La meditación reduce los síntomas de la depresión en adolescentes – mindfulness

Científicos de la Universidad Católica de Leuven (KU Leuven), en Bélgica, han realizado un estudio que consistió en enseñar a más de 408 estudiantes de secundaria a meditar siguiendo una técnica específica: el mindfulnsess. El resultado fue una reducción de los síntomas de depresión, ansiedad y estrés en los jóvenes, tanto de manera inmediata como seis meses después del desarrollo del programa.

mindfulnessEn psicología, se denomina mindfulness (atención y conciencia plena) a la actitud de atención completa a la experiencia actual (emociones, pensamientos o sensaciones), sin juicio.

Como práctica, es un método de meditación que implica una auto-regulación de la atención –para centrarla en la experiencia inmediata y permitir así un incremento del reconocimiento de los eventos mentales del momento-; y la adopción de una orientación particular hacia la experiencia individual, con una actitud de curiosidad, apertura y aceptación.

Esta técnica, que tiene su origen en la tradición budista, ha sido aplicada por investigadores de la Universidad Católica de Leuven (KU Leuven), en Bélgica, a estudiantes de secundaria.

El resultado, según publica la KU Leuven en un comunicado, fue una reducción de los síntomas de depresión, ansiedad y estrés en los jóvenes, tanto de manera inmediata como seis meses después del desarrollo del programa.

Además, los jóvenes que siguieron este sistema se mostraron menos propensos a desarrollar síntomas de depresión grave o mayor. El estudio, dirigido por el profesor Filip Raes (de la Facultad de psicología y ciencias de la educación de dicha Universidad), es el primero que examina los efectos del mindfulness sobre la depresión en una muestra de adolescentes en un entorno educativo.

Características del estudio

Se sabe que la depresión suele tener su origen en una espiral de sentimientos negativos y de preocupaciones. Por tanto, una vez que una persona aprende a reconocer más rápidamente estos sentimientos y pensamientos, puede intervenir antes de que la depresión le afecte en profundidad.

La técnica de mindfulness ya había sido ampliamente probada y aplicada en pacientes con depresión. Por ejemplo, en 2010, un estudio realizado por científicos del Centre for Addiction and Mental Health de Canadá con enfermos de depresión severa reveló que dicha técnica proporciona una protección contra la recaída en la depresión similar a los antidepresivos.

Sin embargo, esta es la primera vez que el método es analizado en un grupo de adolescentes en un entorno educativo, siguiendo un diseño de investigación aleatorizado y controlado.

El estudio se llevó a cabo en concreto en cinco escuelas de secundaria de Flandes, Bélgica, con un total de 408 estudiantes de edades comprendidas entre los 13 y los 20 años.

Los estudiantes fueron divididos en un grupo de prueba y otro de control. El grupo de prueba siguió en clase un programa de entrenamiento en mindfulness, que consistió en la instrucción en ejercicios de respiración consciente y análisis del cuerpo; en el intercambio de experiencias relacionadas con estos ejercicios; en actividades de reflexión en grupo y de puesta en común de historias inspiradoras; y en educación sobre estrés, depresión y autocuidado.

El grupo de control, por su parte, no recibió ningún entrenamiento. Antes del estudio, ambos grupos completaron un cuestionario diseñado para detectar síntomas de depresión, estrés y ansiedad en todos los participantes.

Ambos grupos cumplimentaron el cuestionario de nuevo justo después del entrenamiento, y también seis meses después de que este acabara.

Síntomas reducidos

Antes del inicio del programa, el grupo de prueba y el grupo de control presentaron un porcentaje similar de estudiantes con síntomas de depresión (un 21% y un 24%, respectivamente).

Sin embargo, tras el entrenamiento en mindfulness, el porcentaje fue significativamente menor en el grupo de prueba: un 15% frente al 27% del grupo control.

Esta diferencia se mantuvo seis meses después del programa. Entonces, dichos síntomas aparecieron en el 16% de los individuos del grupo de prueba, y en un 31% de los participantes del grupo de control.

Según los investigadores, estos resultados sugieren que la atención consciente puede propiciar una disminución de los síntomas asociados con la depresión y, por otra parte, proteger contra el desarrollo de dichos síntomas.

Otros beneficios de la meditación

Otros estudios sobre meditación han demostrado que esta técnica puede ser beneficiosa para diversos aspectos de la salud, y no solo para contrarrestar la depresión. Uno de los más recientes, ha sido una investigación publicada a principios de este año, que demostró que el mindfulness resulta beneficioso para personas con enfermedades inflamatorias crónicas, como la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal y el asma.

Por otra parte, una investigación de 2010 constató que los cambios psicológicos positivos que propicia la meditación potencian la salud celular del organismo; otra más, de 2009, que la práctica de la meditación durante tres meses permite reducir los niveles de estrés y mejorar la hipertensión de los jóvenes adultos; y una tercera constató que la meditación puede ser un remedio efectivo contra el insomnio crónico.

Diversos grupos científicos han analizado asimismo el efecto de la meditación en el cerebro. En este sentido, se ha comprobado que las personas que meditan tienen más pliegues (o mayor grado de girificación) en la corteza cerebral, lo que hace que sus cerebros procesen la información más rápidamente que los cerebros de los individuos que no meditan; y que con solo media hora de meditación al día se pueden provocar cambios mensurables en regiones del cerebro relacionadas con la memoria, el sentido del yo, la empatía y el estrés.

 

Referencia bibliográfica:

Filip Raes, James W. Griffith, Katleen Gucht, J. Mark G. Williams. School-Based Prevention and Reduction of Depression in Adolescents: a Cluster-Randomized Controlled Trial of a Mindfulness Group Program. Mindfulness (2013). DOI: 10.1007/s12671-013-0202-1.

Fuente y autora: Yaiza Martínez – www.tendencias21.net

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Adolescentes y la Fobia Social ¿de qué se trata?

cache_2409999735Todo el mundo piensa que ser adolescente significa disfrutar a pleno de la vida social. ¿Por qué no? Entre la escuela, las fiestas y todas las actividades con amigos, de seguro que hay mucha diversión. Sin embargo, no todos los adolescentes disfrutan al participar en los eventos sociales y hasta los rechazan. Algunos incluso sienten una profunda ansiedad de ser vistos en público en situaciones cotidianas. Aquí te cuento de qué se trata esta fobia social en los adolescentes.

Juliana recuerda que cuando tenía 16 años todo el mundo le decía que dejara de ser tan tímida. Ella era callada, más bien introvertida y odiaba, sobre todas las cosas, tener que pasar delante de mucha gente. Le daba vergüenza por ejemplo, subirse a un autobús (bus, colectivo, guagua, camión) urbano y tener que caminar por el pasillo para buscar un lugar. El sentir las miradas de la gente le producía mucha ansiedad hasta el punto de hacerla sudar y sonrojarse. Por eso, su mamá recuerda que siempre supo que lo de Juliana era mucho más que timidez. En el colegio no quería participar en actividades, como teatro o danza, por el miedo a exponerse en público y ser criticada. No le gustaba ir a fiestas porque le daba pánico no saber si la iban a sacar a bailar o no.

Fue entonces cuando decidieron buscar ayuda profesional y Juliana fue diagnosticada con fobia social. Hoy, ya varios años después, Juliana agradece a su mamá que la haya llevado a esa terapia, pues es abogada litigante y su trabajo le exige hablar en público.

Como Juliana, muchos adolescentes padecen de fobia social, la cual se define como una ansiedad intensa o un miedo persistente ante un objeto, una actividad o una situación social que se evade a toda costa para evitar el estrés. Hablar en público o iniciar una conversación son las principales situaciones de las que huyen los adolescentes.

Las estadísticas indican que el promedio de edad en el que se desarrollan los síntomas de la fobia social es entre los 11 y los 19 años, es decir, durante la adolescencia.

Para identificar si tienes fobia social o si tu hijo(a) adolescente la padece, presta atención a los siguientes síntomas:

  • Sentirse observado en situaciones sociales al punto de sentir      dolor de estómago, tener el pulso acelerado, marearse y llorar.
  • Sentirse cohibido (con timidez) cuando otros observan: pensar      que todos están juzgando lo que haces.
  • Tener un temor extremo de que otros te observen.
  • Temer al qué dirán los demás.
  • Evitar iniciar conversaciones con compañeros de la clase.
  • Sensaciones físicas como sonrojarse, palpitaciones, náusea,      sudor y sentirse humillado(a).

Si piensas que tu ansiedad ante situaciones sociales es extrema hasta el punto de interferir en tu vida diaria y tu bienestar emocional, puede que tengas fobia social. Para saber si es así, debes consultar con un especialista que puede recomendarte los dos tratamientos que hay para tratar este tipo de fobia: medicamentos y terapia psicológica o terapia de comportamiento.

Los medicamentos se pueden combinar con la terapia (es lo que generalmente se recomienda) y se ha comprobado que son efectivos para tratar y eliminar los síntomas de la fobia social. En los Estados Unidos, la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) ha aprobado cuatro medicamentos específicamente para los casos de fobia social: Zoloft (Sertraline), Paxil (Paroxetine), Luvox (Fluvoxamine) y Effexor (Venlafaxine). Puede que en tu país existan con el mismo nombre o que tu médico te recomiende otros con ingredientes similares que sean igualmente efectivos (el ingrediente que se encuentra entre paréntesis es el ingrediente químico que es igual en todos los países).

Lo bueno de los medicamentos es que funcionan. Lo malo, es que sólo tratan los síntomas, en este caso no los curan y podrían causar algunos efectos secundarios. Por lo que, si se suspende su uso, los síntomas pueden regresar.  Por eso, la terapia psicológica o la terapia de comportamiento podría ser mejor a largo plazo si te funciona, ya que con algunos métodos podrías “entrenar” a tu cerebro para que le pierda miedo a las situaciones sociales que no podías enfrentar previamente.

De cualquier manera, el primer paso es identificar si padeces de fobia social para así poder tratarla y disfrutar de tu adolescencia a plenitud, (o ayudar a tu hijo(a) a   superarla).

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Fuente: (Doctora Aliza) – http://www.vidaysalud.com

desQbre – ¿Por qué cuesta tanto pedir perdón?

¿Por qué a las personas les cuesta tanto pedir disculpas?

Los expertos consultados coinciden en que la mayor dificultad de mostrar arrepentimiento por algo que se ha hecho radica en que, al aceptar el error, se rompe la imagen idealizada que uno tiene de sí mismo.

“Cuando metemos la pata esa imagen autoidealizada que se tiene de uno mismo se rompe, de modo que lo más fácil es agarrarse a esa autoimagen y justificar lo que se ha hecho”, explica Vicens Olivé, autor del libro ‘PNL & Coaching’ y quien es experto en ambas materias.

Olivé señala que la tentación que se tiene al “meter la pata” es “salvar la papeleta para no comprometer el ego, porque eso acaba doliendo pues significa cambiar la imagen que uno tiene de sí mismo y se produce una bajada de ego bastante gorda”.

Para Olivé lo que hay detrás de esa resistencia a pedir perdón es una cuestión de orgullo, de creerse lo que no se es. “Cuando en vez de orgullo se tiene humildad sí que se puede pedir perdón”, explica.

El psicólogo Carlos Odriozola, especializado en la elaboración de procesos de duelo y quien lleva años impartiendo cursos de psicología práctica para la vida, coincide con Olivé en que el orgullo es un obstáculo a la hora de solicitar el perdón.

La culpa

Odriozola explica que para comprender la importancia de pedir perdón en toda su dimensión hay que “retroceder a un estadio anterior, que es el de la culpa entendida como sentimiento de indignidad que surge como acción u omisión que va en contra de mis principios, de mis valores. Todo empezaría desde ahí”, señala.

“La tentación al meter la pata es salvar la papeleta para no comprometer el ego”

Vicens Olivé, experto en PNL y ‘coaching’

La forma adulta de encarar esa culpa, precisa Odriozola, es transformándola en responsabilidad, momento en el que “decimos no me gusta lo que lo que hecho, lo siento y trataré de que no vuelva a suceder”. Esta transformación de la culpa en responsabilidad “ya produce un profundo sentimiento de serenidad”, asegura Odriozola quien, sin embargo, establece un tercer paso para liberarse de esa culpa: el pedir perdón de forma explícita, algo que según la opinión de este psicólogo no ha hecho el monarca.

“El Rey ha transformado su culpa en responsabilidad al decir que no volverá a ocurrir pero no ha dado el tercer paso que es pedir perdón. Él no pide perdón de forma explícita, en ningún momento menciona esa palabra, y ése es precisamente el momento más complicado porque el poder de perdonar no lo tengo yo, lo tiene el otro, mientras que el sentir algo depende de forma exclusiva de uno mismo”, señala Odriozola, para quien pedir perdón exige de “muchísima humildad porque tengo que aceptar la posibilidad de que el otro no quiera concedérmelo”.

La reparación

Olivé, por su parte, explica el perdón desde el punto de vista de la programación neurolingüística, la ciencia y el arte que estudia la percepción individual y mental que tiene una persona del mundo. Desde este punto de vista el pedir perdón tiene mucho que ver con la incongruencia entre lo que dices y lo que haces. “Uno a sí mismo se justifica sus incongruencias, pero si esa justificación queda fuera es cuando se produce lo que se llama confrontación e implica que me digan ‘dijiste tal cosa pero hiciste otra'”.

“Pedir perdón es lo más complicado porque el poder de perdonar no lo tengo yo”

Carlos Odriozola, psicólogo

Para este experto en PNL es muy sanador pedir perdón porque es una “forma de reparar” un daño que se ha hecho. Eso sí, “a veces sólo con el perdón no basta y hay que reparar las consecuencias”. Como ejemplo pone lo que sucede en una pareja después de una infidelidad, “cuando el daño está hecho y hay que repararlo”.

El doctor en Psicología, teólogo y filósofo Lluís Serra también cree que la dificultad de pedir perdón tiene mucho que ver con el ego personal. “Primero hay que ser consciente de lo que se ha hecho, segundo de que lo hecho no está bien y, tercero, de que mi comportamiento puede haber perjudicado a otras personas”, explica Serra, para quien la dificulta de pedir disculpas también “viene del orgullo personal, de la vanidad, de las diferentes posturas del ego”.

Al pedir perdón hay una cierta pérdida de imagen social, pero el salir a arrepentirse puede dar credibilidad a una persona, el perdón tiene efectos positivos cuando una persona acepta su debilidad”, señala Serra, para quien las disculpas del Rey han provocado que “se haya reconducido la presión social” por la cacería del monarca.

Más difícil para los personajes públicos

¿Es más difícil para un personaje público pedir perdón? El asesor de Comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí explica que se “ha cultivado la idea de que la política son las virtudes públicas”, pero, desde su punto de vista, “lo realmente relevante, cada vez más, es la coherencia entre lo que piensas, dices y haces” de ahí que para un personaje público pedir perdón signifique “reconocer la ruptura de esta cadena de valor de legitimidad”.

“Una escena pública de constricción hace a un político más humano”

Antoni Gutiérrez-Rubí, experto en Comunicación

“Al político se le exige ejemplaridad, por lo que pedir perdón significa que el político acepta que no ha sido ejemplar. Lo que conlleva un gran simbolismo, porque su ejemplaridad tiene que ver con ser honesto con su trabajo y con sus deberes hacia la sociedad“, sostiene Gutiérrez-Rubí, quien señala que pedir perdón “es también considerado por muchos políticos como síntoma de debilidad, de persona que erra, de ahí la enorme dificultad de reconocer los errores como parte de un proceso de rendición de cuentas”.

Sin embargo, continúa este experto, estas escenificaciones públicas de la constricción “suelen traer consigo notables beneficios porque hacen a los políticos más humanos, acercándoles a sus electores a través de la empatía”. “Transmiten el mensaje de decirles soy como tú, soy normal, también hago y digo cosas de las que acabo arrepintiéndome”, especifica.

“Además, al reconocer que has incurrido en una falta pero que estás dispuesto a regenerarte, se transmite la idea de que también el elector debería estar dispuesto a darte una oportunidad. Y, en último término, la historia de la persona que toca fondo y que es capaz de superar las adversidades es impagable en términos de relato político”, dice Gutiérrez-Rubí, para quien en nuestra tradición sociológica, fuertemente ligada a la cultura católica, los errores son interiorizados como pecados y se ven socialmente así, mientras que en el contexto anglosajón y protestante, por ejemplo, el error es parte del itinerario del esfuerzo.

Las dimensiones del perdón

Serra diferencia, además, dos dimensiones en el perdón: una psicológica y otra moral y religiosa. “Lo que no se puede hacer es vivirlo desde una visión moral sin asumir el significado del perdón porque si no, no se integra en la persona”, señala. “A veces te dice perdono pero no olvido, lo que indica que hay algo que no funciona ahí”, pone como ejemplo.

“Al solicitar perdón hay una cierta pérdida de imagen social”

Lluís Serra, doctor en Psicología

Este doctor en Psicología también señala que no es lo mismo pedir perdón que el hecho de que te lo pidan, porque “cuando me lo piden son otros mecanismos los que tengo que poner en juego para aceptarlo”, algo que “vale la pena hacer porque es una manera de restablecer la constelación de la persona”.

“Una persona que tiene una herida y no la cicatriza se hace daño a sí misma”, asegura Serra, para quien es necesario hacer un proceso, a veces muy largo, para llegar a la aceptación del perdón porque “el darlo se puede interpretar como debilidad pero en realidad es fortaleza”.

Para Serra es muy positivo plantearse qué heridas ha recibido cada uno y como está respecto a ellas y si las ha cicatrizado o no. “Es un tema muy interesante porque aquí entra en juego la felicidad personal. Yo he visto a personas que están ancladas en vidas pasadas, no lo han superado y viven en aquel momento, distorsionadas por el dolor de esa herida”, asegura.

Fuente: “El Mundo” (Leonor Cabrera) – http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/20/noticias/1334911734.html

 

 
 
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desQbre – El Arte de Reír

El Arte de Reír

Aunque la risa no parece adecuarse a la imagen de seriedad que imponen algunas reglas sociales y el mundo de los negocios; el hábito de la risa en familia, en el trabajo o entre amigos, consolida las relaciones, afloja los momentos de tirantez, puede convencer a los rígidos, apacigua los malos y tiene un efecto saludable para el que ríe.

Algunos afirman que riendo se puede decir cualquier cosa, porque en tren de bromas nadie se ofende.

Los adultos pierden la costumbre de reír, apenas sonríen de vez en cuando y muchas veces lo hacen sin ganas, sólo por compromiso.

La risa tiene valor terapéutico, dice el doctor en medicina Ramón Mora, que ya hace más de diez años que se dedica a la investigación clínica en Medicina Preventiva y Salud Pública y a la docencia universitaria.

La risa tiene que brotar desde adentro para poder aprovechar al máximo sus efectos saludables.

Sin embargo, para obtener beneficios de la risa, no se necesitan motivos, ni se requiere ser feliz, ni tampoco es necesario tener gran sentido del humor. Sólo hay que estar dispuesto a hacerlo y convertirlo en un hábito.

Se puede pedir algo, saludar y hasta hablar, con una sonrisa, y como la sonrisa es contagiosa recibiremos a cambio más y más sonrisas y mejor trato.

La risa favorece la adaptación a cualquier situación, tiene el poder de bajar las defensas de los que no se permiten mostrarse vulnerables; inhibe la agresión y proporciona beneficios fisiológicos, psicológicos y sociales.

La persona de risa fácil tiene mejores oportunidades para desarrollarse y crecer y también para vencer obstáculos, ya que el sentido del humor es la mejor herramienta para resolver problemas difíciles y vincularse socialmente.

La risa tiene el poder de cambiar las actitudes de la gente y tiene efectos terapéuticos, aunque no sea espontánea, porque el cerebro no distingue la diferencia entre la ficción y la realidad. Por eso es útil aprender a reírse voluntariamente y ensayar para que se instale esa conducta y se pueda disfrutar de sus beneficios; porque se comienza riendo sin ganas pero se termina riendo en forma auténtica.

El que tiene el hábito de reír tiene también la capacidad de ver el lado cómico que tienen todas las cosas.

Las personas se ríen más o menos según como sea su personalidad. Se ríen más los extrovertidos que los introvertidos, los simpáticos más que los antipáticos; los desinhibidos más que los tímidos; los niños más que los adultos, las mujeres más que los hombres, porque aunque ellos puedan llegar a ser buenos cómicos, en sus casas son tristes.

La risa en el trabajo levanta la moral del grupo, fomenta la colaboración, eleva la autoestima, porque el que ríe en forma frecuente recibe más señales de afecto; incrementa la motivación; mejora el ambiente; favorece la comunicación y el rendimiento y reduce el ausentismo.

Cuando nos reímos desaparece la depresión y el negativismo; y además, se disipan las preocupaciones.

Los cambios que puede producir la risa, cuando se hace habitual, son espectaculares. El cuerpo pierde la rigidez, se hace más flexible y comienza a irradiar buena onda, salud, alegría y entusiasmo en todas direcciones.

Para que el hábito de la risa esté presente en nuestras vidas y podamos disfrutar de sus beneficios, se puede ensayar la risa cada vez que nos miramos al espejo todos los días; además, tratar de participar en situaciones alegres, elegir programas divertidos para ver por televisión o en el cine; estar con niños y ponerse a su altura; escuchar música agradable, bailar, celebrar cualquier acontecimiento, hacer actividad física entretenida y contar chistes.

El estrés es enemigo de la risa, porque el que está tensionado se toma la vida muy en serio creyendo que puede controlarlo todo y no tiene tiempo para reírse de nada, ni siquiera de sí mismo; porque está cansado, malhumorado y amargado, porque no puede disfrutar del ocio ni de la compañía y así, tan seriamente se va quedando solo.

La risa es el puente que nos vuelve a conectar con la vida, con los otros, y con nuestro trabajo.

 

Fuente: “La Risa”, Ramón Mora.

http:/psicologia.laguia2000.com

 
 
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Tengo la SENSACIÓN de…

Desde el punto de vista fisiológico, la sensación es el resultado de la excitación nerviosa que se produce frente a un estímulo tanto físico como químico a través de los sentidos.

Desde la Psicología, la sensación es la emoción que se registra en el estado de ánimo frente a un acontecimiento, una experiencia o una novedad o noticia significativa en el ambiente. Es la capacidad de captar las características sensibles de los objetos, como los colores, las formas, etc.; y cuando la sensación es registrada por la conciencia se transforma en percepción.

La Psicología de la Gestalt propone que la conciencia es capaz de percibir el conjunto de sensaciones que le dan forma a una estructura con significado; y que nunca se puede ser afectado en forma aislada.

Algunos consideran que las sensaciones son abstracciones mentales, estructuras que forman percepciones, ya que lo único que se puede analizar es la sensación consciente.

Se distinguen tres características en la sensación: la cualidad, la intensidad y la duración.

La cualidad se refiere a la naturaleza del estímulo, la intensidad es el grado en que afecta la conciencia, y la duración, el tiempo que necesita para ser registrado.

Desde el punto de vista filosófico, la sensación es el conocimiento sensible o percepción externa, incluyendo todos los elementos simples que la componen.

Descartes distingue la sensación de la percepción, considerando a la sensación la señal que proviene de los objetos externos, idea que comparte el empirismo y el sensacionalismo y la percepción un producto del pensamiento.

Kant reacciona ante esta postura y propone que las sensaciones provienen del mundo externo, los sentidos las reciben y las organiza en representaciones objetivas, por las formas “a priori” de la sensibilidad.

Fitche, en su intento por integrar la división que hace Kant, entre sensibilidad, entendimiento y razón, sostiene que la sensación es el principio del conocimiento y que es inconsciente; luego adquiere el contenido mediante un proceso dialéctico para aprehender la realidad.

Las sensaciones son vivencias subjetivas, porque dependen del sujeto y pueden influir significativamente en la sensibilidad al dolor, en los malestares del funcionamiento de los órganos y en la tolerancia a tratamientos y medicamentos; porque es innegable que tanto las sensaciones internas como externas son vividas y percibidas de una manera diferente por cada sujeto.

Una misma enfermedad puede tener distintas formas de manifestación, por esta razón se dice que no hay enfermedades sino enfermos.

Se ve lo que se desea ver y se percibe lo que se quiere percibir. La idea o pensamiento parece adelantarse a los acontecimientos y deforma los hechos; y es frecuente que cuando la realidad objetiva no se ajusta a la idea, ésta no se vea.

Por ejemplo, si buscamos algo en un placard lleno de cosas con cierta características de forma y color que creemos recordar, si esas características han cambiado o bien son diferentes en algún aspecto, aunque el objeto se encuentre frente a nuestros ojos, no lo vemos.

Cada pensamiento es también una molécula y todo lo que pensamos produce cambios en el funcionamiento del cuerpo.

Si cambiamos de pensamientos e intentamos ver la realidad tal cual es, sin asociarla a una situación emocional o afectiva anterior que la distorsiones, podremos evitar alterar el funcionamiento del cuerpo y lograr la salud perfecta.

Podemos decidir controlar nuestras emociones que son producto de nuestras experiencias que aún permanecen en nuestra memoria; y experimentar cada momento como si fuera único, aprendiendo a vivir en el presente y no continuar siendo esclavo de nuestro pasado.

 

 
 
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