El milagro de la vida, para algunos un largo viaje

Cuando me planteé en serio la maternidad no imaginaba el camino que comenzaba a transitar, un camino largo, sombrío y plagado de decepciones.

Mirando a mi entorno pensaba que más pronto que tarde estaría hecho. Con suerte en unos meses estaría en ello y con menos suerte en poco más de un año. Jamás imaginé que a ese año seguirían otros, alguna que otra desagradable prueba médica, tres ciclos de inseminación artificial y que acabaría en una larga lista de dos años de espera para acceder a un programa de fecundación in vitro en la sanidad pública, una lista de espera con tantas condiciones como para rellenar una hoja entera y en la que no tienen cabida las parejas homosexuales y la mujeres solteras. El tiempo tampoco corría a mi favor, si cumples los cuarenta te quedas fuera y el riesgo de que en cualquier momento un político caprichoso decidiera rebajar el límite de edad nos empujo a plantearnos la opción de la sanidad privada.

A lo largo de ese camino me encontré con un médico, que sin ser especialista me dijo tajantemente «no vas a tener hijos, plantéate la adopción», con multitud de personas que ante embarazos ajenos me preguntaban « ¿y tú, no te animas?», para rematarlo con un «bueno, tú tranquila, ya llegará, tienes que tener paciencia, es porque no estás relajada, cuando te relajes…» de verdad, desechemos esta pregunta de nuestras conversaciones y más aun estas respuestas, son  extremadamente dolorosas para una mujer que desea ser madre.

El tiempo siguió pasando sin embarazo y sin un diagnóstico que lo descartara, entonces comencé a llorar con cada nuevo bebé, con cada nuevo anuncio de embarazo. Yo nunca me había preocupado por la maternidad, nunca había manifestado un interés especial y sin embargo esto cada vez ocurría con más frecuencia y no era capaz de controlarlo, me sentía poseída por algo que no tenía nada que ver conmigo. Entendí que no iba nada bien el día que tuve que abandonar una fiesta porque una pareja anunció su embarazo, me marché un momento pensando en relajarme pero no fui capaz de volver. Al día siguiente tenía claro que no iba a poder sola con todo aquello (y que la gente que me rodeaba, a pesar de sus buenas intenciones tampoco podría ayudarme), así que me puse en contacto con un buen especialista y pedí ayuda, comencé entonces a transitar otro camino, un camino de aprendizaje, ilusión y confianza.

Los nacimientos se sucedían uno tras otro, cada vez había más bebés a mí alrededor, algunos incluso llegaban por  sorpresa. Sí, una mujer de mi entorno llevó a termino su embarazo sin ni siquiera saber que estaba embarazada, esto que parece una leyenda urbana no lo es, conozco una mujer (y la conozco bien), que un día se presentó en la consulta de su ambulatorio con un fuerte dolor de regla y el doctor que allí se encontraba le dijo «claro, está usted de parto». Ella, mientras empujaba para parir en la camilla de un ambulatorio, pensó que soñaba, y yo, al día siguiente mientras mi madre me lo contaba, sentí que la vida se reía de mí.

Acudí a una comida con un grupo de cinco parejas y al llegar tres de ellas anunciaron su embarazo (para algunos ya era el segundo). Sonreír y dar la enhorabuena mientras te abofetean tres veces seguidas es todo un reto. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para no marcharme.

El mismo día que mi tercera y última oportunidad de inseminación artificial fracasaba, una de mis primas anunciaba su embarazo, no fui capaz de darle la enhorabuena hasta muchos meses después. Cada noticia de embarazo caía sobre mí como una losa de mil kilos y me producía una mezcla de sentimientos encontrados, alegría y frustración que no sabía manejar.

Y había quién seguía insistiendo con los nervios «ya sabes que los nervios no son buenos…», y yo pensaba « ¿qué nervios?, estoy tan agotada que no tengo fuerzas ni para estar nerviosa».

Empecé a sentirme mejor cuando comencé a hablar abiertamente de la situación, cuando empecé a expresar libremente que deseaba ser madre y no podía, cuando empecé a explicar en que consiste la inseminación artificial, a la que me había sometido en tres ocasiones con resultado negativo, en que consiste la fecundación in vitro, el número de inyecciones que debía pincharme cada día, (nada menos que 3 inyecciones diarias que yo misma preparé y me pinché cada tarde durante 7 días en cada uno de los intentos) y que el primer intento también había fracasado, o no, porque fue éste, él que le dio la pista a mis doctoras para averiguar la posible causa de tanta decepción (que por cierto, nada tenía que ver con la paciencia o los nervios).

Quiero dar las gracias a todos aquellos que han caminado a mi lado, al principio, al igual que a mí, les costó aprender a gestionarlo, a pesar de la cercanía se sentían distantes, deseaban poder hacer algo, ayudar de alguna forma y sin embargo sentían la impotencia de no poder concretar sus deseos de una manera visible, «poder hacer algo que sirva para algo», pero poco a poco fueron aprendiendo, y han sido una compañía imprescindible; a mi hermana, que lo ha sufrido desde la distancia y que esperaba mis cartas con impaciencia, cartas cargadas de sentimientos que yo escribía y que para mi suponían un desahogo importante; y a mis padres, ellos desde luego sobresaliente desde el primer día, tal vez porque en su día, aunque de otra forma experimentaron la dificultad, lo han hecho de una forma magnífica, excelente. Y a esas parejas que habiendo transitado antes que yo por este camino, me animaron y compartieron su experiencia conmigo para darme su fuerza, y en cuyo ejemplo me apoyaba para no perder la esperanza, no les nombro por respeto a su intimidad, pero ellos saben a quienes me refiero.

Mi marido, en este camino tan difícil de transitar emocionalmente, lleno de baches, caídas, llantos y decepciones, fue poco a poco aprendiendo a manejar mis emociones (además de cargar con las suyas), ardua tarea que aprendió hasta el punto de que cada vez que yo me caía, él me devolvía la ilusión, cada vez que me flojeaban las fuerzas, él era fuerte por los dos y lejos de alejarnos, toda esta experiencia nos ha hecho más fuertes, nos ha unido aun más. Te amo porque reflexionas y siempre das con la fórmula, porque siempre tienes un bote de salsa extra para mí.

Muchas mujeres siguen insistiéndome en la paciencia porque el embarazo se hace muy largo, y yo pienso que tal vez ellas tengan mucha experiencia con la maternidad, pero paciencia… yo sé lo que es esperar durante 15 días un mes tras otro durante años, para que el resultado siempre fuera el mismo, decepción; y el mes siguiente repetir de nuevo, dejar pasar los días hasta que la frustración casi se olvida y entonces toca empezar de nuevo y otra vez, «Zas! en toda la boca». Paciencia, sobre paciencia yo tengo un master (o dos).

Hay quién me dice «lo ves, al final todo llega», pero no, yo sé que no es cierto, y si no, que se lo digan a todas esas  parejas que siguen en el camino inmersos en largos y complejos procesos de adopción No, sé que no todo llega y por ese motivo cada día doy gracias a la vida por haberme concedido este deseo (no son pocos los días en que sigo llorando de la emoción) y a la ciencia por haberlo materializado; no permitamos que nuestros mejores científicos y técnicos se marchen porque de verdad que los necesitamos, sin ellos nada de esto habría sido posible.

Hablo de esto porque creo que hay demasiado silencio y hablar de ello abiertamente fue lo que en mi experiencia me llevó a sentir mejor, desde aquí quiero decir a cualquier mujer que esté pasando por algo así que puede contar conmigo y mi experiencia, que sé como se siente y que luche hasta donde crea que va a poder llevar sus fuerzas, pero que durante ese periodo trate por todos los medios de no perder la ilusión, esta es una carrera de fondo y como ya he dicho, es cierto que no todo llega, pero sólo el que no se rinde mantiene sus opciones de victoria; un reto difícil, lo sé, pero también sé que en este momento tengo una fortaleza que no tenía antes, yo misma me sorprendí de mi enorme capacidad para superar la tremenda decepción que supuso el primer ciclo de in vitro.

Aún queda mucho por caminar, pero de momento disfrutemos con alegría de este regalo y soñemos con la nueva y hermosa vida que está por llegar.

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Aportación de Colaboradores : Mónica Lopez

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