel – y también el de José. Niños que representan casi el 80% de los niños y adolescentes ingresados, un dato cuyas razones aún necesitan comprenderse mejor.

José tenía 10 años cuando dio el primero paso dentro del Pinel, por orden judicial. Había pasado, según el informe de la institución, por “malos tratos, negligencias y privación afectiva”. Presentó “comportamientos desafiadores y transgresores, lo que acabó en rechazo y abandono familiar, principalmente de su madre”. La madre decidió entregárselo al padre, en Bahía. El día del viaje, José se negó a ir. Él no quería separarse de la madre. Para que no le obligasen a viajar, intentó lanzarse dos veces delante de los coches, en la calle. La “crisis de agitación” le llevó a su primera internación. La duración: 623 días.

Cuando le dieron el alta, José fue mandado a un centro de acogida. Permaneció solo tres días antes de ser ingresado de nuevo. Esa vez, lo encerraron 255 días. José huyó. ¿A dónde? A casa de la madre. Otro internamiento, por “agitación psicomotora con intensa heteroagresividad, baja tolerancia a la frustración, sin crítica, y riesgo de vida”. Esa vez, estuvo 84 días en la institución antes de huir nuevamente. ¿A dónde? A casa de la madre. En el cuarto y último internamiento, permaneció 309 días en el Pinel. Entonces lo mandaron a un centro. De donde huyó. A Bahía, en busca de un lugar y de afecto.

En total, José estuvo 1.271 días encerrado en el Pinel: tres años y cinco meses. Sobre José y Raquel, el equipo técnico del hospital envió un oficio a la Justicia, en 2008: “(…) Están de alta médica, pero permanecen en esta enfermería psiquiátrica para tratamiento de pacientes con trastornos mentales agudos, privados de tener una vida digna, por no tener retaguardia familiar y no existir vacantes en centros”. Sobre ese destino, Flávia afirma: “Los internamientos son motivados por una combinación compleja, que resulta en una situación de vulnerabilidad. La respuesta de la internación psiquiátrica, además de reductora de complejidad, es productora de mayor sufrimiento. El ingreso por orden judicial revela una concepción sobre la infancia y la adolescencia pautadas en el miedo y en el peligro. Propone una respuesta única a todas las situaciones, sin considerar diferencias, singularidades y contextos. Reduce niños y adolescentes al estatus de paciente psiquiátrico peligroso, produciendo su cronificación”. Es así como se fabrican niños locos.

Vale la pena la pregunta: ¿Huir puede haber sido un acto de cordura de José, en el intento de no enloquecer? De algún modo, a pesar de todo y de todos, él parece creer que existe un lugar para él, un lugar con afecto. José, Raquel y Maria nos muestran que no hay desamparo mayor que el de un niño en un manicomio. Nadie está más solo en ese mundo que José, Raquel y Maria. Expuestos a una sociedad que, además de no protegerlos, los enloquece. Ellos huyen, como José, ellos rompen todo, como Raquel, ellos hacen preguntas, como Maria. Pero están solos. Y cada uno de sus actos de resistencia es otro sello de su supuesta locura en un archivo muerto.

El desafío expuesto por la pesquisa es también el de completar la reforma psiquiátrica en Brasil. Niños y adolescentes, según la legislación, deben ser tratados dentro de la comunidad, junto a la familia, sin alejarles de la escuela

Al analizar los partes, Flávia consiguió identificar claramente las diferencias entre el internamiento vía red de salud y el internamiento por orden judicial. Esas son conclusiones cruciales del trabajo, porque apuntan lo que funciona y lo que no funcionada, apuntan salidas. En la red de salud, la mayor parte de las remisiones se hace por la emergencia de hospitales, lo que no es el mejor recorrido. Solo el 8% son enviados a Unidades Básicas de Salud o por CAPS (Centro de Atención Psicosocial) infantil, que deberían ser la puerta de entrada para niños y adolescentes con síntomas de enfermedades mentales. Esos datos demuestran la falta de esos servicios, causando desamparo en la población que necesita de asistencia por el Sistema Único de Salud. En vez de comenzar el tratamiento por la red básica, integrada en la comunidad, lo inician por el final y por aquello que es una excepción necesaria en un mínimo de casos: el internamiento. La hipótesis de Flávia es que, si hubiera más servicios comunitarios de salud mental, como está previsto en la legislación, es probable que la necesidad de internamiento fuera bastante menor. En vez del hospital psiquiátrico, una red articulada, con inversión mayor en equipos de salud mental, en la capacitación e implantación del Programa de Salud de Familia y de centros de atención psicosocial. “La patologización de los niños en situación de vulnerabilidad social pone de manifiesto la precariedad de la red de atención y cuidado, y también la insuficiente articulación entre las políticas públicas en los campos de la educación, salud, vivienda y ocio”, afirma.

La diferencia es clara en el análisis de los datos. En los casos enviados por los Centros de Atención Psicosocial, la media de días de internación es más baja que por los otros caminos. Cuando niños y adolescentes son cuidados por los CAPS tras el alta, solo el 3% son reinternados. “Eso muestra que los servicios comunitarios funcionan, pero hay un número insuficiente”, afirma Flávia. “En los pacientes mandados por la red de salud, el hospital funciona como enfermería de crisis. La mayoría es de adolescentes de 15 a 17 años, en su primer brote psicótico, donde son cuidados y liberados. Ya en el internamiento por vía judicial, el hospital funciona como institución de aislamiento.”

El desafío expuesto por la pesquisa es también el de completar la reforma psiquiátrica en Brasil. Niños y adolescentes, según la legislación, deben ser tratados dentro de la comunidad, junto a la familia, sin alejarles de la escuela. La enfermedad, si de hecho existe, debe ser comprendida como una de las varias características – y no como la verdad única sobre aquel niño y adolescente– . Incluso el internamiento, si fuera necesario, debe entenderse como una parte de la historia – y no como la historia entera–. El internamiento es un momento, no un destino.

Flávia permanecía desde la una de la mañana hasta las nueve de la noche de cada sábado en la sala de las almas del Pinel. Una noche, estaba tan concentrada en los partes que se olvidó de la hora y se atrasó para salir. El guardia del portón se negó a dejarla ir. Eran las reglas. Él no estaba allí para pensar sobre ellas, y sí para cumplirlas. Y Flávia supo lo que era estar entre muros – y no ser escuchada– . Tras un tiempo que pareció demasiado, Flávia consiguió probar que era una psicóloga, haciendo un trabajado de pos graduación para la PUC. Cree que el hecho de ser blanca, rubia y de ojos azules la ayudó en su “liberación”. Pero, al abrir el portón, el guarda jurado le alertó: “La próxima vez, se queda”. Por un momento, temblorosa, Flávia tuvo una tenue aproximación a lo que sintieron Raquel, José y Maria, solo tres entre los centenares de “niños locos” fabricados este siglo.

Al final de su estancia en el archivo muerto que ella descubrió que estaba vivo, Flávia finalmente tenía las respuestas para Maria.

1) ¿Por qué voy a quedarme aquí?

– Porque las instituciones que componen la red de atención al niño y al adolescente trabajan de forma desintegrada y no consiguen atender sus necesidades.

2) ¿Quién está ahí? ¿Quién va a dormir en la habitación conmigo?

– Los niños y los adolescentes que tuvieron sus destinos producidos activamente por la irresponsabilidad y por el abandono.

Maria preguntó. Flávia escuchó. Escuchó de hecho no cuando la oyó, pero cuando hizo el movimiento de buscar las respuestas. Ellas están ahí, pero solo provocarán un cambio si el Estado, los gobiernos y la sociedad las escuchen. Si nosotros las escuchemos. Es, finalmente, de escuchar de lo que se trata.

Flávia desconoce el paradero de José. Raquel fue liberada al completar 18 años. ¿Pero qué queda para Raquel tras lo que hicimos con ella? ¿Es posible, es moral, es decente decirle a Raquel: vaya a estudiar, vaya a trabajar, vaya a construir una vida? “Es una marca tan profunda que personas como Raquel, incluso saliendo de la institución, continúan institucionalizadas”, dice Flávia. “La institucionalización parece una gran máquina que absorbe el potencial humana, creando seres humanos sin deseo. La institucionalización es la patología más grave de la salud mental.”

A los 19 años, Raquel hoy deambula por las calles y albergues de São Paulo, alrededor de las instituciones. A veces se declara “loca” y la ingresan por cortos periodos. Raquel siempre pregunta por su mejor amigo:

– ¿Dónde está José?

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Fuente: Eliane Brum – El País

Los sentimientos que hacen mal a la salud

No solo fumar, consumir alcohol o llevar una dieta poco saludable hacen mal a la salud. El estado de ánimo, los sentimientos o emociones que tengamos, juegan un papel importantísimo en nuestra vida y eso sin dudas repercute en nuestro organismo.

Por ejemplo: ¿De qué sirve alimentarnos bien y hacer ejercicio si somos personas cínicas y envidiosas? Cuando una persona siente envidia o cualquier otra emoción negativa, se genera una mala energía en su interior que finalmente tiene sus consecuencias en la salud física.

Cuando una persona es feliz, sucede todo lo contrario. Ya te hemos dicho que sonreir tiene grandes beneficios. Pero en el día de hoy nos encargamos de contarte aquellos sentimientos que hacen mal a la salud y que ya mismo debes evitar para vivir mejor.

El estrés. Te hemos hablado mil veces sobre los efectos negativos que el estrés genera en nuestro organismo hasta el punto que, si no lo controlas, puede ser muy peligroso.

Melancolía. La melancolía y extrema timidez no solo implican problemas de socialización sino también asuntos físicos. El sistema inmunológico de una persona angustiada se encuentra en desventaja con respecto a aquel que no tiene sentimientos negativos.

Ansiedad. ¿Quieres todo ya? No hace falta aclarar que la ansiedad es mala. Es un sentimiento que literalmente vuelve loco a quien lo padece. Está comprobado que la ansiedad extrema produce demencia.

Falta de control. Según estudios de la Universidad de California, las personas ordenadas viven más que las desorganizadas, pues suelen vivir más relajadamente con menos posibilidades de caer en vicios como el cigarrillo y el alcohol.

Nerviosismo. Las personas ansiosas, a las que todo preocupa, deben bajar un poco los decibeles de su nerviosismo para cuidar su salud. No solo son claros síntomas de la depresión sino que también tienen tendencia a fumar más: el hábito de fumar lo adoptan como forma de calmar la ansiedad.

Desgana. Si eres una persona desganada, trata de cambiarlo. Está demostrado que las personas activas, con iniciativa y objetivos claros tienen un corazón y sistema inmunológico más sano y sufren menos estrés.

Cinismo. Cuando una persona es cínica, tiende a ser hostil y desconfiada de los demás. Según los científicos, este sentimiento eleva el nivel de estrés y por tanto, aumenta las probabilidades de desarrollar enfermedades al corazón

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Fuente: psicologiayelser

desQbre – Optimismo… 5 motivos para ser optimista

 

 

¿Ser optimista o pesimista?

165851_453963824623043_1462044292_nCada vez que surge una conversación en relación al optimismo o pesimismo, siento que el grupo se separa en dos opiniones muy diferenciadas:  la de los optimistas, a los que pintamos como seres bondadosos, delicados y felices en cualquier momento de su vida; y los pesimismtas, esos seres cabizbajos, casi malhumorados, que siempre están en disputa por cualquier asunto.

Estos estereotipos no nos hacen bien, ni a unos ni a otros, sobretodo porque es una perspectiva de aquellos que están en el otro bando.

Con la que está cayendo ahí fuera parece de insensatos pensar en el optimismo como algo funcional, es decir, que nos pueda servir para algo. Este post no aboga por la felicidad a toda costa, sino de encontrar esos motivos por los que merece la pena ser optimista.

MOTIVOS PARA SER OPTIMISTA

1. Objetivos.

Pensar que es posible te ayuda a alinearte con aquello que quieres conseguir. Para tomar una decisión adecuada sobre tus objetivos y metas, te servirás de muchas herramientas: tu experiencia, tus conocimientos, tus contactos, tus características de personalidad, etc…, pero pensar que puedes conseguirlo será una pieza fundamental.

2. Motivación.

“Si tienes claro lo que quieres, ve a por ello”… eso decía Rocky a su hijo en uno de sus discursos paternales.  Y tenía toda la razón, cuando tenemos claro nuestros objetivos, el siguiente paso viene con la motivación, esa llave que nos da la energía para levantarnos día a día y luchar por lo que queremos.

3. Acción

Siendo optimista, tendrás ganas de levantarte, de luchar, de emplearte en nuevos proyectos, a fin de cuentas…. de volver a intentarlo.

4. Valoración

Independientemente de lo que te hayas propuesto, posteriormente siempre viene una valoración, de lo que has hecho bien, mal, de lo mejorable, incluso de lo imperdonable. Con una actitud positiva, serás capaz de ver lo que has conseguido y que te sirva de aprendizaje para futuros intentos.

5. Satisfacción

¿Qué ocurre cuando no conseguimos nuestros objetivos?. Cargarnos de optimismo no implica olvidarnos de lo frustrante que es luchar por algo y no conseguirlo, al contrario, sí que vamos a ser conscientes de ello, y cuando pasemos el mal trago nos podemos armar de valor para apreciar todo lo que aprendimos, lo que nos enseñó esa experiencia, y ¿por qué no?…. volver a empezar con objetivos, planes e ilusiones nuevas

Fuente: http://psicologiadelcambio.com/2012/07/26/optimismofuncional-5-motivos-para-ser-optimista

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desQbre – Pensamientos que reducen tu Autoestima

532828_449917891694303_656768001_nQuererse a uno mismo es lo que permite amar a los demás, relacionarse mejor y triunfar en la propia vida, por eso es tan importante elevar el nivel de autoestima.

La autoestima es el reconocimiento del valor de sí mismo, es estar conforme con el propio esquema corporal, con la identidad, con la conducta, con las relaciones y con el trabajo que se ha elegido; es haber aprendido a respetar el propio lugar, las necesidades, los sentimientos y las propias emociones; es tener el coraje de seguir las inclinaciones y la vocación personal; es saber que lo que se ha llegado a ser ha sido ganado con fuerza de voluntad y esfuerzo; es tener proyectos y confiar en sí mismo; es saber perdonarse los errores y tener esperanza; es estar orgulloso de la persona que se es.

Pero existen pensamientos que pueden acosar a una persona y bajar su autoestima, como las ideas fijas que resultan inadecuadas. Esas ideas son aprendidas y condicionan su creatividad y su conducta; son un obstáculo para los cambios, la convencen de que es no es buena para algunas cosas y bloquean las oportunidades que se le presentan.

Cuando una idea está muy estructurada en el pensamiento y uno se da cuenta que lo limita, es necesario salir de ese condicionamiento abandonando el temor a cometer errores y al fracaso y además no pretender ser perfecto.

El perfeccionismo hace que los proyectos no se cumplan y por otro lado es una meta que es imposible cumplir porque no hay nadie que sea perfecto.

No es la perfección lo que permite realizarse como persona, sino la creatividad personal que es única.

Tampoco son sólo los resultados los que producen satisfacción, sino todo el proceso, la experiencia que se adquiere, lo que se aprende, lo que se puede expresar con el propio obrar.

Tener complejo de inferioridad es tener baja autoestima, es cometer el error de pensar que siempre serán los otros los mejores y que nunca los podrá superar porque cree que la vida es siempre una competencia con los demás.

Se puede ser diferente y único pero nunca compararse con los demás, porque los otros también son únicos y distintos. Solamente se puede hacer una comparación con el propio potencial, quién se es ahora y quién se podría ser.

Por esta razón resulta fundamental conocerse, aceptarse, comprenderse y ser bueno y compasivo con uno mismo.

Los sentimientos de culpa también bajan la autoestima y surgen cuando se actúa sin responsabilidad, pero estos sentimientos son inútiles si se continúa actuando en forma irresponsable, porque no hay juez más severo que uno mismo.

La autoestima no proviene de lo que dicen o piensan los demás, sino que es el propio auto concepto, la genuina sensación interna de estar intentando ser la mejor persona que se puede ser.

Las elecciones que cada uno hace revelan cómo se valora como persona. Si se elige no asumir riesgos, apostar a lo seguro, hacer lo que hace la mayoría, es porque se pretende ser perfecto y no se tiene confianza en sí mismo, en las propias cualidades ni en el potencial.

La depresión, la ira, el resentimiento y el rencor, son también elementos que disminuyen la autoestima, porque son emociones que no permiten avanzar y mantienen al individuo en el pasado, y el pasado no se puede cambiar.

Cada uno es responsable de su propia vida y no puede adjudicarle al destino las experiencias que le tocan vivir, porque el problema no es lo que sucede sino qué hace la persona con lo que le pasa.

Sentirse víctima es la mejor excusa para no intentar nada.

 

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Fuente: http://psicologia.laguia2000.com/

desQbre- ¿Qué es la tristeza? ¿Estar triste es estar deprimido?

522240_385208998189252_272095272833959_1066836_1749980189_nLa tristeza ¿Qué imagen, sonido o sensación te genera esta palabra? De todas las emociones básicas del ser humano, la tristeza junto con el miedo, la ira, etc. son las llamadas emociones negativas. A diferencia de la alegría o el amor, como emoción positiva. En parte, le hemos extirpado a la tristeza su potencial positivo. Si comprendemos que toda emoción tiene su razón de ser y su finalidad positiva, no nos daría tanto miedo sentirlas, explorarlas y darles el lugar que les corresponde en el momento adecuado y con la intensidad que requiera la circunstancia vivida.

A veces la tristeza es apropiada a las circunstancias, otras veces se alimenta de pensamientos negativos, que nos llevan a “aumentar” innecesariamente nuestro malestar; afectando paralelamente nuestra delicada autoestima.

Es necesario y humano, permitirnos sentir la tristeza. Siempre y cuando la vivamos como un estado transitorio y no permanente. Cuando nos sentimos tristes y atrapados en nuestra tristeza, lo más importante es poder “darnos cuenta” de cómo nos sentimos, sin que intentemos buscar explicaciones, razones o justificaciones. Es necesario darnos permiso y tiempo para recuperarnos de algún episodio doloroso que, a veces, pasamos por alto para no sentir el dolor natural por una pérdida, despedida, un cierre, un final. El caso es que, tarde o temprano, nos cobrará factura y tendremos que “parar” y mirar a la cara lo que en verdad hay.

Esta es la intención positiva de la tristeza. Viene para ayudarnos a sanar. Viene a regalarnos un tiempo útil para la introspección, para expresar el dolor afectivo de una manera adecuada, adaptativa y sana.

¿Cuándo se transforma en un problema?

Cuando la dejamos estar más del tiempo necesario. O por el contrario cuando nos esforzamos para expulsarla, no sentirla; disfrazándonos de “fuertes”, de “yo puedo con todo” “yo para adelante”.

En algunas personas lo que en principio fue una emoción de tristeza, ha llegado a transformarse en una actitud frente a la vida… y en este punto merecería la pena revisárnoslo! ¿Para qué? Para cambiar de enfoque.

Sentir tristeza es es una opción…

Imagínate dos maneras distintas de posicionarnos frente a una misma realidad: – “¿Cómo es posible estar triste, siendo tan hermoso todo lo que me rodea?” – “¿Cómo es posible ser feliz, estando rodeado de tantos problemas, desdichas y maldad?”.

La decisión de ser o no feliz, de estar o no feliz, o por el contrario, de estar o no triste, de sentir o no tristeza, depende de nosotros/as mismos/as. Por suerte tenemos a nuestro alcance la posibilidad de elegir y decidir cómo queremos sentirnos.

Elegir suele ser difícil para algunas personas, más aún decidir. No basta sólo con elegir. La elección implica una preferencia y un ¿para qué? ¿Qué estoy buscando con esta actitud? ¿Para qué lo hago? ¿Qué quiero conseguir? Por otra parte la decisión es la que nos permite aplicarlo, llevarlo a la acción, ejecutar lo que hemos elegido. A veces pasamos mucho tiempo antes de decidir el qué hacer. Una manera de aplazar, de dejarnos estar sin cambiar.

Decidir no nos resulta nada fácil. ¿Por qué? Porque nos obliga a asumir una responsabilidad sobre nuestros actos, a sabiendas de que si algo sale mal, no tendremos a quien echarle la culpa. Entonces, ¿para qué hacerlo?

Para obtener la recompensa que nos da la libertad. Libertad para sentir, pensar y hacer lo que realmente queremos. Aunque parece ser que asumir la responsabilidad de nuestras decisiones (acciones) nos cuesta y mucho. Por eso nos encontramos con personas infelices, haciendo lo que otros dicen. Eso sí, con la tranquilidad de poder reprochar, culpar y poner fuera todo lo que no soy capaz de asumir y cargar. Es el precio que pagamos.

¿Que precio pagas tu?

Por no saber cómo o no querer hacernos cargo de lo propio es que “la tristeza y la infelicidad” van cobrando cada vez más protagonismo en nuestra sociedad. Comprender la necesidad de un cambio de actitud nos permitirá dar ese paso hacia delante. Es un proceso que lleva tiempo, esfuerzo y, según como elijas vivirlo, puede ser con dolor o placer, con tristeza o alegría. En definitiva, el camino a seguir es uno sólo, aquel que elijas y por el que tu apuestes. Mirar hacia atrás sólo debe servirnos para recoger las enseñazas que nos ha dejado.

Estar triste vs estar deprimido

Tristeza

–    Si has suspendido un examen que habías preparado con ahínco, has roto con tu pareja, o se ha muerto alguien querido experimentas diversos grados de tristeza, son sucesos dolorosos a los que reaccionamos con pesar, a veces, frustración, incluso enfado.

–     Sentir tristeza en situaciones desfavorables es una reacción natural, no implica ninguna patología. La mayoría de nosotros nos sentiríamos tristes en estas situaciones descritas. Al igual que sentiríamos alegría si logramos aprobar un examen, nos reconciliamos con alguien a quien queremos o un ser querido logra sale bien de una operación quirúrgica.

–    La tristeza es un sentimiento pasajero podemos estar unas horas o días tristes y luego esto se pasa. La persona puede seguir sintiéndose triste pero puede hacer frente a su vida. Mientras que en la depresión la persona no se ve capaz de hacer frente a su vida, se siente abrumado y desesperado.

Depresión

–    Sin embargo una depresión es mucho más que la mera tristeza, engloba un conjunto de síntomas. La persona con depresión clínica no tienen siempre una razón lógica para sus pensamientos de dolor, por mucho que amigos y familiares le exhorten a salir de su estado esta persona no es capaz, tal como un diabético no puede decirle a su páncreas que produzca más insulina. Necesita ser tratado.

–    La depresión persiste en el tiempo partiendo de unos 15 días hasta meses o incluso años.

Para diferenciarlos:

Como un estado de ánimo de tristeza es uno de los síntomas de la depresión pero hay más, con la presencia de cinco o más sistemas unidos son reveladores para el médico de que la persona atraviesa un estado de depresión.

Según el DSM IV , es la presencia de cinco o más de estos síntomas lo que revelan un trastorno depresivo

  • La persona sufre un estado de tristeza la mayor parte del día o casi todos los días durante al menos un período de dos semanas
  • Anhedonia o disminución del interés o la capacidad de placer por todas o casi todas las actividades. Lo que ante le gustaba ahora ni le motiva casi cada día
  • Pérdida de peso sin hacer régimen, perdida de apetito casi cada día. O todo lo contrario mayor ingesta calórica y aumento de peso casi cada día
  • Insomnio, apenas dormir o todo lo contrario hipersomnia aumento de la horas de sueño o incluso no querer levantarse de la cama casi cada día
  • Agitación o todo lo contrario enlentecimiento psicomotores casi cada día
    Sentimientos de culpa, desazón, ideas irracionales casi cada día
  • Fatiga, cansancio pérdida de energía a diario
  • Disminución de la capacidad de concentración de atención y de decisión a diario
  • Pensamientos o ideas recurrentes sobre la muerte, ideas suicidas

Los síntomas no son debidos a los efectos de haber toma una sustancia como un medicamento o drogas o por otra enfermedad médica.

En caso de duelo o pérdida de un ser querido, el trastorno depresivo puede estar en juego si los síntomas duran más de dos meses o se da un notable deterioro funcional, ideas suicidas, enlentecimiento psicomotor síntomas psicóticos. Es aconsejable que en estos casos acudas a un experto.

Otra explicación de “la tristeza” desde otro punto de vista, no el DSM:

 

Fuente: http://blog.emagister.com/2012/04/20/psicologia-la-intencion-positiva-de-la-tristeza/ – http://depsicologia.com/tristeza-o-depresion/

desQbre – Qué es la alegría

smileLa alegría es el estado de regocijo interior que nos hace sentir vivos y  equilibrados; es una excitación que produce placer y felicidad y es un  sentimiento grato que nos obliga a ver el lado risueño y gracioso de las cosas.   Es una emoción expansiva que se necesita expresar y  compartir con los  demás.

En estos tiempos, encontrar una persona alegre por nada, dispuesta a sonreír  a la gente, a esparcir buena onda y a sembrar optimismo, no es cosa fácil,  en  un mundo donde proliferan las caras largas de tanta gente depresiva y amargada  que se complace en quejarse de todo y que se pasa gran parte de la vida  presagiando fracasos y catástrofes.

Sin embargo, puede ocurrir que entre esa masa doliente que no es capaz de ver el  lado bueno que tienen todas las cosas, aparezca alguien como surgido de otra  dimensión, que se atreva a ser optimista y positivo aún en los peores momentos.

Es en ese instante en que podemos reconciliarnos con la vida y comenzar a  respirar el aire fresco de la esperanza, que es la que nos permite vislumbrar el  horizonte impidiéndonos bajar los brazos.

La alegría se contagia y le devuelve a la gente el entusiasmo y las ganas de  vivir, pero todavía hay tan pocos referentes que logran desplazar a los que nada  esperan y que solo se quejan, que sigue venciendo la mala onda de la gente que  vive aferrada al instinto de muerte.

Son demasiadas las cosas que hacen que la mayoría esté de mal humor, pero  desde que el mundo existe han habido calamidades, principalmente por la conducta  de los seres humanos; sin embargo también el hombre tiene la capacidad para  estar alegres aún cuando sus circunstancias no sean las mejores; porque la  alegría es una actitud, una predisposición a aceptar la realidad como es y  entregarse a ella sin ponerse a la defensiva y necesariamente intentar  cambiarla.

La queja no es privativa de los menesterosos, más bien predomina entre los  que más tienen, que nunca están conformes y necesitan más cosas, creyendo  erróneamente que teniéndolo todo podrán ser más felices.

La realidad se puede ver desde distintos ángulos y cada uno de ellos nos  mostrará una cosa distinta.  Si pudiéramos enfocar el aspecto verdadero que  tienen todas las cosas, podríamos reírnos más seguido, principalmente de  nosotros mismos cuando pretendemos aferrarnos a puras ilusiones que nos impiden  pasarla bien y divertirnos.

La alegría no se agota aunque se malgaste, al contrario se convierte en una  inagotable fuente de buen humor que contribuye a hacernos más felices, y en el  mejor de los casos hasta puede llegar a convertirse en un hábito.

Profesionales dedicados al estudio de la salud emocional se reunieron en  Helsinki (Finlandia) y en Buenos Aires, para debatir este tema en función a sus  investigaciones, y llegaron a la conclusión de que cuanta más alegría se gasta  más rápidamente aumenta el caudal de buenas ondas que repercute en los  demás.

Este fenómeno se produce aún en contextos muy diferentes con condiciones  culturales y económicas muy disímiles.

Estos resultados fueron sorprendentes porque cada equipo de trabajo investigó  por su cuenta sin conocer el trabajo que hacía el otro.

Es importante distinguir entre la falsa alegría, que es la grotesca y del mal  gusto, y la genuina, que es la espontánea,  que es la que surge desde adentro  con el solo propósito del buen vivir.

La alegría es como un puente fácil de atravesar, porque hasta el que se  encuentra más deprimido puede cruzarlo y contagiarse y decidir en un solo  instante cambiar su estado de ánimo y elegir ser una persona alegre para  siempre.

La alegría libera para hacer cualquier cosa, nos permite volar con la  imaginación e inventar cosas nuevas, atrae a la gente, abre puertas, disuelve  rencores y resentimientos, permite olvidar las penas y minimizar las  adversidades.

Hay poca alegría porque nadie se atreve a cultivarla y porque no tiene tanto  prestigio como los dramas, porque los asuntos serios parecen ser en este mundo  lo más importante.

Sin embargo, la alegría acelera los procesos de curación, cicatriza más  rápido las heridas, mejora las relaciones, favorece los vínculos, nos hace  felices y nos permite ver el lado bueno que tienen todas las cosas.

Fuente: “Psicología – La guia – http://psicologia.laguia2000.com/psicologia-cuerpo-mente/la-alegria

El autodominio y autocontrol – Equilibrio emocional

Para lograr el control interno comienza abandonando el control externo, suelta las cosas, confía en los demás y déjate llevar.

La Psicología es una ciencia que ayuda a las personas a lograr el equilibrio. Lograr el equilibrio emocional es aprender a vivir en la incertidumbre, mantenerse sin miedo en la cuerda floja, en el filo de la navaja, lejos del apasionamiento y la indiferencia, recuperando el centro.

Cuando estamos desequilibrados perdemos el control y no podemos dominar nuestros impulsos. La agresividad se proyecta pero el verdadero destinatario somos nosotros mismos.

Por más complicada que resulte la realidad para un ser humano, la lucha más dura y penosa no es externa sino interna.

Si conocemos nuestras debilidades ya hemos dado nuestro primer paso para sentirnos más seguros.

Nos damos cuenta de cómo somos cuando el otro nos dice las cosas que no nos gustan y también viendo todo lo que cuestionamos en los demás. El otro es el que más me ayuda a Ser y sin él ni siquiera podría tener conciencia de mi mismo.

Precisamente lo que nos molesta de los otros son siempre los defectos nuestros negados que vemos en ellos proyectados.

Cada crítica, por más destructiva que sea es una oportunidad para conocerse y en lugar de perder el control se debería estar agradecido.

Para aprender necesitamos ser estimulados pero para el autoconocimiento lo más apropiado es poder vernos reflejados en el otro tal cual somos; y sólo cuando reconocemos nuestras limitaciones podemos trascenderlas.

Una vez que nos aceptamos como somos, con todos nuestros defectos y nuestras virtudes, con la intención de hacernos cargos de nosotros mismos sin muletas ocasionales, podremos ser capaces de proponernos objetivos y cumplirlos. Pero estos objetivos no deberían ser solamente materiales sino principalmente personales.

¿Somos capaces de mantenernos enteros frente a la adversidad? ¿Los contratiempos nos desequilibran? ¿El mundo que nos rodea determina nuestras acciones? ¿Podemos ser fieles a nosotros mismos? ¿Las cosas y las personas me dominan o yo tengo el control? ¿Dependo de los demás? ¿Tengo relaciones simbióticas donde no existe la diferenciación yo-no yo? ¿El dinero me da seguridad? ¿Tengo miedo? ¿Soy posesivo o celoso?

La adversidad es parte de la vida y estamos dotados para enfrentarla y superarla. Cuando no nos podemos controlar es porque tenemos miedo de perder la realidad que construimos y que nos hipnotiza.

Aunque parezca una paradoja, para lograr el autocontrol es necesario aprender a abandonar el control, porque el miedo a perderlo es el resultado de no querer soltar las cosas que desde el principio nunca fueron nuestras, sino prestadas.

Para poder soltar hay que aprender a confiar en la vida y en los demás. Dejarse llevar sin resistencias, abiertos a otras posibilidades además de las nuestras.

El autodominio empieza con el respeto a mis propios límites para no exponerme a las cosas que todavía no puedo manejar, por ser ellas las que me manejan.

Ni bien nos aferramos a algo, de inmediato se convierte en nuestro dueño, sólo la moderación nos devuelve el mando.

¿Estoy siendo fiel a mi mismo o hago las cosas para ser reconocido por los demás?
¿Estoy dispuesto a tomar las riendas de mi vida o tengo miedo a perder lo que tengo?

Hay un lugar en nuestro interior donde existe nuestro verdadero ser, ese que realmente somos que no se atreve a manifestarse por estar aferrados a una realidad ilusoria.

Ese ser no conoce el sufrimiento, sabe todo, está en equilibrio, es feliz y es la expresión del amor. Tiene la capacidad de Ver lo que es esencial, lo que es verdadero y descartar lo falso, de aceptar la realidad tal cual es sin la deformación de los significados materiales.

Cuando nuestro punto de referencia es ese Ser, y no nuestro Ego lleno de prejuicios y limitaciones, que reacciona frente a las agresiones con violencia, la realidad cambia dramáticamente. Porque hay unidad entre esa realidad y uno mismo.

De esta manera la conciencia se expande, adopta otra perspectiva diferente, cambia de punto de vista, ve con más claridad y logra el discernimiento necesario para hacer lo correcto.

Los grandes genios de la humanidad lograban sus mejores creaciones cuando dejaban de pensar y penetraban en ese otro nivel de la realidad donde no hay objetivos, ni metas, sino solamente perfección. Se entregaban a la providencia.

La base del autodominio es el control de impulsos. Somos como calderas a punto de estallar porque todas las salidas parecen estar cerradas.

Los seres humanos son las únicas criaturas que pueden trascender sus instintos y crear cultura.

Pero las peores barreras para ser libres no son las de la cultura sino las propias.

Fuente: http://psicologiayelser.blogspot.com.ar/2011/02/autodominio-autocontrol-y-psicologia.HTML

desQbre – Qué es la crisis de identidad

No todo el mundo se puede dar el lujo de tener una crisis de identidad siendo joven. Pero lo que si es ineludible que en algún otro momento de la vida se manifieste, porque cada persona muchas veces necesita replantearse quién es realmente; y el hecho de cuestionarse sobre uno mismo es un gran paso hacia el logro del sentimiento de identidad.

León y Rebeca Grinberg nos dicen que la identidad es el resultado de la relación mutua entre tres formas de vínculos de integración, el espacial, el temporal y el social.

El espacial se refiere a la diferenciación entre las diferentes partes del self, el temporal se relaciona con el sentimiento de mismidad a través del tiempo y el social comprende la relación entre el self y los objetos externos.

El hecho de seguir sintiéndose el mismo a pesar de los cambios, es la base emocional de la experiencia de identidad, que significa mantenerse estable a través de distintas circunstancias y de las sucesivas transformaciones que se producen en la vida.

Sin embargo, a veces puede ocurrir que un individuo no pueda aceptar los cambios tanto de sí mismo como los que producen en la realidad, y esta circunstancia puede movilizarle su sentimiento de identidad con respecto al mundo y a si mismo; pudiendo los factores sociales y económicos facilitar o obstaculizar este proceso.

La película “Destino Canadá” muestra con fidelidad cómo la característica de la personalidad, las circunstancias familiares y la relación con los padres, pueden influir en un individuo cuando tiene que atravesar cambios sociales, que lo llenan de angustia porque son vividos como amenazas a su identidad.

La historia describe las vicisitudes de un joven norteamericano, que a pesar de tener ya 28 años, aún mantiene el oposicionismo propio de un adolescente, manteniendo por ese motivo una relación conflictiva e irreconciliable con sus padres.

La misma tendencia lo lleva a comprometerse con una ideología opuesta al sistema republicano que rige en ese momento en su país, enfrentando con la misma intolerancia y desprecio la situación política y conmocionado por las consecuencias de la guerra con Irak donde perdió a un hermano.

Sorprendido por la insensibilidad de la gente que parece no tener conciencia de todo lo malo que ocurre, huye de su casa después de convencerse que su padre jamás podrá aceptar que él es diferente.

Del mismo modo, decide huir de su país para establecerse en Canadá, donde cree que la gente tiene más conciencia social y menos ambiciones.

Tentado por un aviso de Internet que promueven encuentros con parejas canadienses para casarse y así obtener la ciudadanía, elige a una desconocida como acompañante, alguien que también tiene un condicionamiento familiar que no le permite encontrarse a si misma, y así comienzan un viaje de autoconocimiento.

A diferencia de él, ella no se aferra a un ideal utópico, sino que permanece estancada en una estéril búsqueda personal a través de nuevas experiencias.

El viaje en auto hacia Canadá les sirve para conocerse y también para enfrentarse, porque para él es imposible aceptar que los demás no reaccionen ante las injusticias.

Este viaje hacia el si mismo para ambos, les sirve para darse cuenta que no todo es lo que parece ser, que ningún país es perfecto, que hay que responder por todo lo que se hace para sentirse bien, que renunciar a participar y huir no es la clave, que no todo es tan malo ni tan bueno, y que siempre se puede dejar una huella y aportar algo aunque no se compartan las ideas de los gobiernos; porque en lo pequeño está lo grande y en los países democráticos la mejor herramienta es el voto de los ciudadanos.

Fuente: “Identidad y Cambio”, León Grinberg y Rebeca Grinberg, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1976

desQbre – ¿Qué tres emociones básicas universales transmite la música?

Independientemente de si se trata de una danza tribal africana o de un sentido solo de jazz tocado por un saxofonista, el lenguaje de la música transmite una serie de emociones comunes básicas que cualquier persona reconoce, incluso si es la primera vez que escucha determinado tipo de música, según demostraba hace poco un estudio encabezado por Thomas Fritz, del Instituto Max Planck (Alemania).

Concretamente, los investigadores trabajaron con miembros de la etnia mafá, de Camerún, a los que hicieron escuchar canciones occidentales de estilos totalmente desconocidos para ellos. Así fue como identificaron tres emociones comunes que la música consigue transmitir a cualquier individuo: felicidad, tristeza y miedo. “Hemos demostrado que el lenguaje de la música es universal, como lo es el reconocimiento de las expresiones faciales humanas”, concluían Fritz y sus colegas en la revista Current Biology.

Fuente: “Muy Interesante” (Elena Sanz) – http://www.muyinteresante.es/ique-tres-emociones-basicas-universales-transmite-la-musica

desQbre – Salud Emocional en Niños y Adolescentes

Toma mucha paciencia combinado con el buen juicio y relaciones cariñosas y calorosas para críar niños emocionalmente sanos y alegres. Pero no importa lo qué usted hace, sus niños todavía van a sentirse tristes, asustados, ansiosos y enojados, de vez en cuando. Su desafío, como padre, es aprender cómo ayudar a sus niños hacer frente a sus sentimientos y a expresarlos de una manera socialmente aceptable que no causa daño a otros y que sea apropiada para su edad y sus capacidades.

La Importancia de la Confianza El factor más importante de fomentar salud emocional en su niño es la calidad de la relación que usted tiene con él. Sin la presencia de la confianza en este lazo, es imposible que su niño se siente seguro, cerca de usted o cómodo. La confianza tiene sus raíces en la infancia cuando los bebés sientan que pueden depender de los adultos cerca de ellos para ocuparse de sus necesidades básicas. De la perspectiva de su bebé, el cuidado razonablemente rápido y constante es un ingrediente esencial para crear confianza. Cuando las necesidades de su bebé son cumplidas, su hijo desarrolla confianza en usted y él se siente valorado e importante.         También es importante mantener este sentimiento de confianza mientras que su hijo continúa creciendo. Una de las maneras más fáciles de construir confianza es manteniendo una rutina ordenada para el día, así su hijo puede predecir que va a suceder. Reglas concistentes que su niño puede entender también contribuyen a su sentido de confianza. Los adultos que se pueden mantener bajo control también animan la confianza de los niños. Así los niños pueden predecir que serán las respuestas de los adultos y crea confianza. Es también importante que las reglas y las tareas sean apropiadas para la edad y las capacidades del niño.         La confianza entre usted y otros que cuidan su niño es esencial. Esta conección es importante para todos los niños, pero especialmente para los niños con inhabilidades.

Las Opciones y los Límites El mecanismo impulsor del niño hacia independencia y la propia-afirmación es una etapa importante del desarrollo emocional. Mantenga límites cuando sea necesario y permite independencia cuando sea posible. Evite las confrontaciones cuando pueda, pero insista en hacer cosas en su manera cuando es necesario y dele a su hijo muchas opciones para que pueda tomar sus propias decisiones. Hay muchas opciones que usted puede ofrecer, pero deben ser opciones limitadas; no “desees ponerte una sudadera? ” pero ” cual sudadera? ” no “cual vejetal queires en su plato? ” pero “quieres zanahorias o habas? ” Usted puede también dar a sus niños opciones sobre sus juegos y actividades. Cuando espera que los niños elijan para sí mismos qué desean hacer, tienen oportunidades infinitas para tomar decisiones.         Niños mayores como de 4 ó 5 años necesitan hacer conecciones con el mundo a su alrededor, de ser parte de un grupo. Trata de animar a niños de esta edad de pensar en ideas por si mismos y de intentar nuevas actividades. Es importante que ellos sientan la satisfacción emocional que viene de tener experiencias nuevas con sus amigos.
Cuando los niños no tienen oportunidades de escoger opciones, el resultado son luchas sin fin con un niño con bastante espíritu y una pérdida de confianza en niños con menos espíritu. Pero no todo es una opción y la respuesta es a veces ” no. ” Aprendiendo cómo manejar las decepciones, y los retardos son también una parte crítica de desarrollar una actitud emocional sana y equilibrada. Intente reducir el nivel y la frecuencia de decepciones y de frustraciones para evitar batallas innecesarias.

Sienta Lo Que Desea, Controle lo Que Hace Una de las habilidades más valiosas que usted puede enseñar a sus niños es como expresar emociones fuertes sin lastimarse a sí mismo, a otros o dañando propiedad. Ayude a sus niños aprender a sentir lo que desean, pero controlar lo que hacen. Comunicasé con su hijo de una manera no-crítica, mostrándole que entiende como él se siente. Anime su hijo a expresar sus sentimientos verbalmente y de decirle a la otra persona como se siente. Si el niño es demasiado joven para saber que decir, crea una frase simple para que la pueda copiar. Lo importante de recordar es que la misma regla se aplica a usted: sienta lo que desea, pero controle lo que hace.

Los Sellos de la Salud Emocional Aquí estan algunos puntos que pueden ayudarle decidir si su niño está haciendo todo a la derecha:

  • Su hijo está trabajando en las tareas emocionales que son apropiadas para su edad y capacidad? Por ejemplo, si ella tiene dos años y medio, ella se está afirmando de vez en cuando?
  • Su hijo puede apartarse de usted sin tensión indebida y formar una conección con por lo menos un otro adulto?
  • Su hijo está aprendiendo conformarse según las rutinas en la escuela sin demasiado problemas?
  • Su hijo puede enrrollarse profundamente en un juego?
  • Su hijo puede mantenerse tranquilo y concentrarse para una actividad?
  • Su hijo esta consciente de todo sus sentimientos y puede expresarlos sin lastimarse a sí mismo u otros?

Fuente: http://www.pbs.org/wholechild/spanish/parents/dealing.html

Inteligencia Emocional – La ALEGRÍA

‘LA ALEGRÍA DEL ALMA FORMA LOS BELLOS DÍAS
DE LA VIDA’.

Sócrates (s. VI a. C.)

La alegría es definida como un ‘grato y vivo movimiento del ánimo motivado por algo halagüeño, y a veces sin causa determinada, que se manifiesta generalmente con signos exteriores’.
Algunas autoridades, como Havelock Ellis, han llegado a considerar a la risa como “un ejercicio religioso, puesto que conduce a una expansión del alma”.


Además de ‘formar los bellos días de la vida’, como dijera Sócrates, la alegría, o el buen humor, son importantes porque no hay aspecto de nuestro diario vivir que les sea ajeno.

Repasemos algunos :

1) LA RISA ES SALUD.
Aristóteles describía a la risa como “un ejercicio corporal valioso para la salud”.
La medicina psicosomática se ha cansado de probar que nuestro estómago, hígado, corazón y todos los órganos funcionan mejor cuando nos sentimos felices. La risa o alegría aumenta nuestra resistencia física y actúa como un inhibidor natural del dolor. Hace millares de años el rey Salomón decía en sus PROVERBIOS: “Un corazón alegre nos hace tanto bien como una medicina, mientras un espíritu quebrantado nos seca hasta los huesos”.

2) LA RISA ES UN MEDIO RÁPIDO, FÁCIL Y GRATUITO DE RELAJACIÓN.
La risa interrumpe la actividad mental : divierte, o más bien relaja la atención, impidiendo así a la mente entretenerse en cuestiones perniciosas. La risa también levanta un espíritu cansado.

3) ‘EL BUEN HUMOR ES UNA DE LAS MEJORES PRENDAS DE VESTIR CON LA QUE PODEMOS PRESENTARNOS EN SOCIEDAD’.
W. M. THACKERAI, acerca del humor en el trabajo. “Reír es también bueno para los negocios. Puede reducir las tensiones, da vida a las presentaciones y estimula la creatividad. En un ambiente de negocios, cuando a las personas se les permite reír, aunque sea quince segundos, obtienen más oxígeno para el cerebro, lo que les hace pensar más claramente”. También agrega que el humor borra o atenúa las jerarquías, produciendo menos acartonamiento.
En nuestro trabajo diario, la risa es una vacación instantánea y gratuita.

b) En una negociación : LA RISA ES LA DISTANCIA MAS CORTA ENTRE DOS HOMBRES

 

‘NO CONSEGUIR LA ALEGRÏA ES PERDERLO TODO’.
Robert L. Stevenson

‘ALEGRÍA Y AMOR SON LAS ALAS DE LAS GRANDES EMPRESAS’.
Wolfgang Goethe

‘NO PUEDES EVITAR QUE LOS PÁJAROS DE LA TRISTEZA VUELEN SOBRE TI, PERO DEBES EVITAR QUE ANIDEN EN TU CABELLO’.
Proverbio chino.

‘EL CORAZÓN ALEGRE ES CAPAZ DE CAMINAR TODO EL DÍA. EL CORAZÓN INSENSIBLE A LA ALEGRÍA SE CANSA AL CABO DE UNA HORA’.
William Shakespeare

‘UNA PERSONA SIN SENTIDO DEL HUMOR ES COMO UN COCHE SIN AMORTIGUADORES. SALTA DE DOLOR CON CADA PIEDRA DEL CAMINO’.
Henry Ward

‘…EL ANCIANO RIÓ ESTENTÓREA Y GOZOSAMENTE, AGITANDO SU ANATOMÍA DE LA CABEZA A LOS PIES, Y TERMINÓ DICIENDO QUE AQUELLA RISA ERA DINERO, PUES DISMINUÍA LAS CUENTAS DEL MÉDICO”.
Mark Twain, en TOM SAWYER.

‘VOLTAIRE DIJO QUE EL CIELO NOS HABÍA DADO DOS COSAS PARA EQUILIBRAR LAS NUMEROSAS DESGRACIAS DE LA VIDA : LA ESPERANZA Y EL SUEÑO. PODRÍA HABER AÑADIDO LA RISA”.
Immanuel Kant

Fuente: http://www.inteligencia-emocional.org/articulos/alegria_buen_humor.htm

 

¿Qué es la alegría?

¿Qué es la Alegría?. La alegría es definida como un estado mental caracterizado por sentimientos de amor , placer y satisfacción.

Existen otras maneras de definir la alegría:

  • Helen Keller define la alegría como una emoción que se logra a través de la fidelidad hacia un propósito valioso.
  • La verdadera alegria de acuerdo a Og Mandido reside dentro de uno mismo. No pierda el tiempo buscando la alegria fuera de usted mismo. Recuerde que no existe alegria en el tener o en el obtener algo, sinó en el dar. Comparta, sonría, abraze a los demás.
  • La alegria es el significado y el propósito de la vida, el sentido de la existencia humana. Definición de Aristóteles.
  • Si usted tiene una buena vida, usted será feliz. Si usted tiene una mala vida se volverá un filósofo. Definición de Sócrates.

La alegria es importante porque nos puede ayudar a lograr nuestras metas. La alegria también puede cambiar la vida de los demás simplemente si somos nosotros mismos.

La alegria puede hacernos más creativos, energéticos, exitosos, etc. Es no sólo importante para nosotros mismos sinó que también para los que nos rodean.

Fuente: Carla Valencia – http://www.las-emociones.com/alegria.html

desQbre – La DEPRESIÓN… la otra crisis mundial

En 20 años, la depresión se convertirá en la enfermedad que más padecerán los seres humanos, superando al cáncer y los trastornos cardiovasculares, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según la organización, este trastorno mental será el mayor problema de salud para las sociedades, tanto económica como socialmente. Y sin embargo, agrega la OMS, la mayoría de los países en desarrollo actualmente sólo gastan menos de 2% de sus presupuestos nacionales en servicios de salud mental. La advertencia fue hecha durante la primer Cumbre Global de Salud Mental que se lleva a cabo en Atenas, Grecia. Según la OMS, actualmente más de 450 millones de personas están directamente afectadas por algún trastorno o discapacidad mental, y la mayoría de éstas viven en los países en desarrollo…

“Las cifras de la organización muestran claramente la magnitud del problema y sus probabilidades de que sea cada vez más grande”, dijo a la BBC el doctor Shekhar Saxena, del Departamento de Salud Mental de la OMS.

“Tanto es así que en 2030 la depresión será, entre todos los trastornos de salud, el que causará la mayor carga de salud”, agrega.

Cuando se habla de “carga”, explica el experto, se considera la medida de años perdidos de vida debido a una muerte temprana o a una discapacidad severa causada por una determinada enfermedad, que en este caso es la depresión.

Epidemia silenciosa

El doctor Saxena afirma que la depresión actualmente es mucho más común que otras enfermedades más temidas, como el VIH-Sida o cáncer.

Y sin embargo, agrega el experto, la depresión es uno de esos temas de los que la gente no suele hablar mucho, sobre todo cuando la persona es la afectada.

“La llamamos la epidemia silenciosa porque a menudo pasa sin ser reconocida”, dice el psiquiatra de la OMS.

“Pero siempre ha estado presente y es probable que aumente en términos de proporción mientras otras enfermedades disminuyen”.

Esta creciente carga de salud será un problema particularmente grave para los países en desarrollo que cuentan con menos recursos para servicios de salud mental.

“Tenemos cifras que muestran que los países más pobres en realidad tienen más depresión comparados con los países ricos”, explica el doctor Saxena.

“E incluso la gente pobre en los países ricos tiene una incidencia de depresión más alta que las personas más ricas en esos mismos países”.

Más pobres, más deprimidos

Las cifras de la OMS muestran que los países de altos ingresos destinan 200 veces más recursos a su salud mental que los de bajos ingresos.

Y como cerca de la mitad de los trastornos mentales comienzan antes de que la persona cumpla 14 años, los expertos subrayan la importancia de disponer servicios de salud durante la infancia.

Sin embargo, los países de bajos y medianos ingresos tienen sólo un psiquiatra infantil por cada 1 a 4 millones de personas.

Los estudios de la OMS muestran que cerca de 800.000 personas se suicidan cada año y 86% de éstas viven en países de bajos y medianos ingresos.

Y más del 50% de estas personas, dice la organización, tienen entre 15 y 44 años.

Pero las pérdidas no son sólo importantes en términos sociales, porque las enfermedades mentales también tienen un enorme impacto en la productividad de un país.

Expertos britanicos del King’s College en Londres han calculado en términos financieros cuál es la carga de una persona con depresión para una sociedad.

“Parte de esta carga es por la pérdida de productividad, porque una persona con depresión grave tienen muy pocas posibilidades de estar empleada o mantenerse empleada” afirma el profesor Martin Prince, experto en epidemiología psiquiátrica del King’s College de Londres.

“Pero también se incluyen los costos de los beneficios de incapacidad o desempleo, particularmente en países desarrollados”, dice el experto.

“Estos costos combinados suman unos US$19.000 millones al año o cerca de 1% del PIB, así que es una suma extraordinariamente grande” agrega.

Con las perspectivas de que aumente la carga de las enfermedades mentales y continúe incrementándose en los próximos años, es urgente que cambie la actitud de la sociedad hacia las enfermedades mentales.

“La depresión es una enfermedad tan real como cualquier otro trastorno físico que hace sufrir a la gente”, expresa el doctor Saxena.

“Y la persona afectada tiene el derecho de obtener asesoría y tratamientos correctos en el mismo entorno de salud que se ofrece a los que padecen otras enfermedades”, agrega el experto.

Fuente: http:/psicologiayelser.blogspot.com.ar