5 pautas para comunicarte con tu jefe sin temor

¿Cuántas veces te has parado a pensar en lo que le dirías a tu jefe y finalmente no te has atrevido? Si sigues leyendo encontrarás algunas pautas mediante las cuales la próxima vez sí se lo dirás.

¿Te atreves?

Sí, yo también me he encontrado en tal situación. No solamente con mi jefe, sino con mis clientes en mi vida anterior de consultoría. Parece nos han inculcado la creencia del servilismo, de que el cliente siempre tiene la razón, y por supuesto también nuestros superiores…

¿Qué consigues pensando que tienes que agradar a tu entorno? ¿De qué te sirve que tu jefe no sepa de tus inquietudes? Piensa… Te doy un minuto.

Puede que primero hayas respondido “De nada” y tras pensarlo un poco más con el silencio provocado por la coach, hayas extraído más conclusiones como las siguientes: “Sólo consigo sentirme frustrad@”, “Me sirve para no enfrentarme a él/ella, para no moverme de mi zona de confort”. ¡Menuda zona de confort! Seguramente en esa zona de confort estás tú con tus pensamientos, tus bucles, tu ira externa e interna, sin avanzar, sin progresar, sumid@ en tu autogenerada negatividad.

Esto nos pasa todos los días. Cuando tenemos que discutir un presupuesto, cuando tenemos que solicitar más recursos para llevar a cabo los proyectos de los que somos responsables, cuando queremos solicitar una jornada reducida, cuando deseamos conciliar más nuestra vida personal y profesional y no sabemos cómo plantearlo…

Te doy varias pautas, a ver qué te parecen:

1. Piensa que tu jefe es una persona: ¿qué virtud tenemos las personas? Entre muchas otras, capacidad de diálogo. Diálogo, según wikipedia, es “El diálogo es una forma oral y/o escrita en la que se comunican dos o más personajes en un intercambio de información entre sí.”

¿Y si la próxima vez planteas la conversación como una comunicación, un intercambio de información, es decir, un diálogo? No pienses en que es una petición, una queja, un reproche. Piensa en que vas a exponer la situación ante una persona como tú, con su carne y sus huesos, con sus problemas y sus preocupaciones, con sus alegrías y tristezas.

Sois dos personas. Sitúate a su nivel. ¿Quién te dice que no lo estás para poder mantener una conversación con él o ella? ¡No espera menos de ti!

2. Encuentra el momento: crea rapport, crea sintonía. Para ello busca el momento apropiado, de modo que quien tienes delante tuyo pueda estar receptivo, pueda estar por ti. Esto no viene dado, hay que crearlo. Entra rompiendo el hielo, comenta una jugada previa, pregúntale cómo se encuentra, consulta si puede estar por ti.

3. Plantea tu asunto en cuestión: expón tu preocupación sin temor. Plantea qué está ocurriendo. Crea contexto.Ponle en antecedentes, explícale el marco, qué está ocurriendo. No entres con la queja o la petición directamente. ¿Qué te pasa a ti cuando te entran directamente con demandas y lamentos? ¿No preferirías unos minutos previos de explicación coherente para poder entender la situación?

4. Plantea soluciones a tal asunto: cada vez más se nos solicita en el trabajo que seamos proactivos, creadores, generadores de ideas.  Aplícate esto cuando tengas que exponer un tema ante tu superior. Apórtale alternativas, soluciones, ideas. Que vea que lo has trabajado. Sé inteligente, lleva las soluciones a tu terreno. Piensa en argumentos que puedes ofrecer para defenderlas, y prepara argumentos también para las que esperes que te vaya a ofrecer él/ella.

5. Mantente firme en tu actitud:  sé fuerte. Has llegado hasta aquí con todo tu esfuerzo, fíjate en lo que has logrado. ¿Qué puedes conseguir flojeando? No significa que tengas que conseguir tener la razón. Significa que te mantengas firme en tus argumentos, en tu pensamiento, en lo que tú crees. Comparte con tu interlocutor cómo te sientes al respecto, ponte en su lugar también. Ofrécele trabajar juntos en una solución común. Co-crea con él/ella. No significa que te salgas con la tuya, sino que continúes con la actitud que te ha hecho lograr llegar hasta este punto.

Ahora recuerda un momento en el cuál no conseguiste compartir con tu jefe lo que deseabas. ¿En qué punto te quedaste? ¿Llegaste a pensar que eras capaz de dialogar con él/ella? ¿Preparaste el momento? ¿Creaste contexto? ¿Planteaste soluciones? ¿Te mantuviste firme en tu actitud de colaboración y co-creación?

Permitidme una última reflexión…

¿Comenzó este temor a comunicarnos con nuestros superiores en la infancia con nuestros propios padres?Seguramente sí. ¿Cuántas veces no les hemos reprochado algo o compartido algún pensamiento por el temor a que nuestros padres no estuvieran de acuerdo? Me hago esta reflexión ahora mismo desde el punto de vista de madre.Consigamos que nuestr@s hij@s vivan en la creencia del diálogo, de la comprensión, del razonamiento, de buscar soluciones juntos, de colaborar, de co-crear.

Ayudémosles a adaptarse a la nueva era de la colaboración, del networking, sin temor, siendo personas fuertes, poderosas, capaces de ofrecer soluciones, alternativas, sin miedo a que no se las acepten, a que no les escuchen.

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Fuente: Carmen Fernandez Coach

Adolescentes y la Fobia Social ¿de qué se trata?

cache_2409999735Todo el mundo piensa que ser adolescente significa disfrutar a pleno de la vida social. ¿Por qué no? Entre la escuela, las fiestas y todas las actividades con amigos, de seguro que hay mucha diversión. Sin embargo, no todos los adolescentes disfrutan al participar en los eventos sociales y hasta los rechazan. Algunos incluso sienten una profunda ansiedad de ser vistos en público en situaciones cotidianas. Aquí te cuento de qué se trata esta fobia social en los adolescentes.

Juliana recuerda que cuando tenía 16 años todo el mundo le decía que dejara de ser tan tímida. Ella era callada, más bien introvertida y odiaba, sobre todas las cosas, tener que pasar delante de mucha gente. Le daba vergüenza por ejemplo, subirse a un autobús (bus, colectivo, guagua, camión) urbano y tener que caminar por el pasillo para buscar un lugar. El sentir las miradas de la gente le producía mucha ansiedad hasta el punto de hacerla sudar y sonrojarse. Por eso, su mamá recuerda que siempre supo que lo de Juliana era mucho más que timidez. En el colegio no quería participar en actividades, como teatro o danza, por el miedo a exponerse en público y ser criticada. No le gustaba ir a fiestas porque le daba pánico no saber si la iban a sacar a bailar o no.

Fue entonces cuando decidieron buscar ayuda profesional y Juliana fue diagnosticada con fobia social. Hoy, ya varios años después, Juliana agradece a su mamá que la haya llevado a esa terapia, pues es abogada litigante y su trabajo le exige hablar en público.

Como Juliana, muchos adolescentes padecen de fobia social, la cual se define como una ansiedad intensa o un miedo persistente ante un objeto, una actividad o una situación social que se evade a toda costa para evitar el estrés. Hablar en público o iniciar una conversación son las principales situaciones de las que huyen los adolescentes.

Las estadísticas indican que el promedio de edad en el que se desarrollan los síntomas de la fobia social es entre los 11 y los 19 años, es decir, durante la adolescencia.

Para identificar si tienes fobia social o si tu hijo(a) adolescente la padece, presta atención a los siguientes síntomas:

  • Sentirse observado en situaciones sociales al punto de sentir      dolor de estómago, tener el pulso acelerado, marearse y llorar.
  • Sentirse cohibido (con timidez) cuando otros observan: pensar      que todos están juzgando lo que haces.
  • Tener un temor extremo de que otros te observen.
  • Temer al qué dirán los demás.
  • Evitar iniciar conversaciones con compañeros de la clase.
  • Sensaciones físicas como sonrojarse, palpitaciones, náusea,      sudor y sentirse humillado(a).

Si piensas que tu ansiedad ante situaciones sociales es extrema hasta el punto de interferir en tu vida diaria y tu bienestar emocional, puede que tengas fobia social. Para saber si es así, debes consultar con un especialista que puede recomendarte los dos tratamientos que hay para tratar este tipo de fobia: medicamentos y terapia psicológica o terapia de comportamiento.

Los medicamentos se pueden combinar con la terapia (es lo que generalmente se recomienda) y se ha comprobado que son efectivos para tratar y eliminar los síntomas de la fobia social. En los Estados Unidos, la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) ha aprobado cuatro medicamentos específicamente para los casos de fobia social: Zoloft (Sertraline), Paxil (Paroxetine), Luvox (Fluvoxamine) y Effexor (Venlafaxine). Puede que en tu país existan con el mismo nombre o que tu médico te recomiende otros con ingredientes similares que sean igualmente efectivos (el ingrediente que se encuentra entre paréntesis es el ingrediente químico que es igual en todos los países).

Lo bueno de los medicamentos es que funcionan. Lo malo, es que sólo tratan los síntomas, en este caso no los curan y podrían causar algunos efectos secundarios. Por lo que, si se suspende su uso, los síntomas pueden regresar.  Por eso, la terapia psicológica o la terapia de comportamiento podría ser mejor a largo plazo si te funciona, ya que con algunos métodos podrías “entrenar” a tu cerebro para que le pierda miedo a las situaciones sociales que no podías enfrentar previamente.

De cualquier manera, el primer paso es identificar si padeces de fobia social para así poder tratarla y disfrutar de tu adolescencia a plenitud, (o ayudar a tu hijo(a) a   superarla).

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Fuente: (Doctora Aliza) – http://www.vidaysalud.com